miércoles, 18 de agosto de 2010

El derecho a la información

Cuando los periodistas obtienen de sus fuentes información clasificada siempre enfrentan un dilema que debe ser resuelto con responsabilidad. Hay un equilibrio que se debe respetar entre los riesgos y consecuencias de publicar documentos secretos y el interés público por conocerlos. Este difícil balance atraviesa la historia del periodismo moderno y ha provocado debates encendidos y críticas despiadadas, sobre todo de aquellos que han intentado mantener información oculta.
The New York Times, The Guardian y Der Spiegel , tres medios líderes en el mundo, han publicado 91 mil documentos secretos sobre la guerra de Afganistán. La difusión de esos documentos -obtenidos por WikiLeaks, un sitio de Internet que se especializa por develar secretos- ha causado una conmoción en la Casa Blanca, que ha criticado la publicación de la información clasificada.
Explicándoles a sus lectores las razones por las que se decidió la publicación, The New York Times dice que en el dilema, se han inclinado por hacerlo porque es significativa para el interés público. Advierte, sin embargo, que se han tomado recaudos para no exponer a riesgos a agentes encubiertos u operaciones en curso, así como métodos para interceptar y recoger información.
En la Argentina, hay altos funcionarios que han dicho públicamente que las cuestiones delicadas no se escriben, se hablan. Una forma de no dejar rastros de posibles errores e, inclusive, de presuntos delitos. El relato oral, al parecer, incrimina menos que un documento oficial.
Además, aquí no hay acceso a la información clasificada y, por lo que se sabe, tampoco hay indicios de que alguien considere que los actos de Gobierno son de interés de la sociedad.