sábado, 19 de septiembre de 2026

El golpe que inauguró 18 años de proscripción peronista: bombas en Plaza de Mayo, una alianza rota y la guerra civil que no fue***


Se cumplen 71 años de la Revolución Libertadora, cuando una conspiración que venía de antes, sumó sotanas, cuarteles y comandos clandestinos para forzar la salida del gobierno constitucional del General Perón. Entre amenazas navales y combate urbano en Córdoba, el Presidente decidió suspender la lucha armada para evitar una guerra civil. “Entre el tiempo y la sangre, prefiero el tiempo”, le dijo a su asistente

El 16 de septiembre de 1955 un sector de las Fuerzas Armadas se sublevó contra el gobierno constitucional de Juan Domingo Perón. La Marina amenazó con bombardear las destilerías de La Plata y Dock Sud y atacar nuevamente a la población civil. En Córdoba, tropas rebeldes, comandos civiles armados y fuerzas leales combatían en las calles. Perón tenía fuerzas suficientes para continuar la lucha, pero decidió detenerla para evitar una guerra civil. Tres meses antes, el país había conocido hasta dónde podían llegar los golpistas: el 16 de junio aviones navales habían arrojado catorce toneladas de bombas sobre Buenos Aires y asesinado a más de trescientas personas

La autodenominada Revolución Libertadora no fue un hecho inesperado. Fue el resultado de una conspiración política, eclesiástica, civil y militar que se preparó durante meses y tuvo antecedentes de violencia desde 1953. Derrocó a un presidente elegido en 1951 con el 63,5 por ciento de los votos, disolvió el Congreso, intervino las provincias y los sindicatos, prohibió el peronismo y persiguió a sus militantes. Con el golpe comenzó una proscripción que duraría dieciocho años y condicionaría la vida política argentina durante décadas.

UNA ALIANZA QUE TERMINÓ EN ENFRENTAMIENTO

La Iglesia católica en 1946 había acompañado el ascenso de Peron al poder. Existía un amplio campo de coincidencias. El peronismo se inspiraba en la Doctrina Social de la Iglesia y proponía una tercera posición frente al individualismo capitalista y el colectivismo comunista. En diciembre de 1945, una carta pastoral del Episcopado desaconsejó votar a los partidos que sostenían la separación entre la Iglesia y el Estado, una definición que favoreció a Perón frente a la Unión Democrática.

El gobierno cumplió además una antigua aspiración eclesiástica. En 1947, la ley 12.978 estableció la enseñanza católica en las escuelas públicas, con instrucción moral para los alumnos cuyos padres profesaran otra religión. Evita apoyó públicamente la medida y mantuvo una relación cercana con el sacerdote jesuita Hernán Benítez, que la acompañó hasta su muerte.

Sin embargo, desde 1952 la relación comenzó a resquebrajarse. Hubo causas políticas, sociales y religiosas. Sectores conservadores de la Iglesia miraban con rechazo la movilidad social que había producido el peronismo. La revista católica Criterio llegó a describir a las masas peronistas como “gentuza” y “hato animal”, y sostuvo que la dignificación popular no dependía de tener lavarropas, cocina a gas o acceso al cine. El recelo también creció frente a la devoción popular por Evita, la expansión de la Unión de Estudiantes Secundarios y la disputa por la organización de trabajadores y jóvenes. En 1954 la Iglesia respaldó la formación del Partido Demócrata Cristiano, que Perón interpretó como un instrumento político opositor.

El gobierno respondió con dureza. En noviembre de 1954 Perón acusó públicamente a sacerdotes y organizaciones católicas de conspirar. Luego se suprimió la enseñanza religiosa, se eliminaron subsidios a instituciones confesionales, se redujeron feriados religiosos y se clausuró el diario católico El Pueblo. A ello se sumaron las leyes de divorcio vincular y de profilaxis social. El conflicto, que podía haberse contenido, se convirtió en una confrontación abierta.

Esa nueva situación permitió reunir bajo una misma bandera a sectores que tenían poco en común: conservadores, radicales, socialistas, comunistas, nacionalistas y grupos católicos. Félix Lafiandra hijo, protagonista y recopilador de los panfletos opositores, reconocería después que los católicos comprendieron que la campaña religiosa podía generar un descontento amplio y resolvieron emprender “una lucha a muerte contra la tiranía”. Según su propia descripción, consiguieron que la oposición pasara de una actitud estática a una “oposición dinámica” y crearon el clima que condujo al derrocamiento.

LOS COMANDOS CIVILES Y LA PREPARACIÓN DE LA VIOLENCIA

La violencia antiperonista no comenzó en 1955. El 15 de abril de 1953 estallaron dos bombas durante una concentración sindical en Plaza de Mayo. Murieron seis personas y noventa resultaron heridas, algunas mutiladas. Los artefactos habían sido colocados por un grupo de jóvenes opositores vinculados al ambiente universitario. Meses después, otro núcleo preparó la llamada Operación Bebé: un atentado para matar a Perón mediante un vehículo cargado con explosivos.

En ese ambiente nacieron los comandos civiles. Fueron organizaciones clandestinas con estructura celular, responsables de grupo, nombres falsos, sistemas de citas e imprentas ocultas. Sus integrantes recibían instrucción en armas, explosivos, sabotaje y corte de comunicaciones. Provenían principalmente de familias de clase media y alta, colegios católicos y universidades. Los apadrinaban oficiales antiperonistas que les suministraban armas y entrenamiento, mientras sectores del poder económico colaboraban con su financiamiento.

Se veían a sí mismos como los maquis de la resistencia francesa contra el nazismo. La comparación no era casual. Desde 1945 buena parte de los estudiantes, intelectuales y profesionales había interpretado al peronismo como una prolongación local del fascismo europeo. En nombre de una imaginaria liberación de París en Buenos Aires, aceptaron combatir a un gobierno constitucional y eligieron como aliados a los sectores que querían restaurar el país anterior a 1943.

El conflicto con la Iglesia multiplicó su capacidad de movilización. Los grupos católicos organizaron redes para imprimir y distribuir miles de volantes, custodiar templos, intervenir en manifestaciones y enviar propaganda a los militares. Uno de sus organizadores fue el hermano marista Septimio Walsh, recordado por sus camaradas como “el rey del mimeógrafo clandestino”.

Los panfletos comenzaron como una prensa opositora frente al control gubernamental de los medios. Es necesario decirlo: la política de acallar voces críticas no fue inteligente. Años después Perón resumiría aquella paradoja: “Con toda la prensa en contra ganamos, y con toda la prensa a favor nos derrocaron”. Pero esos escritos pronto dejaron de ser simples instrumentos de denuncia y se convirtieron en manuales de acción violenta.

En marzo de 1955 ya llamaban a reunir armas, formar grupos por manzana y preparar fuego cruzado. Un texto ordenaba: “Defender casa por casa, calle por calle, templo por templo. Tirar sin asco a matar”. El periódico clandestino Verdad enseñaba incluso a fabricar bombas molotov. Otros volantes estaban dirigidos especialmente a oficiales y soldados para convencerlos de rebelarse.

EL 16 DE JUNIO Y LAS BOMBAS SOBRE BUENOS AIRES

El mediodía del 16 de junio de 1955, Radio Mitre fue ocupada por comandos civiles y difundió una proclama escrita de antemano: “El tirano ha muerto. Nuestra patria desde hoy es libre. Dios sea loado”. Perón no había muerto. Quienes morían eran empleados, estudiantes, pasajeros de colectivos y transeúntes sorprendidos por las bombas en pleno centro de Buenos Aires.

El ataque comenzó a las 12.40. Veintiocho aviones de la Aviación Naval descargaron alrededor de catorce toneladas de explosivos sobre la Casa Rosada, Plaza de Mayo y distintos puntos de la ciudad. Una bomba cayó sobre un trolebús y mató a decenas de pasajeros. También fueron atacados el Departamento de Policía, la CGT y la residencia presidencial, ubicada donde hoy se levanta la Biblioteca Nacional. Los pilotos ametrallaron desde el aire a civiles que circulaban por las calles o se acercaban al centro.

El objetivo declarado era matar a Perón y a todo su gabinete. Pero para asesinar al Presidente no era necesario bombardear una ciudad abierta. La verdadera intención era producir un hecho espectacular que destruyera la voluntad de resistencia de millones de trabajadores. Los comandos civiles pintaban una V con una cruz y la consigna Cristo Vence. La utilización de ese símbolo mostraba cuánto se había mezclado la disputa religiosa con la conspiración militar.

El Archivo Nacional de la Memoria identificó 308 muertos y advirtió que debía agregarse un número incierto de cuerpos imposibles de reconocer por las mutilaciones y la carbonización. Hubo además centenares de heridos. Entre los participantes del levantamiento aparecen nombres que reaparecerían en otros golpes y en la dictadura iniciada en 1976: Emilio Massera, Guillermo Suárez Mason, Osvaldo Cacciatore y Oscar Montes, entre muchos otros.

Esa noche fueron incendiados la Curia y varios templos del centro porteño. Nada justifica la profanación y quema de iglesias. También es necesario recordar que Perón había pedido por radio que los trabajadores volvieran a sus casas y no respondieran a la provocación. Sin embargo, el relato posterior consiguió invertir el orden de los acontecimientos. Durante décadas se habló mucho más de “la quema de las iglesias” que del bombardeo que había dejado más de trescientas víctimas unas horas antes.

Los panfletos opositores llegaron a responsabilizar a Perón y a la CGT por la matanza. Sostuvieron que el gobierno debía haber evacuado la ciudad, aunque la Marina no había enviado ningún ultimátum ni advertido que bombardearía. La acusación ocultaba el dato esencial: quienes arrojaron bombas de cien kilos y dispararon contra civiles fueron aviadores argentinos. Después del fracaso huyeron a Uruguay, donde fueron recibidos y asistidos como héroes.

Perón habló esa misma tarde y pidió serenidad: “Para no ser nosotros criminales como ellos, les pido que estén tranquilos, que cada uno vaya a su casa. La lucha debe ser entre soldados y no quiero que muera un solo hombre más del pueblo”. Esa frase explica buena parte de su conducta durante los noventa días siguientes

ENTRE LA CONCILIACIÓN Y LA AMENAZA

El bombardeo afectó profundamente a Perón. El general Franklin Lucero recordó que al día siguiente el Presidente planteó por primera vez su intención de alejarse del poder. Durante los meses siguientes osciló entre el llamado al diálogo, la decepción ante las conspiraciones militares y los discursos duros destinados a contener a una base popular que reclamaba una respuesta más firme.

El 30 de junio renovó gran parte del gabinete y desplazó a funcionarios identificados con la confrontación. Luego anunció una tregua política y ofreció acceso a la radio a dirigentes opositores. Arturo Frondizi utilizó ese espacio para pronunciar un discurso severo contra el gobierno. Perón buscaba descomprimir el conflicto; los conspiradores interpretaron cada concesión como una señal de debilidad.

El 31 de agosto, ante una multitud reunida en Plaza de Mayo, abandonó el tono conciliador y pronunció su frase más desafortunada: “A una acción violenta le contestaremos con otra más violenta. Y cuando uno de los nuestros caiga, caerán cinco de ellos”. La amenaza fue utilizada durante décadas como prueba de una supuesta decisión represiva. Sin embargo, la concentración terminó en calma y en los días posteriores no se registró ningun acto violento por parte de militantes peronistas.

La CGT ofreció trabajadores como reservistas del Ejército. No proponía crear una fuerza paralela, sino convocar a quienes habían cumplido el servicio militar y legalmente integraban la reserva. Lucero agradeció el ofrecimiento, pero el Poder Ejecutivo nunca lo hizo efectivo. A esa altura, el sostén principal del gobierno seguía siendo la clase trabajadora organizada y una parte del Ejército. La Marina, sectores de la Aeronáutica, oficiales del Ejército, la oposición política, grupos católicos y los comandos civiles ya estaban comprometidos con el golpe

CÓRDOBA Y LA GUERRA CIVIL QUE NO FUE

La sublevación comenzó el 16 de septiembre. En Córdoba, el general Eduardo Lonardi encontró apoyo en grupos civiles armados. Entre 1.500 y 3.000 jóvenes participaron en acciones contra las fuerzas leales y la policía. Muchos habían sido formados en colegios y asociaciones católicas. El sacerdote Quinto Cargnelutti fue uno de sus referentes; testimonios de la época lo ubican distribuyendo armas en la iglesia del Pilar.

Los comandos ocuparon posiciones, actuaron como francotiradores y colaboraron con las unidades rebeldes. Llevaban brazaletes blancos y armas de todo tipo. Sus protagonistas se pensaban como una “juventud blanca” que salvaba a la sociedad de la decadencia. Detrás de esa imagen heroica también había un profundo desprecio social, era una guerra contra “los negros peronistas” y algunos se jactaron de “ver su sangre correr por las veredas de Córdoba”.

Las tropas leales comandadas por el general Iñíguez avanzaron sobre la ciudad. El 18 de septiembre habían tomado la estación ferroviaria y Alta Córdoba y se preparaban para atacar el centro de la ciudad. Disponían de fuerzas suficientes para derrotar la sublevación, pero el combate urbano podía convertir Córdoba en un río de sangre y causar la muerte de centenares de civiles mal armados, la mayoria de ellos estudiantes secundarios y universitarios.

Al mismo tiempo, la Marina bombardeó Mar del Plata y amenazó atacar la destilería de La Plata, Dock Sud y sectores de Buenos Aires. Los jefes leales informaron a Perón que la situación militar aún era favorable. El Presidente recordó el horror de la Guerra Civil Española que costo un millon de muertos y sostuvo que no aceptaría la destrucción de ciudades y la muerte de miles de argentinos para defender su cargo. Aplicó su doctrina: primero la Patria, después el Movimiento y por último los hombres.

Ordenó detener la lucha y regresar a los cuarteles. El 19 de septiembre le dijo a su ayudante, el mayor Máximo Cialceta: “Entre el tiempo y la sangre, prefiero el tiempo. Si hemos sido malos no volveremos, pero si hemos sido buenos vamos a volver”. No fue una rendición personal ante una derrota militar, sino la decisión de evitar una guerra civil cuyo desenlace nadie podía prever.

Sus enemigos lo acusaron de cobardía. Meses después, Perón le respondió a Pedro Eugenio Aramburu desde el exilio: “Para usted, hacer matar a los demás en defensa de la propia persona y de las propias ambiciones es una acción distinguida de valor. Para mí, el valor no consiste, ni consistirá nunca, en hacer matar a los otros. (…) Si tiene dudas sobre mi valor personal, que no consiste como usted supone en hacer que se maten los demás, el País tiene muchas fronteras; lo esperaré en cualquiera de ellas para que me demuestre que usted es más valiente que yo. Lleve sus armas, porque el valor a que me refiero, sólo se demuestra frente a otro hombre y no utilizando las armas de la Patria para hacer asesinar a sus hermanos. Y sepa para siempre que el valor se demuestra personalmente y que, por ser una virtud, no puede delegarse. Hágalo, sólo así me podría probar que no es la gallina que siempre conocí“La historia demostraría que los vencedores no tuvieron la misma consideración por la sangre ajena.

LA LIBERTAD DE LOS VENCEDORES

El golpe se presentó como una cruzada destinada a restaurar la República. Sus primeras medidas mostraron otro propósito. El gobierno constitucional fue reemplazado por una dictadura; el Congreso y las legislaturas fueron disueltos; las provincias, universidades y sindicatos quedaron intervenidos. Miles de funcionarios y docentes fueron cesanteados. Se persiguió, encarceló y torturó a militantes y dirigentes sindicales.

El decreto 4161 de 1956 prohibió mencionar a Perón y Evita, exhibir sus imágenes, cantar la marcha peronista o utilizar los símbolos del movimiento. El cadáver de Eva Perón fue secuestrado y ocultado. En junio de 1956, el levantamiento encabezado por el general Juan José Valle fue reprimido con fusilamientos militares y ejecuciones clandestinas de civiles. La mal llamada Libertadora inauguró así un sistema político que pretendía construir una democracia sin la fuerza electoral mayoritaria.

También modificó el rumbo económico. La Argentina ingresó al Fondo Monetario Internacional y al Banco Mundial, se devaluó la moneda, se deterioraron los salarios y se desmontaron instrumentos del Estado creados para orientar el comercio y la producción. La frase atribuida al contralmirante Arturo Rial frente a dirigentes municipales resume el espíritu social de muchos vencedores: “La Revolución Libertadora se hizo para que en este bendito país el hijo del barrendero muera barrendero”.

No todos los opositores de 1955 mantuvieron luego las mismas posiciones. Muchos jóvenes católicos, radicales, socialistas y universitarios que participaron en la agitación antiperonista terminaron acercándose al peronismo o enfrentando las dictaduras posteriores. Algunos sufrieron en sus propias familias el terrorismo de Estado. Ese recorrido obliga a evitar explicaciones fáciles: la historia está hecha por hombres y mujeres que cambian, revisan sus ideas y también padecen las consecuencias de los mecanismos que ayudaron a poner en marcha.

El golpe de 1955 no resolvió la grieta argentina. La agravó. Al proscribir al peronismo cerró la vía electoral para millones de ciudadanos y alimentó dieciocho años de resistencia, conspiraciones militares y creciente violencia política. Quienes dijeron venir a restaurar la democracia inauguraron una época en la que las Fuerzas Armadas se atribuyeron el derecho de decidir qué gobiernos y qué ciudadanos podían participar de ella.

Perón eligió el tiempo antes que la sangre. Dieciocho años después regresó al país y volvió a ser elegido presidente. Buscó entonces cerrar la vieja fractura y se reconcilió con adversarios como Arturo Frondizi, Oscar Alende, Vicente Solano Lima y Ricardo Balbín.

La lección de 1955 sigue siendo incómoda y necesaria: ninguna diferencia política justifica bombardear al propio pueblo, derrocar un gobierno elegido ni excluir de la vida pública a una mayoría. Cuando una parte de la sociedad pretende borrar a la otra, la libertad que proclama termina convertida en proscripción y violencia.

***Por Aldo Duzdevich  


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jueves, 17 de septiembre de 2026

QUÉ PIENSAN LOS ARGENTINOS DE LA IA: 1 de cada 3 no sabe si eliminará empleos y los mayores de 50 son los que más temen ##

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Pew Research Center relevó 37 países: solo el 26% de los argentinos escuchó mucho sobre la tecnología y la duda pesa más que el miedo

El 47% de los argentinos cree que la inteligencia artificial va a reducir la cantidad de empleos en los próximos 20 años, el 8% espera que los aumente y el 33% no sabe qué esperar.

Los datos son de Pew Research Center, la referencia en encuestas de opinión pública de Estados Unidos, que publicó este jueves 17 de septiembre su relevamiento sobre IA en 37 países. Argentina entra como país de ingreso medio, según la clasificación del Banco Mundial que usa el informe.

Su nivel de miedo al empleo queda entre la mediana de ese grupo, 36%, y la de los países de ingreso alto, 55%. Lo que distingue a Argentina no es el temor: es la duda.

La duda pesa más que el miedo

Uno de cada tres argentinos no sabe qué va a pasar con el empleo. En la pregunta sobre desigualdad, la indecisión trepa al 46%: el 23% cree que la IA va a ampliar la brecha entre ricos y pobres, el 3% que la va a achicar y el 28% que no va a cambiar mucho.

Ese 46% está entre los más altos de la encuesta, en la misma franja que Colombia (49%) y México (48%). En ningún país del estudio, más de uno de cada cuatro espera que la IA reduzca la desigualdad. En Argentina, esa esperanza la comparte apenas el 3%

Pocos argentinos escucharon mucho sobre inteligencia artificial

La duda tiene una explicación en el propio informe: solo el 26% de los argentinos escuchó o leyó mucho sobre inteligencia artificial. El 43% escuchó un poco y el 30%, nada. La mediana de los 37 países es 31%. España está en 35%, Chile en 31%, Colombia en 30%, Perú en 29%. Solo México, con 23%, queda más abajo entre los países de habla hispana.

Pew señala que en muchos países las personas menos informadas son las más propensas a responder que no saben. Argentina encaja: poca información, mucha indecisión.

Los jóvenes saben y los mayores temen

La información está repartida por edad. El 42% de los argentinos de 18 a 34 años escuchó mucho sobre IA, contra el 25% de los de 35 a 49 y el 11% de los mayores de 50. Una distancia de 31 puntos entre los extremos.

El miedo va en sentido inverso. El 24% de los jóvenes se declara más preocupado que entusiasmado por el avance de la IA en la vida diaria; entre los mayores de 50, el 45%. Esa diferencia de 21 puntos está entre las seis mayores de los 37 países, junto con Italia, Hungría, Grecia, Países Bajos y Francia.

El patrón es distinto al de Estados Unidos, donde los adultos menores de 35 pasaron del 40% al 55% de preocupación desde 2024 y ya igualan a los mayores. En Argentina, el joven que más usa la herramienta es el que menos la teme

Pew agrega que los argentinos mayores también son más propensos que los jóvenes a creer que la IA va a ampliar la brecha entre ricos y pobres, un patrón que solo comparten Chile, Hungría, Italia y Perú. El informe no publica la cifra.

Cuanta más información, menos preocupación

El cruce más claro es el que une información y sentimiento. Entre los argentinos que escucharon poco o nada sobre IA, el 39% está más preocupado; entre los que escucharon mucho, ese miedo baja al 28%. El entusiasmo sube del 8% al 21%, y los que sienten las dos cosas a la vez pasan del 41% al 49%.

Pew marca los tres movimientos como estadísticamente válidos. En el total del país, el 36% se declara preocupado, el 43% siente entusiasmo y preocupación al mismo tiempo y el 11% se inclina al entusiasmo.

La ideología también mueve la lectura. En la pregunta sobre desigualdad, el 31% de quienes se ubican a la izquierda cree que la IA va a ampliar la brecha, contra el 20% de la derecha. Argentina es uno de los ocho países, sobre 28 medidos, donde Pew registra esa diferencia.

Cómo queda Argentina frente al resto del mundo

En 34 de los 37 países, más gente espera menos empleos que más. La mediana global es 46% contra 9%, con un 25% que no sabe. Entre los hispanohablantes, Perú lidera con 57%, seguido por España con 54% y Chile con 53%; Colombia marca 45% y México 44%. Estados Unidos, 71%.

El problema argentino con la inteligencia artificial no es el miedo. Es que la mitad del país todavía no tiene con qué formarse una opinión, y la mitad que sí la tiene son los menores de 35.

## Por Opy Morales /INFOBAE



lunes, 14 de septiembre de 2026

​Escocia, Gales e Irlanda del Norte buscan su independencia y eso podría implicar “EL FIN DEL REINO UNIDO”

Los líderes nacionalistas tres de las  cuatro regiones británicos firmaron un memorando para su independencia. Qué puede pasar y el impacto en el tema Malvinas.
John Swinney, Rhun ap Iorwerth y Michelle O’Neill firmaron en Cardiff una declaración conjunta en la que sostienen que “ningún gobierno de Westminster” tiene derecho a frenar la democracia. Dijeron que el porvenir de sus naciones está en la Unión Europea

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sábado, 5 de septiembre de 2026

Las TECNOLOGÍAS Mecanicas de la INFORMACIÓN y las BIBLIOTECAS antes de la DIGITAL***

Cuando la información empezó a desbordarlo todo

En las primeras décadas del siglo XX, las bibliotecas empezaron a experimentar una presión inédita: la producción de conocimiento científico crecía a un ritmo que las prácticas tradicionales de catalogación, registro y recuperación no podían sostener. Los procesos manuales, que habían sido suficientes durante siglos, empezaron a ser insuficientes frente a la avalancha de libros, artículos, informes, patentes y documentos técnicos. Las bibliotecas estaban en un punto crítico: conservar la eficiencia significaba reinventarse.

Intelectuales como L. T. Hobhouse (1864–1929) declaraban que la humanidad estaba a punto de “ahogarse en su propio océano de información”, una frase que se sentía con fuerza en un mundo donde cada disciplina multiplicaba sus publicaciones. Este clima de urgencia abrió las puertas a soluciones que, hasta entonces, parecían ajenas a las bibliotecas: la inclusión de máquinas, sistemas mecánicos, dispositivos ópticos, tarjetas perforadas y microfilms. En un contexto donde la mecanización de oficinas, bancos y gobiernos avanzaba con rapidez, las bibliotecas se convirtieron en el siguiente laboratorio de transformación tecnológica.

La mecanización bibliotecaria —un capítulo poco conocido, pero sumamente revelador— fue el puente entre la tradición documental del siglo XIX y la cultura digital que hoy nos es cotidiana. En estas décadas se sembraron conceptos como “procesamiento de datos”, “catálogos automatizados” y “recuperación de información”, que luego darían paso a los sistemas integrados, los OPAC y las bases de datos en línea. Recordemos esta interesante historia, anterior a la automatización de las bibliotecas.

Herman Hollerith y la tarjeta perforada: el comienzo del procesamiento bibliográfico

El verdadero punto de quiebre ocurrió gracias a Herman Hollerith (1860–1929), un ingeniero que observó en un tren la forma en que los revisores marcaban los boletos para identificar características de los pasajeros. Ese pequeño gesto cotidiano inspiró la creación de un sistema de almacenamiento y procesamiento de datos mediante tarjetas perforadas. En 1890, su máquina fue implementada por la Oficina del Censo de Estados Unidos y logró procesar los datos en tiempo récord, pasando de ocho años (en el censo de 1880) a solo uno.

Este éxito convirtió a la tarjeta perforada en el primer gran estándar de procesamiento mecánico de información. La idea era simple: cada perforación representaba una variable; miles de tarjetas podían manipularse a través de máquinas clasificadoras, contadoras o tabuladoras. La producción masiva de datos —incluyendo datos bibliográficos— se volvió manejable con la incursión de tecnologías de la información.

En este contexto, las bibliotecas reconocieron el potencial de estas tecnologías. El uso bibliotecario de las tarjetas perforadas comenzó de forma experimental, pero rápida. En 1934, la Biblioteca Pública de Boston las adoptó como el sistema para gestionar su inventario y circulación. Pronto la siguieron las bibliotecas de las universidades de Harvard, Texas y Minnesota, que encontraron en esta tecnología una forma sistemática de registrar préstamos, movimientos de materiales, estadísticas y adquisiciones.

Las tarjetas permitieron automatizar operaciones que consumían tiempo valioso del personal bibliotecario. Tareas como contar préstamos, reorganizar listas de revistas o generar informes anuales se volvieron casi instantáneas con la ayuda de las máquinas. Esta mecanización liberó a los profesionales para labores intelectuales: referencia, orientación al lector, selección de materiales, catalogación avanzada.

En el Reino Unido, bibliotecarios innovadores como T. E. Callander probaron sistemas similares en bibliotecas públicas, especialmente en las décadas posteriores a la Segunda Guerra Mundial. Muchos de estos experimentos estuvieron asociados al auge de la Ciencia de la información a mediados del siglo XX, disciplina que integraba documentación, mecanización y gestión del conocimiento.

Aunque hubo algo de resistencia —algunos consideraban estas máquinas demasiado “burocráticas”—, también aumentó la conciencia de que las bibliotecas del futuro necesitarían herramientas mecánicas para seguir cumpliendo su función social.

El Microfilm: la revolución silenciosa que prometió una biblioteca sin límites

Mientras las tarjetas perforadas mecanizaban procesos, el microfilm ofrecía algo aún más ambicioso: la posibilidad de multiplicar, preservar y transportar colecciones enteras en un formato compacto. Aunque su origen se remonta al siglo XIX, fue en la década de 1920 cuando la microfilmación comenzó a transformarse en una herramienta documental decisiva.

Las máquinas Recordak, de Kodak, introducidas en 1928, permitieron fotografiar miles de páginas con una rapidez nunca vista. Las bibliotecas comenzaron a microfilmar periódicos, documentos valiosos y colecciones especiales para evitar su deterioro. Para muchos, era como “encapsular la memoria” en una película.

Watson Davis (1896–1967), fundador del American Documentation Institute, imaginó un mundo donde los documentos científicos circularían globalmente en forma de microfilms. Para lograrlo, propuso una red internacional —una especie de proto-internet documental— que permitiría a científicos y bibliotecarios acceder a investigaciones sin depender de la distancia física.

Durante la Segunda Guerra Mundial, esta visión adquirió un nuevo sentido: instituciones como el Aslib microfilmaron revistas científicas europeas para evitar interrupciones en el flujo de conocimiento. El microfilm, además de ahorrar espacio, se convirtió en un arma intelectual frente a la devastación bélica. En la actualidad se sigue utilizando, aunque ya hayan incursionado otro tipo de tecnologías, incluso las digitales, en las bibliotecas.

Vannevar Bush y el Rapid Selector: el sueño precursor del hipertexto

Entre los visionarios que marcaron esta etapa destaca Vannevar Bush (1890–1974), ingeniero, científico y asesor del gobierno estadounidense. Bush desarrolló el Rapid Selector, una máquina que buscaba combinar tarjetas perforadas y microfilm mediante células fotoeléctricas. Su meta era crear un dispositivo capaz de recuperar información de manera semiautomática, encontrando patrones y relaciones entre documentos.

Aunque la máquina resultó demasiado compleja para su época, su importancia radica en sus ideas. En 1945, Bush publicó también el ensayo “As We May Think”, donde imaginó el Memex, un escritorio mecánico-electrónico capaz de almacenar millones de documentos microfilmados y organizarlos mediante “rutas de asociación”. Era, en esencia, un antecedente conceptual del hipertexto, los enlaces web y la navegación digital.

Bush no solo anticipó la informática documental: articuló filosóficamente la necesidad de herramientas que permitieran al ser humano gestionar el conocimiento creciente.

El legado de estas tecnologías en preparación del camino hacia la era digital.La mecanización previa al computador no fue un episodio aislado. Entre tarjetas, microfilms y máquinas clasificadoras, las bibliotecas aprendieron por primera vez a:

Pensar en términos de datos y procesos;Sistematizar flujos documentales;

Separar el “contenido” del “soporte”;

Imaginar el conocimiento como algo que podía procesarse, recuperarse y reorganizarse.

Cuando los computadores aparecieron en los años cincuenta y sesenta, las bibliotecas ya tenían décadas de experiencia en mecanización. Los modelos conceptuales ya existían; solo faltaba el poder computacional.

Las tarjetas perforadas dieron paso a los registros electrónicos.

El microfilm inspiró la digitalización y los repositorios digitales.

El Memex inspiró la web, el hipertexto y la arquitectura de la información.

No obstante, la mecanización no sustituyó la esencia del oficio bibliotecario; la amplificó. Permitió a los profesionales liberarse de tareas repetitivas y centrar su energía en la mediación cultural, la alfabetización informacional y la organización intelectual del conocimiento.

Hoy, en plena era digital, las tarjetas perforadas y el microfilm pueden parecernos arcaicos, pero representan un capítulo crucial de la historia de la información: fueron las primeras herramientas que intentaron responder a la pregunta que aún nos acompaña: ¿cómo gestionar un mundo donde la información no deja de crecer?

Definitivaemnte, sin la mecanización del siglo XX, las bibliotecas digitales actuales serían impensables.

Fuentes consultadas

Black, A. (2007). Mechanization in libraries and information retrieval: Punched cards and microfilm before the widespread adoption of computer technology in libraries. Library History, 23(4), 291–299.

Buckland, M. (1996). Documentation, information science, and library science in the USA. Information Processing & Management, 32(1), 63–76*.

Rayward, W. B. (1975). The universe of information: The work of Paul Otlet for documentation and international organisation. Moscow: All-Union Institute for Scientific and Technological Information.

Nyce, J. M., & Kahn, P. (1991). From Memex to hypertext: Vannevar Bush and the mind’s machine. Boston: Academic Press.

Day, R. (2014). The modern invention of information: Discourse, history, and power. Southern Review, 47(2), 18–34.

***Wilmer Arturo Moyano Grimaldo



Son ARGENTINAS: Las Islas Malvinas , Georgias y Sandwich del Sur....



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domingo, 23 de agosto de 2026

FELIPE VALLESE:El secuestro y asesinato bajo tortura del militante peronista , el primer desaparecido por razones políticas de la Argentina

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Poco antes de la medianoche del 23 de agosto de 1962, FELIPE VALLESE, de 22 años, militante de la Juventud Peronista, fue secuestrado en Buenos Aires por la policía en un operativo ilegal. 

La investigación realizada por el periodista Pedro Leopoldo Barraza pudo reconstruir su calvario, desde la captura hasta la muerte en la tortura, y permitió condenar tardíamente a los responsables. El cuerpo del militante asesinado continúa desaparecido

En la Argentina que gobernaba provisionalmente José María Guido luego del derrocamiento del radical intransigente Arturo Frondizi...

La noticia se conoció recién dos días después, cuando salió publicada en el diario El Mundo. La crónica estaba titulada sugestivamente “Como en Chicago” y  su  comenzaba así: “Rarísimo suceso en Flores Norte, que la policía dice ignorar. Frente al 1776 de Canalejas, a las 23:30 del jueves, un hombre fue secuestrado. Desde hacía varios días, había autos “sospechosos” en las inmediaciones. Una estanciera gris frente a aquel número; un Chevrolet verde en Canalejas y Donato Álvarez. Y un Fiat 1100 color claro, en Trelles y Canalejas. Dentro de ellos, varios hombres. Y otros, en las inmediaciones de los coches. A la hora citada, el automóvil de Donato Álvarez hizo guiños con los focos, señalando el avance del ‘hombre’. Le respondieron, y todos convergieron sobre él. Se le echaron encima y lo golpearon. Y pese a que se aferró con manos y uñas al árbol que está frente al número señalado, lo llevaron a la estanciera gris, que partió velozmente con las puertas abiertaLAs”. En el desarrollo de la nota, el texto relataba que varios vecinos, alarmados por los pedidos de ayuda del hombre, salieron a la calle, pero que debieron retroceder cuando un sujeto que empuñaba una pistola.45 les gritó: “Esto no es para ustedes. Piquenses si no quieren ligarla”. Los vecinos volvieron a meterse en sus casas y varios llamaron a la policía.

Se trataba, efectivamente, de algo raro, como señalaba la nota en su primera línea. En la Argentina de principios de los ‘60 esas cosas no pasaban. Había secuestros, claro, pero las víctimas eran personas adineradas por las que rápidamente los delincuentes pedían rescate.
El viernes 24, el cronista de El Mundo se acercó a la comisaría correspondiente al barrio, la 50, y preguntó. La respuesta contradijo a los vecinos. “No sabemos nada, es la primera noticia que tenemos”, le respondió el oficial de guardia. Que la policía no supiera – o dijera no saber – nada era más extraño aún. Para entonces ya había trascendido que el secuestrado se llamaba Felipe Vallese, un joven de 22 años que distaba de ser adinerado, y que era delegado gremial en la fábrica metalúrgica TEA y militante de la Juventud Peronista. Pertenecía a lo que se conocía como “la Resistencia Peronista”.

El primer desaparecido

Para los argentinos de la época la violencia política no era algo extraño, porque estaban aún frescos los antecedentes del bombardeo a la Plaza de Mayo en junio de 1955 – aunque poco se hablaba de él – y de los fusilamientos clandestinos en un basural de José León Suárez un año más tarde. Tampoco la detención de un delegado o de un militante político era un hecho poco común en 1962, pero que no apareciera, sí lo era. Por esos años la siniestra figura del detenido – desaparecido todavía no se había acuñado con sangre. Y Felipe Vallese había desaparecido para nunca más aparecer. No había antecedentes de algo así.

Los compañeros de militancia de Vallese supieron desde un primer momento que había sido secuestrado por fuerzas policiales. Casi simultáneamente a su desaparición, en otros operativos la Policía de la Provincia de Buenos Aires detuvo también al hermano mayor de Felipe, Ítalo, y a los militantes peronistas Osvaldo Abdala, Francisco Sánchez, Elba de la Peña, Rosa Salas, Mercedes Cerviño de Adaro y a tres niños de entre 3 y 10 años que estaban con ellos. Pero todos ellos aparecieron, luego de ser interrogados y torturados. En cambio, Felipe Vallese seguía sin aparecer.

El verdadero objetivo de esos operativos policiales realizados en la oscuridad de la noche era capturar – y probablemente asesinar – a otro militante de la Juventud Peronista, Alberto Rearte, hermano de Gustavo, uno de sus líderes, a quien acusaban falsamente de ser autor de la muerte de dos policías de la provincia en un confuso tiroteo, donde en realidad los bonaerenses se enfrentaron sin saberlo con colegas de la Federal. En los interrogatorios bajo tortura a todos los detenidos les preguntaban: “¿Dónde está Rearte?”. Nadie lo sabía, y si lo sabía, no lo dijo ni siquiera apremiado por las salvajes descargas eléctricas. En esos duros tiempos de resistencia, le resultaba difícil a la policía arrancarles información a los militantes. A Vallese ese silencio durante la tortura le costaría la vida.

Un periodista valiente y tenaz

La suerte corrida por Vallese se conoció gracias a la minuciosa investigación realizada por el periodista Pedro Leopoldo Barraza, a quien sus colegas apodaban “El Tarta”, por su tartamudez....  
Barraza descubrió que a Felipe Vallese lo venían vigilando desde días antes de su secuestro y reconstruyó a través de varios testimonios la presencia de autos sospechosos que rondaban la zona donde finalmente lo “levantaron”, exactamente después de que otro vehículo hiciera señas de luces, “marcándolo” a la camioneta dentro de la cual lo metieron a rastras y se lo llevaron. La investigación estableció que lo hirieron en la cabeza en el momento del secuestro y que llegó en mal estado a la Comisaría 1ª de San Martín, donde fue torturado por un oficial llamado Juan Fiorillo, cuyo nombre trascendió muchos años después por su participación en crímenes de lesa humanidad. Allí le preguntaron por primera vez por Alberto Rearte y Vallese no habló.

Después de picanear durante horas en la comisaría de San Martín, Vallese fue llevado a la comisaría de Villa Lynch, donde también tenían a los detenidos en los otros operativos. Aunque llegó prácticamente al borde de sus fuerzas, casi sin poder respirar, lo siguieron picaneando y golpeando. En un descuido, cuando lo arrojaron en una celda entre una sesión y otra de tortura, Vallese alcanzó a darle su nombre a un preso común, que lo anotó en un papel de cigarrillos, igual que el teléfono de la UOM y de la fábrica Tea. En Villa Lynch, también lo vio su hermano Ítalo, que después dijo que estaba destruido por la tortura, al borde de la muerte
Fue ese preso común, cuyo nombre Barraza nunca reveló, quien al ser liberado la mañana siguiente llamó a la UOM y avisó donde estaba Vallese. Con ese dato, el abogado del sindicato, Fernando Torres, realizó la denuncia y le pidió al juez federal de San Martín que ordenara el allanamiento de la subcomisaría de Villa Lynch. En una evidente complicidad con el encubrimiento, el magistrado se negó a allanar la repartición policial y simplemente le pidió informes al comisario, que le respondió que allí no tenían detenida a ninguna de las personas que buscan. También pidió informes a la Federal – porque Felipe Vallese había sido secuestrado en la Capital - donde le contestaron que no sabían nada del asunto.

Hasta allí llegó la “investigación” judicial. Para entonces los compañeros del militante secuestrado habían iniciado una fuerte campaña reclamando su libertad. A consecuencia de ella, el 3 de septiembre, la Bonaerense reconoció en un comunicado que tenía detenido a un grupo de personas en José Ingenieros por los delitos de portación de armas y tenencia de panfletos. En la lista figuraban todos menos Felipe Vallese. No podían incluirlo porque ya estaba muerto y no iban a hacerse cargo de su asesinato.
En la investigación que tituló El infierno de Felipe Vallese, Barraza – que por entonces tenía 22 años, igual que el desaparecido – reconstruyó la captura, la inteligencia previa, los lugares donde estuvo detenido, por quiénes fue torturado y el nombre del médico que controló las sesiones de picana. Además, publicó decenas de nombres de perpetradores, cómplices y encubridores de su muerte. “Se estaba demostrando que en nuestro país un hombre puede desaparecer, puede conocerse a sus secuestradores, con nombres y apellidos, y no pasar absolutamente nada”, escribió en la nota del 5 de julio de 1963 publicada en el semanario Compañero.

La justicia llegó tarde y fue extremadamente liviana. Pasaron casi diez años hasta que, en mayo de 1971, el juez en lo penal de La Plata Rómulo Dalmaroni condenó a 39 policías a tres años de cárcel por privación ilegítima de la libertad en el caso de Felipe Vallese. La pena mínima se debió a que sólo se los juzgó por el secuestro y no por el evidente asesinato. La razón que esgrimió el juez fue que no había cuerpo, porque Vallese estaba desaparecido
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Fuente .INFOBAE.COM

martes, 11 de agosto de 2026

​INGRESO Promedio en los HOGARES Argentinos.Surge de un informe de la Fundación Encuentro.


 En la cima de la pirámide se observa LA CLASE ALTA, representa el  5% de la población. Para formar parte de este grupo se necesitan al menos $7,5 millones mensuales.

LA CLASE MEDIA ALTA (C2) reúne al 17% y el piso de ingresos se sitúa en $4 millones. Le sigue la CLASE MEDIA BAJA, que abarca otro 26% y parte desde los $2,2 millones

El sector más extendido es el D1 (CLASE BAJA SUPERIOR NO POBRE), que alcanza al 31%. El monto mínimo mensual requerido llega a los $1,4 millones.

En el último escalón aparece un 21% de hogares en SITUACIÓN DE POBREZA, con ingresos de $900.000 por mes.

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viernes, 10 de julio de 2026

Una LEY BUSCA MOLDEAR la CONCIENCIA de un PUEBLO: China extiende su brazo represivo a cualquier ciudad del mundo

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La “Ley de Promoción de la Unidad y el Progreso Étnico” esconde un sinnúmero de artículos que podrían borrar etnias milenarias para enaltecer una “nación china”. La intrusión en las familias y la jurisdicción internacional de las autoridades chinas

El artículo es claro. Explícito. Inapelable. "Las organizaciones y personas fuera del territorio de la República Popular China que lleven a cabo actos dirigidos a sabotear la unidad y el progreso étnico o a provocar la división étnica de la República Popular China serán legalmente responsables de acuerdo con la ley“. El largo brazo represor del régimen de Beijing llega hasta la esquina de cualquier ciudad, en el país que sea. Desde Japón hasta Chile. Pasando por Kenia y España.

Se trata de la “Ley de Promoción de la Unidad y el Progreso Étnico" de la República Popular China, aprobada el 12 de marzo de 2026 y vigente desde el 1 de julio de 2026. Es la culminación de un proyecto que se estuvo gestando durante más de una década, desde la Conferencia Central de Trabajo Étnico de 2014.

Sus 64 artículos están divididos en seis capítulos: “Disposiciones generales”; “Construcción de un hogar espiritual compartido”; “Fomento de los intercambios y la integración”; “Promoción de la prosperidad y el desarrollo comunes”; “Salvaguardias y supervisión” y “Responsabilidad legal”.

La ley no sólo proclama principios que podría barrer con etnias milenarias, sino que obliga a un número importantes de actores de la sociedad civil a hacerla cumplir: ciudadanos; funcionarios; docentes; universidades; medios de comunicación; empresas; organizaciones civiles; plataformas de internet; organizaciones religiosas y gobiernos locales. Casi toda la estructura social es responsable del objetivo de fortalecer el (vaguísimo) concepto de "conciencia de comunidad de la nación china“, articulación que la norma no especifica de qué se trata ampliando la discrecionalidad del ente regulador: el Partido Comunista Chino (PCC).

A lo largo del texto pueden leerse conceptos y expresiones abstractas como son hablar de "fortalecimiento de la conciencia de comunidad nacional" o de una "construcción de una patria espiritual común“. Está claro que el PCC determina qué es “la patria espiritual” o “la conciencia nacional” -conceptos que retrotraen a los años 30 y 40 del siglo pasado en Italia y Alemania- pero no están descritos con detalle por lo que su ejecución quedará a criterio de un burócrata del partido dentro de China. ¿Qué acciones "dañan la unidad étnica" (artículo 58) en un país compuesto por más de 50 etnias?

La ley de “la Unidad y el Progreso” -además de ser obligatoria para los chinos fuera de China- se mete dentro de los núcleos familiares: "Los padres u otros tutores de menores deberán cumplir con sus responsabilidades de educación familiar conforme a la ley, educar y guiar a los menores para que amen al Partido Comunista de China, a la patria, al pueblo y a la nación china, y establecer el concepto de la nación china como una sola familia. No deberán inculcar en los menores ideas que sean perjudiciales para la unidad y el progreso nacionales". Un ciudadano chino -y su familia- que viva en Barcelona o en Quito deberá amar al PCC. Caso contrario, el brazo legal del régimen podrá perseguirlo a miles de kilómetros de Beijing.

Además de ingresar a la mesa familiar, la ley del régimen también se adentra en el funcionamiento de medios y de internet, que quedan reducidas a herramientas de control de contenidos: "Los operadores de red deben reforzar la gestión de la información publicada por sus usuarios. Si detectan información que atenta contra la unidad y el progreso nacionales deben interrumpir inmediatamente su transmisión, tomar medidas como su eliminación para evitar su difusión, conservar los registros pertinentes e informar a las autoridades competentes". ¿Es por eso que las embajadas chinas desparramadas por el mundo pasan horas monitoreando y redactando quejas a las redacciones en países donde hay libertad de expresión?

También los medios tienen que ser un canal para la identidad nacional: "El Estado apoya el uso de tecnologías modernas como Internet, macrodatos e inteligencia artificial para realizar actividades de intercambio, y alienta y guía a los proveedores de productos y servicios de red a crear y difundir obras e información que encarnen la gran unidad de la nación china, con el fin de crear un entorno de red armonioso que propicie el fortalecimiento del sentido de comunidad entre los ciudadanos chinos“. Si un ciudadano chino trabaja en un medio en Ciudad de México que cuestiona a Xi Jinping, ¿podría ser sujeto de sanciones legales?

Otro párrafo es llamativo por la intransigencia ante la crítica o el señalamiento: “La causa de la unidad y el progreso nacionales no debe ser obstaculizada por fuerzas externas. Nos oponemos firmemente a todo acto de difamación, calumnia, contención, represión, infiltración y debilitamiento de la República Popular China bajo el pretexto de etnia, religión o derechos humanos“.

Cualquier denuncia de violación a los derechos humanos podría ser considerada una violación a esta ley. Así, las minorías que se consideren oprimidas -como los uigures en la región de Xinjiang- y denunciaran sometimientos desde el gobierno central o local podrían ser denunciados como "terroristas“, como dice el Artículo 62: ”Quien organice, planifique o lleve a cabo actividades terroristas violentas, actividades separatistas étnicas o actividades extremistas religiosas, y cuyos actos constituyan un delito, será penalmente responsable de conformidad con la ley. Toda persona que incite o financie los actos descritos en el párrafo anterior y cuyas acciones constituyan un delito será penalmente responsable de conformidad con la ley“.

CONDENA INTERNACIONAL Y MÁS ALARMAS

El pasado 29 de abril pasado, el Parlamento Europeo encendió las alarmas. Esa entidad legislativa continental expresó su “profunda preocupación por la aprobación de la Ley de promoción de la unidad y el progreso étnicos, que fomenta abiertamente las políticas de asimilación y restringe las libertades culturales, religiosas y lingüísticas de diversos grupos dentro y fuera de China”. En la resolución, los eurodiputados condenaron “enérgicamente las políticas represivas de asimilación de China y las consiguientes violaciones de los derechos humanos universales, particularmente en el Tíbet, Xinjiang y Mongolia Interior”.

Además, la cámara europea instó a las autoridades chinas a “derogar esta ley, cumpliendo así sus obligaciones en virtud del Derecho internacional relativas a la no discriminación y la protección y promoción de las minorías religiosas y étnicas”. El texto aprobado subraya también la preocupación por las disposiciones extraterritoriales, señalando que “constituyen represión transnacional” y llamó a los Estados miembros de la Unión a “suspender los tratados de extradición con China para proteger a las personas perseguidas que residen en la Unión frente a los riesgos de represión transnacional en virtud de esta ley”.

Hace apenas semanas, el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Volker Türk mostró su preocupación sobre la polémica ley que podría acallar a las demás minorías que no encuadren con lo que dicta el PCC. Türk advirtió que la legislación podría profundizar las restricciones existentes sobre las comunidades minoritarias. “Estoy muy preocupado por las políticas antiterroristas y de asimilación de China, especialmente en la medida en que afectan a las minorías en las regiones de Xinjiang, Mongolia Interior y Tíbet”, señaló.

De acuerdo al funcionario de las Naciones Unidas, la ley corre el riesgo de limitar aún más las libertades relacionadas con el idioma, la educación, la práctica religiosa, la expresión cultural, la libertad de expresión y la reunión pacífica. Türk instó a las autoridades chinas a derogar la legislación y poner fin a las políticas que socavan los derechos de las minorías étnicas.

Por su parte, Kyinzom Dhongdue, Gerente de Estrategia e Incidencia en Amnistía Internacional Australia, señaló en un artículo publicado el 30 de junio: "Quizás el aspecto más inquietante de la ley es su enfoque en los niños. El artículo 15 refuerza el mandarín como idioma principal de instrucción en las escuelas e instituciones educativas, desplazando al tibetano. El idioma lleva nuestra historia, memoria, linaje espiritual e identidad. Es la forma en que los niños heredan las historias, valores y tradiciones que los conectan con sus familias y comunidades". Pero no sólo afecta a esa etnia, sino también a las restantes 55 que son reconocidas por el régimen.

Dhongdue continuó: "En todo el Tíbet, cientos de miles de niños asisten ahora a internados estatales chinos, pasando gran parte del año separados de sus familias y sin poder hablar su propio idioma. Se cuentan historias de estos niños que regresan a casa durante las vacaciones escolares solo para comportarse como extraños ante sus familiares y haber perdido la capacidad de comunicarse con sus abuelos“.

El gobierno de Taipei también alzó la voz contra la ley que entró en vigor hace apenas horas. A través de su Ministerio de Relaciones Exteriores señaló que "China intenta ejercer jurisdicción extraterritorial y represión transnacional, ampliando así sus amenazas e intimidaciones contra el pueblo de Taiwán y de otros países, al tiempo que infringe gravemente la soberanía de todas las naciones y viola los derechos humanos internacionales“.

De acuerdo a las autoridades taiwanesas, la ley "otorga explícitamente jurisdicción sobre organizaciones e individuos fuera de China" y actúa como "pretexto legal" para que el régimen de Xi Jinping "expanda su jurisdicción extraterritorial y la represión transnacional“. Eso, de acuerdo al gobierno de Lai Ching-te representa "una amenaza significativa para la libertad, la democracia y los derechos humanos a nivel global. En el futuro, individuos en todo el mundo cuyas palabras o acciones sean consideradas inaceptables por China podrían ser objeto de represalias o enjuiciamiento bajo esta ley. La comunidad internacional debe unirse para condenar los repetidos intentos de China de promover el expansionismo autoritario a través de la legislación interna".

Pero más allá de estas advertencias internacionales, existe un llamado de atención claro: la inclinación del régimen conducido por Xi Jinping a teñir de ideología nacionalista -y personalista- una cultura multiétnica que debería trascender más allá del partido único que rige desde 1949 la vida del pueblo chino. Y que pretende hacer más allá de sus fronteras geográficas.

@TotiPI

jueves, 25 de junio de 2026

23 de Junio de 1537, MUERE Pedro de MENDOZA: El ADELANTADO que fundó una CIUDAD entre el hambre, la espada y el mito...

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23 de junio de 1537. En algún punto del océano Atlántico, mientras intentaba regresar a España, moría Pedro de Mendoza, el hombre cuyo nombre quedó unido para siempre al origen más dramático de Buenos Aires.

Noble y militar español, nacido en Guadix, en el Reino de Granada, Pedro de Mendoza pertenecía a una familia de prestigio y se formó en el mundo de la corte y de la guerra. Sirvió bajo el reinado de Carlos I de España y V del Sacro Imperio, participó en campañas europeas y fue parte de una época marcada por conquistas, ambiciones imperiales y expediciones hacia territorios todavía desconocidos para los europeos.

En 1534, la Corona lo nombró adelantado, gobernador y capitán general del Río de la Plata. Su misión era enorme: conquistar, poblar, asegurar la presencia española en el sur del continente y frenar el avance portugués desde Brasil. No viajaba solo detrás de la gloria; también cargaba con el peso de una empresa desmesurada, peligrosa y casi imposible.

En 1535 partió desde Sanlúcar de Barrameda al mando de una gran expedición. Eran naves, soldados, marineros, colonos, caballos, ilusiones de riqueza y una promesa imperial: abrir camino en el inmenso estuario del Río de la Plata.

A comienzos de 1536, Mendoza estableció el primer asentamiento conocido como Nuestra Señora del Buen Ayre, considerado el antecedente de la actual Buenos Aires. Pero aquel primer Buenos Aires no nació entre campanas y prosperidad, sino entre barro, miedo, hambre y resistencia. La relación inicial con los pueblos originarios de la zona se quebró rápidamente. La falta de alimentos, las enfermedades, los enfrentamientos y el aislamiento convirtieron al asentamiento en una pesadilla. Las crónicas de la época describen una situación extrema, con hambre feroz y episodios terribles que quedaron grabados como una de las páginas más oscuras del inicio colonial rioplatense.

 Enfermo, debilitado y golpeado por el fracaso de su empresa, Pedro de Mendoza decidió regresar a España en 1537. No llegó. Murió durante la travesía el 23 de junio de ese año, y su cuerpo fue arrojado al mar, como tantos destinos trágicos de la conquista americana. Tras su partida, el mando quedó en manos de otros jefes de la expedición, entre ellos Juan de Ayolas, Francisco Ruiz Galán y Domingo Martínez de Irala.

La presencia española se replegó hacia el norte, siguiendo los ríos Paraná y Paraguay. Finalmente, en 1541, aquel primer asentamiento de Buenos Aires fue abandonado, y Asunción se convirtió en el gran centro de poder colonial de la región
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La ciudad que Mendoza intentó levantar no sobrevivió. Fue hambre, frontera, guerra y fracaso. Pero su nombre quedó como una sombra fundacional. Buenos Aires tendría que esperar hasta 1580, cuando Juan de Garay la fundó de manera definitiva.

Pedro de Mendoza no fue un héroe simple ni una figura sin contradicciones. Fue un hombre de su tiempo: ambicioso, militar, enfermo, poderoso y atrapado por la lógica brutal de la conquista. Su historia recuerda que muchas ciudades no nacieron de la calma, sino del choque entre mundos, de la violencia, del sacrificio y de sueños imperiales que muchas veces terminaron convertidos en tragedia.

Aquel 23 de junio de 1537 murió el adelantado. Pero en la memoria del Río de la Plata quedó encendida una pregunta: ¿Cuánto dolor, hambre y ambición hubo detrás del primer nombre de Buenos Aires?

miércoles, 17 de junio de 2026

​El General PERÒN habla del Sistema Previsional, el 30.11.1973 (VIDEO)

El 30 de noviembre de 1973, cuando hacía apenas un mes que había asumido la presidencia de la Nación por tercera vez, el general Juan D. Perón cerró la “Semana Nacional de Seguridad Social” en el Salón Blanco de la Casa de Gobierno, con un discurso que se transformó en una verdadera cátedra sobre la previsión social, pronunciado por quien la había instaurado en la República Argentina, en el que se advierten muchas de las cuestiones que están sucediendo en el presente con los jubilados.


Fuente: https://historiadelperonismo.com/?p=10059



domingo, 14 de junio de 2026

​Juan Bialet Massé: El Hombre que SE METIÓ EN EL BARRO PARA MOSTRAR la ARGENTINA que nadie quería ver ***

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El país se mostraba al mundo como una potencia agroexportadora. Buenos Aires celebraba la riqueza, los trenes, los puertos, los granos y el sueño del progreso. Pero detrás de esa postal brillante había otra Argentina: la de los obrajes, los ingenios, las minas, los talleres, los galpones, las familias hacinadas y los trabajadores que dejaban el cuerpo por salarios miserables.

En medio de huelgas, conflictos obreros y una creciente preocupación social, el gobierno de Julio Argentino Roca impulsó un proyecto para regular el mundo del trabajo. Entonces, el ministro del Interior, Joaquín V. González, le encargó a #JuanBialetMassé una misión incómoda: viajar al interior del país y contar cómo vivían realmente las clases trabajadoras. Bialet Massé no era un observador cualquiera. Había sido médico, abogado, docente, empresario y constructor. Pero esta vez no escribió desde un escritorio elegante.

 Recorrió caminos, talleres, ingenios, obrajes y campamentos. Miró de cerca lo que muchos preferían no mirar. Habló con obreros, peones, mujeres, niños, indígenas, inmigrantes y patrones. Tomó notas, reunió testimonios y dejó una radiografía brutal de la Argentina profunda. Lo que encontró fue demoledor. Jornadas que podían llegar a las 15 o 16 horas. Trabajadores obligados a dormir donde podían. Mujeres y menores sometidos a tareas durísimas. Peones pagados con fichas, vales o medallas que los ataban a la proveeduría del patrón. Familias enteras atrapadas en un circuito de deuda, hambre y dependencia. Salarios que no alcanzaban para vivir con dignidad. Obreros envejecidos antes de tiempo. Campamentos donde el progreso se levantaba sobre cuerpos agotados.

 SU INFORME FUE UNA HERIDA ABIERTA. Bialet Massé mostró que la riqueza no siempre significaba justicia. Que una nación podía crecer hacia afuera mientras empobrecía hacia adentro. Que el “progreso” también podía tener barro en los zapatos, humo en los pulmones y hambre en la mesa. En una de sus frases más duras escribió: “El obrero sin horario es un esclavo.” Y también dejó una idea que sigue golpeando más de un siglo después: la miseria no era una falla moral del trabajador, sino el resultado de un sistema que explotaba su vida hasta el límite.

El informe dio base a una Ley Nacional del Trabajo que, para su época, era audaz. Pero fue demasiado incómoda para los poderosos y demasiado discutida para los sectores obreros. El proyecto terminó rechazado. La Argentina todavía no estaba lista para escuchar aquella verdad. Bialet Massé había visto lo que otros negaban. Había entendido que no se construye una patria grande sobre trabajadores pequeños. Que no hay nación digna si el progreso se alimenta de cuerpos cansados. Que una fábrica, un ingenio, un campo o un ferrocarril no valen más que la vida de quienes los levantan. Hoy, su informe sigue siendo una pregunta abierta en la historia argentina: ¿Qué País Habríamos Sido Si En 1904 Lo Hubieran Escuchado?

***Por Víctor Pablo KARAKACHOFF

Fuente: https://www.facebook.com/groups/TELEFONICOS