miércoles, 22 de agosto de 2012

Trelew, la masacre que en 1972 anticipó el terrorismo de Estado


.....Una investigación sobre un hecho que para muchos historiadores puede ser visto como un anticipo del terrorismo de Estado

Veinticinco militantes políticos toman el penal de máxima seguridad donde se encuentran detenidos. Seis huyen en un auto, llegan al aeropuerto, abordan un avión previamente secuestrado y lo desvían a Santiago de Chile. Los otros fugitivos son librados a su propia suerte. Una señal mal interpretada echa por la borda los planes de fuga y los obliga a rendirse. Luego, el horror. Aunque esto pueda parecer el guión de una película de ficción, es lo que sucedió, hace cuarenta años en Trelew, a veinte kilómetros de la ciudad de Rawson, en la provincia de Chubut. Una ciudad donde nunca pasaba nada pero que, en 1971 se vio sorprendida por el arribo de presos políticos.

Hasta esa fecha sólo "delincuentes peligrosos" eran confinados a su presidio. La dictadura militar encabezada por el general Alejandro Agustín Lanusse envió allí a la cúpula de las organizaciones revolucionarias para que mantuvieran el menor contacto posible con el exterior y no pudieran fugarse. Sin embargo, las cúpulas de las organizaciones prisioneras en Rawson (FAR; ERP y Montoneros) ni bien arribaron al penal soñaron con huir. Estaban convencidos de vivir una época histórica y no querían desperdiciarla entre rejas. El primer paso fue crear un comité de fuga y armar dos planes. Uno para adentro y otro para afuera. Primero comenzaron a cavar un túnel, pero lo abandonaron: el problema era qué hacer una vez afuera. Rápidamente concluyeron de manera unánime que la única alternativa que existía era tomar el avión de Austral que salía desde la ciudad de Comodoro Rivadavia y hacía escala en Trelew.

Mientras tanto, realizaron tareas de inteligencia para conocer los movimientos del penal. Alejandro Ferreyra (ERP) recuerda que al saber de la operación para "rescatar compañeros que volvieran a la lucha armada", viajó dos meses por la Patagonia realizando tareas de inteligencia y trató de conseguir un avión en Paraguay. Además, buscó pistas, caminos alternativos y un lugar donde cavar una "tatucera" (cueva) como hacían los tupamaros en el Uruguay. "Hubo hasta quien sugirió conseguir un submarino ruso para escaparse", dice hoy. La operación era riesgosa y el clima de las reuniones entre las distintas organizaciones "era tenso". Demasiada gente conocía el plan y a esa altura de los acontecimientos "quién podía garantizar que los servicios de inteligencia no lo sabían y preparaban una emboscada", agrega Ferreyra. Es por ello que muy pocos conocieron la fecha de la fuga. Además, explica el ex militante del ERP, un episodio
ocurrido en los días previos en el barrio de Liniers puso en vilo a todos los militantes relacionados con la operación. "Miembros de las FAR habían levantado los camiones para trasladar a los detenidos desde el penal. Estacionaron a desayunar antes de viajar al sur. Dio la casualidad que el propietario de un camión pasó por allí, lo reconoció y avisó a la policía.

Entonces, tres uniformados se dirigieron al bar, ingresaron sin tomar precauciones, y se originó un tiroteo donde murieron los policías". El incidente desnudó las dudas y provocó una reunión conjunta en Bahía Blanca entre las FAR y el ERP. (Montoneros no participó de la operación). Allí supieron que en la Base Zar había movimiento de tropas y que aviones de la Marina estaban estacionados en el aeropuerto de Trelew. Ferreyra señala que después de analizar todos estos aspectos "los compañeros de las FAR plantearon levantar la acción". No obstante, admite que después de un cuarto intermedio y en donde cada uno discutió con su organización, "se llegó a que no había margen para retroceder".

Jorge Lewinger (FAR) presente en la reunión, negó que las FAR hubieran pensado en abandonar la operación: "sí en apresurarla, porque había información que algunos compañeros iban a ser trasladados al buque Granaderos", dice. Hasta el mismo 15 de agosto, día de la fuga, la operación fue un secreto muy bien guardado. Pero hasta último momento sufrió reestructuraciones. Esa mañana desde afuera del penal un trapo rojo flameó en una esquina y fue el indicio que la fuga estaba en marcha y se ultimaron los preparativos de la huida que contaron con el guardiacárcel Carmelo Fazio como cómplice. La siguiente es una crónica de los acontecimientos. 13:00 horas. Los prisioneros formaron como todos los días una fila para almorzar. A nadie le llamó la atención la falta de apetito. El asado de vaca como plato principal fue dejado a un lado por temor a quedarse dormido. 16:00 horas. Los presos que se fugarían se afeitaron y cortaron su cabello.
La intención fue cambiar su aspecto para no ser reconocidos. 18:15 horas. Los carceleros recorrieron el penal de manera habitual. Sirvieron la cena pero nadie reparó en los cambios fisonómicos de los reclusos. 18:30 horas. Los guardias contaron a los detenidos y comunicaron a la guardia de prevención que el penal se encontraba sin novedad.

En ese momento despegaba desde Comodoro Rivadavia el Bac- 111 de Austral hacia Trelew con sesenta y seis pasajeros a bordo. Alejandro Ferreyra y Víctor Fernández Palmeiro con armas escondidas abordaron el vuelo sin problemas. 18:45 horas. Cambio de guardia. La novedad fue que el relevo lo hicieron presos camuflados con uniforme. Nadie ofreció resistencia. La sorpresa y la agilidad fueron determinantes. 18:50 horas. Finalizó la toma de los ocho pabellones, la enfermería y la sala de armas. Los guardias fueron encerrados en los pabellones. 18:55 horas. Se produjo el único intercambio de disparos entre detenidos y guardias. Los agentes Gallarraga y Valenzuela se interpusieron con un FAL en la entrada del penal. Gallarraga fue herido y sobrevivió. Valenzuela fue "anulado" y se convirtió en el único muerto en la operación. Entretanto, Carlos Goldenberg llegó hasta el penal al volante de un Ford Falcon. Aguardó a que subieran Roberto Santucho,Mario Osatinsky, Enrique Gorriarán Merlo, Roberto Quieto, Domingo Menna y Fernando Vaca Narvaja y salió a toda velocidad por la ruta siete rumbo al aeropuerto de Trelew, donde los aguardaba "Anita" Wiesen. Ferreyra indica que cuando llegaron los compañeros al aeropuerto "se levantaron de los asientos y le informaron al piloto que el avión no sólo estaba secuestrado sino que pretendían llegar a Chile". El piloto apenas susurró que el combustible no lo permitiría pero Ferreyra le respondió que "todos caerían en la cordillera". No hizo falta más. Mientras tanto, un centenarde reclusos aguardó ansioso los vehículos manejados por Lewinger. Sin embargo, jamás llegaron. El hombre de las FAR confundió una señal y nunca ingresó al penal. "No vi la frazada colgada y pensé que la operación se había cancelado. A los pocos kilómetros conversé con los otros choferes y me di cuenta que la señal inicial ya la había dado Goldemberg.

Lo que yo vi, fue un error de los que me habían hecho la señal. Pero en realidad la indicación de que estaba todo bien ya había sido hecha. Por eso volvimos al penal".

Pero ya era tarde. Carlos Astudillo, Rubén Bonet, Eduardo Capello, Mario Delfino, Alberto Del Rey, Alfredo Kohon, Clarisa Lea Place, Susana Lesgart, José Mena, Miguel Polti, Mariano Pujadas, María Angélica Sabelli, Ana María Villareal de Santucho, Humberto Suárez, Jorge Alejandro Ulla, Humberto Toschi, María Antonia Berger, Alberto Miguel Camps y Ricardo René Haidar, preocupados porque los camiones no llegaban, llamaron tres taxis y se fugaron rumbo al aeropuerto. Llegaron minutos después de que el avión hubiera despegado. Los diecinueve militantes coparon el modesto aeropuerto de Trelew y observaron cómo sus sueños de libertad se escabullían entre las nubes.

Fuente: http://www.perfil.com/contenidos/2012/08/21/noticia_0017.html