martes, 29 de marzo de 2016

VARGAS LLOSA: Soporto el anatema de una secta argentina, populista y grotesca…


No  morirse  en  vida  /  Ricardo  Roa
Cuando apenas se supo que MARIO VARGAS LLOSA abriría la Feria del Libro, el líder de Carta Abierta, Horacio González, alzó el dedo para impugnar a quien llamó "el señor Vargas". Las razones eran ideológicas. GONZALEZ USA LAS ANTEOJERAS QUE DIVIDEN a la HUMANIDAD en AMIGOS Y ENEMIGOS.
Vargas Llosa fue compañero de aventuras literarias y políticas de Cortázar y García Márquez. Cambió con esa voluntad profunda de transformar el pensamiento que asiste a todo aquel que piensa con profundidad. Y fue excomulgado de la iglesia revolucionaria. 
Debió soportar el anatema de una secta argentina, populista y grotesca. Y no se hizo el distraído. Vino a Buenos Aires y dio una lección. Dijo: "Critico porque soy un hombre libre". Fue hace cinco años. Ayer ese hombre que representa la libertad de cambiar las creencias cumplió 80 y sigue enseñando que el compromiso político sólo es válido si es crítico. De otro modo es dogmatismo, ceguera, servidumbre voluntaria. La crítica de Vargas Llosa se dirige a todo lo que impide la libertad. 
El silencio cómplice nunca fue su ética. Es un intelectual comprometido no porque se ubica declamatoriamente a la izquierda y elige el camino fácil de la demagogia. Así casi logra la presidencia de Perú. 
Perdió con Fujimori. Pero Fujimori le ganó con un aparato que destiló mugre y manipulación. El monje negro de Fujimori, Montesinos, lo ensució con operaciones en la prensa. Vargas Llosa fue un evasor por cobrar derechos de autor en España, un amoral por haberse casado con una prima y un enemigo de Dios por declararse agnóstico. Los servicios de inteligencia siempre apuestan contra la inteligencia.
Fujimori y Montesinos hoy están presos y Vargas Llosa ganó el Nobel y el reconocimiento unánime de que es una de las plumas más exquisitas del castellano. Esa densidad literaria se extiende al ensayo y al análisis político, siempre lúcido.
Hay otra dimensión que también es pública como lo es la vida privada de las personas destacadas. Tuvo una familia muy estable hasta que apareció otro amor, Isabel Preysler. Su felicidad tiene un límite: las personas que ha dejado heridas con su separación. Dice: "Lo único que lamento es que la felicidad se consiga muchas veces causando infelicidad a tu alrededor".
Vargas Llosa polemiza, escribe, se enamora, viaja, confronta contra toda policía del pensamiento. Y dice a los 80: "Uno tiene que aceptar la muerte. No tiene sentido rebelarse contra lo irremediable. Pero es muy importante no convertirse en un ser pasivo y llegar vivo hasta el final, no morirse en vida". Sí, que puedas seguir vivo y escribiendo Vargas Llosa
Publicado en el diario Clarín de Buenos Aires