lunes, 5 de noviembre de 2012

El peor libro que hayas leído jamás

Hemos hablado de libros buenos, de libros originales, de libros difíciles, de libros de fantasía, de ciencia ficción, policiacos… en resumen, aquí en Lecturalia hablamos de muchos libros que nos llaman la atención por una razón u otra. Y es lógico que no dediquemos mucho tiempo a aquellas obras que consideramos que no merecen la pena (con algunas pequeñas excepciones, como podréis constatar gracias a la reseña de Cincuenta sombras de Grey). Pero como lectores en general, ¿por qué pensamos que un libro no es digno de leerse? ¿Por qué nos producen algunos títulos verdadera urticaria, o incluso vergüenza ajena? ¿Qué es lo que hace que un libro sea malo?

En el fondo recibimos poca educación acerca de lo que es mala literatura; en el colegio, en el instituto y en la universidad trabajamos y desarrollamos nuestro criterio basándonos en textos canónicos, aquellos con una calidad más o menos reconocida. Muchos incluso argumentarán que la mala literatura no existe y que toda lectura es positiva. Y me veo obligada a insistir en que al hablar de mala literatura el lector medio no suele referirse a libros que ofrecen temáticas que no son de su gusto, sino que suele objetar en cuanto a la técnica, ya sea en el contenido o en la forma.

En cuanto al contenido de una obra, el mayor defecto que puede presentar un libro es el de la incoherencia. Y no hablamos de una incoherencia realizada a propósito, en aras de la innovación y la vanguardia (tal como puede encontrarse a menudo en la poesía), sino de la que surge de la prisa, la falta de experiencia o simplemente de la pereza. Algunos de los casos son más evidentes (un personaje que cambia de nombre a lo largo del texto por despiste del autor, por ejemplo) otros se manifiestan en acciones y entornos poco creíbles, que rompen por completo el pacto narrativo, ese contrato de credibilidad que se establece entre el lector y el autor. Así, surgen protagonistas que se nos describen de un modo pero actúan de otro; guerras de 1810 con armas de 1890; personajes que regresan de la muerte sin explicación ni un porqué; arcos argumentales que parecen insultar a la inteligencia del lector.

Otro de los problemas fundamentales de la mala literatura es el uso y abuso de tópicos, que pueden abundar tanto en el fondo como en la forma: ¿cuántas veces habéis leído aquello de blanca como la nieve? Pocas cosas hay tan irritantes en una novela como una frase hecha o una metáfora que ya habéis leído en un millón de libros, por no hablar del uso de tramas de lo más reconocibles: si al principio de una obra tienes ya muy claro cómo va a terminar, es posible que el libro no merezca mucho la pena (a no ser que el autor juegue con tus expectativas, o utilice una trama predecible para concentrarse de manera diferente y original en otros aspectos de la obra). Los estereotipos también deben evitarse: los personajes planos y predecibles no convencen a nadie. El mal escritor también es un escritor redundante: explica puntos de la narración una y otra vez (como si el lector fuese un niño de cinco años), utiliza pleonasmos y epítetos del todo innecesarios, nos acribilla con un estilo recargado repleto de palabras que aportan poco al texto. En resumen, crea ruido que hace que la lectura sea tediosa e intrascendente.

Estos son tan solo algunos pequeños apuntes de lo que hace que una obra sea técnicamente imperfecta, algunas cuestiones que van más allá del terreno subjetivo y entran de manera directa en el ámbito de la crítica objetiva. Pero seguro que a vosotros se os ocurren muchísimos más: ¿cuál es, en vuestra opinión, el peor defecto que puede tener un libro?
 

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