domingo, 24 de julio de 2016

La Biblioteca de Lázaro Báez.

Recorrido por los tomos acumulados en su colección y su valor en el circuito del libro de anticuario.

 Suele decirse que acceder a una biblioteca es, de algún modo, retratar a su dueño. Enfrentarse a los libros que Lázaro Báez tenía en su chacra de Río Gallegos compone una imagen estrafalaria. Se pasa de Las Metamorfosis,de Ovidio, en una edición de 1598, a Quiero un cambio, de Bernardo Stamateas; de las Rimas del Cavalier Marino, en una edición veneciana de 1664, a La biblia del crochet, publicada por Planeta Agostini en 2012.

Cuando en abril la Justicia allanó la chacra de Báez buscaba, entre otras cosas, obras de arte. En causas de lavado de dinero, como por la que se encuentra procesado el empresario K hasta ahora por 38 millones de dólares, la adquisición de pinturas o esculturas suele ser habitual. Sin embargo, no encontraron demasiado hasta que alguien observó con más detenimiento una serie de vitrinas cerradas con llave. Tras el vidrio, resguardados del polvo, podían verse viejos lomos encuadernados en cuero o pergamino.

Enseguida, el juez federal Sebastián Casanello, que interviene en la causa, ordenó custodiar esos libros y pidió expertos a la Biblioteca Nacional para realizar un inventario. Durante diez días, dos especialistas de la institución, que prefieren mantener su identidad en reserva, se encerraron en esa fortaleza de seis hectáreas para la tarea. El resultado lo tuvieron a mediados de mayo y podría dejar con la boca abierta a bibliófagos como Umberto Eco. Clarín tuvo acceso al inventario completo de esa "colección Báez": de un total de 4634 libros, los especialistas designados seleccionaron "312 ejemplares de alto interés económico, histórico y cultural", que fueron guardados en 22 cajas precintadas por Gendarmería y trasladadas a la Biblioteca Nacional, designada "depositaria judicial". ¿Quién asesoró a Báez para acumular semejante acervo? Por ahora nadie lo sabe.
Entre esos 312 libros se destacan algunos de Séneca, impresos en 1574, de Cicerón, en 1576, y las cartas eruditas y curiosas de Benito Jerónimo Feijoo de 1750, cuya edición es de la célebre imprenta de los herederos de Francisco del Hierro (que hoy podría costar unos 2200 dólares). Libros en latín, francés, italiano –que difícilmente Báez haya podido leer, no se lo conoce como políglota–, primeras ediciones de Borges (como la de Discusión, de 1932, publicada por Gleizer) y cartas de Evita.
La mayoría de estos libros en la misma edición tienen un valor considerable en Abebooks, el sitio que agrupa a casi 15 mil vendedores de libros raros y antiguos de todo el mundo. La existencia de estos mercados virtuales donde se reúnen anticuarios del libro volvió anónimo al comprador y al librero que concreta la venta, a la vez que facilitó enormemente la búsqueda de títulos.

En Abebooks, por ejemplo, una edición como la que tenía Báez de La Divina Comedia, de Dante Alighieri, con la exposición del humanista florentino Cristóforo Landino, publicada en Venecia en 1564, asciende a los 7.730 dólares, pero vendida de manos de un librero como objeto único puede triplicar ese precio. Es probable que ese sea uno de los ejemplares más caros encontrados en la chacra.

Entre las rarezas hay un manuscrito en tinta negra, listo para la imprenta, del año 1592, con el título In Universus. Además, en esas vitrinas convivían los cuatro tomos del Orlando furioso de Ariosto –en la edición de 1777 realizada por Paul Delalain– con otros dos tomos del mismo libro impresos en Venecia en 1781. Las ediciones venecianas suelen ser importantes en este circuito: uno de los más célebres imprenteros de la época, Aldo Manuzio, instaló allí sus talleres.

Aunque estos libros de Báez son ejemplares antiguos, algunos bastante raros, no se trata de incunables, porque técnicamente se llama incunables a los libros impresos con tipos móviles antes del 1500, antes de que Gutenberg creara la imprenta. Los libreros coinciden en que la tasación de esta clase de libros es bastante subjetiva. "Cada libro tiene su historia y su precio", explica el anticuario argentino Alberto Casares. Y el precio –entiende– es un pretexto que se pone para el intercambio. Aunque pueda ser sorprendente, un libro del siglo XVII puede costar 200 o 300 dólares o llegar a valer miles. No hay un valor de mercado, sino de oportunidad. Salvador Gargiulo, librero del Club Burton, explica que los precios varían según su estado de conservación, su formato, sus ilustraciones, su tirada (cuanto más pequeña, mayor el precio) y, desde luego, según el título. El valor sube, además, si conserva su encuadernación original.

Varios de los libros encontrados en la biblioteca de Báez están encuadernados en pergamino. Entre ellos se destaca un ejemplar de 1674 de la vida de Fray Jerónimo Savonarola, un pensador domínico que a los 20 años ya había escrito su poema De ruina mundi, sobre los vicios y la corrupción moral, impreso en París, valuado en casi mil dólares.

Otra sección importante de la biblioteca es la dedicada al peronismo. Entre esos materiales se encontraron varias cartas mecanografiadas y firmadas por Eva Perón, entre 1950 y 1951, dirigidas a Jorge Newton, un manuscrito y mecanoescrito de Juan Domingo Perón de 1927, con el título Anexo a la monografía Campañas del Alto Perú. Principios para el combate. Resulta interesante tasar este tipo de materiales teniendo en cuenta que un ejemplar autografiado de La razón de mi vida (su valor fluctúa entre los 250 y los 300 dólares) podría tener un valor mucho mayor para un afiliado al Partido Justicialista que para otro de la Unión Cívica Radical.

Los precios se modifican, desde luego, si un ejemplar de Historia universal de la infamia, de Borges está dedicado. Si tiene la firma de Borges, a secas, el precio es uno, pero si lo firma "Georgie" es otro, porque los conocedores saben que ponía "Georgie" cuando el libro estaba dirigido a un amigo cercano. Entonces la valuación podría cambiar. Esas pequeñas variaciones hacen más compleja la tasación de la "colección Báez" que se encuentra bajo custodia del juzgado. Cuando esté esa cifra total, desde luego, será irrisoria, pero convengamos que casi todo lo es comparado con los 140 millones de dólares que, en una primera aproximación, los investigadores estiman que tendría Báez en propiedades y tierras, solo en Santa Cruz. 

 

Daniel Diaz / Socio 2073

Los libros me enseñaron a pensar y el pensamiento me hizo libre / Ricardo Corazón de León