sábado, 28 de julio de 2018

Defensa Nacional, la gran deuda pendiente / Por Martín Balza **

Defensa Nacional, la gran deuda pendiente  / Por Martín Balza **

 Sin especulaciones políticas, diferenciando gobierno de Estado, consensuando con las principales fuerzas políticas, se impone la necesidad de iniciar una imprescindible modernización de nuestras Fuerzas Armadas que incluya una reestructuración, redespliegue y reequipamiento, lo que demandará en tiempo el equivalente a cinco mandatos presidenciales, es decir, 20 años.

Stricto sensu, la esencia de la Defensa Nacional es garantizar de modo permanente la soberanía e independencia de la Nación, su integridad territorial y nuestra convivencia. La soberanía es uno de los tres elementos del Estado, junto con el territorio y la población. La Constitución Nacional, como marco legal fundamental para el desenvolvimiento de los ciudadanos y de los poderes de nuestra República, hace referencia a la Defensa y a las Fuerzas Armadas en su Preámbulo ("…consolidar la paz interior, proveer a la defensa común, promover el bienestar general y asegurar los beneficios de la libertad…") y en catorce artículos. Asimismo, la Ley 23554 (Ley de Defensa Nacional) sancionada en 1988, en su artículo 5, establece: "La Defensa Nacional abarca los espacios continentales, Islas Malvinas, Georgias del Sur y Sándwich del Sur y demás espacios insulares, marítimos y aéreos de la República Argentina, así como el Sector Antártico Argentino, con los alcances asignados por las normas internacionales y los tratados suscriptos a suscribir por la Nación, esto sin perjuicio (…) en cuanto a las atribuciones de que dispone el Presidente de la Nación para establecer teatros de operaciones para caso de guerra o conflicto armado". El artículo 6, amplía: "La defensa nacional constituye un derecho y un deber para todos los argentinos, en la forma y términos que establecen las leyes".

Las Fuerzas Armadas se encuentran estrechamente vinculadas al tema en consideración en virtud de que constituyen el último recurso –en el empleo legal de la violencia— en manos del Estado para garantizar la libertad y el ejercicio soberano del poder. Ello impone contar con fuerzas de tal magnitud, profesionalidad y motivación, cuya capacidad de disuasión creíble permita proteger –entre otros— los objetivos estratégicos esenciales y alcanzar los objetivos políticos y nacionales ansiados por un pueblo amante de la paz. Entre otros, la Patagonia, desprotegido y vacío espacio geopolítico, joya de materias primas, con el 30% de la superficie continental y solo el 5% de la población. El Acuífero Guaraní, tercer reservorio de agua dulce del mundo, con 250 km² en nuestro país.

Un tercer escenario lo constituye el Quinto Litoral Marítimo del Mundo, más de 6 mil km de costas sobre el Atlántico Sur, con impredecibles recursos y una desprotegida riqueza ictícola. Potencia su importancia su proyección a la Antártida, y la disputa por la soberanía con el Reino Unido por la Cuestión Malvinas. Actualmente, los derechos de soberanía sobre los recursos naturales del lecho y subsuelo comprenden en el orden de 1.700.000 km² de plataforma continental argentina más allá de las 200 millas marinas que se suman a los 4.700.000 km² existentes.

Consensuando con las principales fuerzas políticas, se impone la necesidad de iniciar una imprescindible modernización de nuestras Fuerzas Armadas que incluya una reestructuración, redespliegue y reequipamiento, lo que demandará en tiempo el equivalente a cinco mandatos presidenciales, es decir, 20 años.

Esperar el momento oportuno o ideal nos llevaría a una parálisis por análisis, y a no actuar. Desde mediados del siglo pasado –tanto con gobiernos civiles como con militares— las Fuerzas Armadas han sido conducidas como un barco sin timón, marginando concebir un Sistema Integral de Defensa, ni siquiera se capitalizaron las enseñanzas de la Guerra de Malvinas.

Hagamos un poco de historia: desde 1955 se había avanzado a tropezones sobre un autoconcebido enemigo interno y con la última dictadura se llegó incluso a la absurda y disparatada concepción de estar librando la Tercera Guerra Mundial contra el marxismo-leninismo. Esa "guerra ideológica" desatendía obviamente la protección de intereses y escenarios estratégicos vitales. Recordemos la sentencia del general británico John F.C. Fuller, que señala que "Las guerras ideológicas son disparates, no solamente porque las ideas son impermeables a los proyectiles, sino porque, invariablemente, cuando más santa es la causa, más demoníaco es el fin".

Lo expresado demandó una inflación de documentos, directivas y leyes inconducentes confeccionados por equipos instruidos pero inoperantes. La larga crisis sobre el tema defensa sigue abierta, como la brecha entre pensamiento y acción. Lamentablemente, el Estado aún se mimetiza con un gobierno determinado, relegando la esencia del concepto de Soberanía. Huimos hacia el futuro, pero algún día podríamos lamentarlo.

El estado de desprotección e indefensión de los vitales escenarios citados es evidente. Desde el advenimiento de la democracia –lamentablemente– se evidenció una notoria y peligrosa desinversión en el área de defensa y los responsables privilegiaron, en mayor o menor medida, sentimientos políticos e ideológicos que afectaron la logística, el adiestramiento y la operatividad de las Fuerzas, a las que algunos pocos e injustamente las continúan relacionando con lo actuado por el último golpe de Estado cívico-militar. Nada más ingrato, principalmente, es no apreciar y valorar que los miembros actuales de las mismas ingresaron y egresaron de los respectivos Institutos Militares en plena vigencia de las instituciones republicanas a las que respetan y se subordinan plenamente y, a pesar de lo expresado, resistieron cualquier desmoralización y, a costa de sacrificios, han evitado su desprofesionalización.

Por último, no puedo obviar resaltar que lo expuesto no implica magnificar desafíos ni reivindicar en absoluto una política agresiva, tampoco militarizar las relaciones interestatales. Solo pretende rescatar y resaltar el concepto de "…derecho inmanente de legítima defensa individual…", proclamado en el Art. 51 de la Carta de las Naciones Unidas. No nos lamentemos por cuantos vasos de leche se derramarían priorizando controladas amenazas secundarias, concentrémonos en no perder la vaca, materializada en la protección de los objetivos estratégicos esenciales citados, en el impredecible mundo actual.

**Ex Jefe del Ejército Argentino. Veterano de la Guerra de Malvinas y ex Embajador en Colombia y Costa Rica