martes, 23 de febrero de 2016

La política está encerrada por los rencores (Escrito en 2012) ***





Las heridas del pasado tanto nos pueden servir para crecer en sabiduría como para lastimar y desarrollar el resentimiento.

Nuestra sociedad vive hoy la amargura del que percibe un retroceso. Néstor Kirchner pudo convertir la debilidad de tener menos votos que Menem en la fortaleza de un gobierno que nos sacó del miedo al futuro. Hoy(2012), la presidenta Cristina Kirchner corre el riesgo de invertir aquel proceso y convertir una mayoría digna en el camino a una sociedad fracturada . El Gobierno tuvo aciertos indiscutibles, pero no alcanzan ni remotamente para justificar las debilidades que nos apabullan. Ni en el transporte público ni en la inseguridad, ni en la estabilidad de la moneda ni en la transparencia de la gestión, en ninguno de los rincones de la realidad se encuentran logros que sostengan la soberbia y la agresividad del discurso actual.

Pareciera que la Presidenta que obtuvo hace menos de un año una digna mayoría hubiera decidido transitar otros rumbos, como si la ausencia de una sólida oposición la impulsara a un personalismo que ocupa los espacios de la democracia . Aparece el resentimiento de los setenta , una concepción de los derechos humanos que intenta proyectarse como opción política, una mirada para la cual los enemigos son más necesarios que los objetivos . Y muchos de los que supimos con dignidad transitar el dolor de la peor dictadura nos separamos hoy marcados por la indignidad de los que no son capaces de respetar nuestras disidencias.

El discurso presidencial define los espacios donde habitan los buenos y los malos, la disidencia se va convirtiendo en enemistad, la democracia se diluye en el enfrentamiento con cada figura pública que pueda competir en el futuro.

La política se reduce a la expresión de los fanáticos : si el General nos indicaba no ser “ni sectarios ni excluyentes”, hoy se imponen sus críticos que despliegan una mirada donde la obediencia y el aplauso son el lugar obligado para no caer en la traición o en el campo del enemigo. Cuando los convencidos exageran sus convicciones los oportunistas suelen proliferar con sus silencios.


Necesitamos valorar las expresiones de los que cuestionan para no caer en la pobreza del espacio de la obsecuencia . Un conjunto de justificaciones y resentimientos intentan ocupar el lugar de encuentro que nuestra sociedad necesita. La Presidenta puede elegir el camino de pacificar y convertirse en la figura indiscutida que tanto necesitamos, o caer en la prisión de los desesperados por el cargo y devolvernos a una nueva frustración. Ella está en condiciones de elegir, y nosotros, obligados a apostar a lo mejor.

No era necesario sembrar tantos odios para tan poca justicia.

A veces la fractura social es más dañina que el dolor que intenta calmar con su placebo.

***Julio Bárbaro: Referente Histórico del Peronismo