lunes, 3 de noviembre de 2014

La Unesco incorporó la colección jesuítica cordobesa al patrimonio mundial



La colección de libros y documentos jesuíticos que pertenece y se resguarda en la Biblioteca Mayor de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC) fue incorporada al Patrimonio Documental de América Latina y el Caribe por el programa Memoria del Mundo. Este pertenece a la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO). Entre el 15 y el 17 de octubre pasado, este organismo reunió en México a expertos de 12 países, quienes escogieron la propuesta elevada por la Biblioteca Mayor de la UNC entre otras 23 presentaciones. 

Gabriela Cuozzo, directora de la Biblioteca Mayor de Córdoba, destacó la distinción y agradeció el trabajo de todos los que colaboraron con la presentación de la propuesta. También subrayó la importancia del resultado obtenido, ya que el programa “Memoria del Mundo” promueve la preservación y el acceso a la herencia documental de la humanidad. Con la inclusión de este material en el patrimonio común internacional, decisión que fue comunicada a las autoridades universitarias por el coordinador regional del programa, Guillerme Canela, se incentiva la conciencia sobre su existencia y significado, lo que le asegurará a la colección una difusión mayor que la que tiene en la actualidad.
La “Librería Grande”
El material “cordobés” que resultó seleccionado por los expertos es una de las grandes colecciones de la Biblioteca Mayor que nació prácticamente con la incorporación de algunos de estos materiales.

Como explican en la UNC, los orígenes de la documentación y de la propia biblioteca hay que buscarlos en 1613, cuando los religiosos de la Compañía de Jesús le entregaron al Colegio Máximo una importante cantidad de textos que formaron parte de la denominada “Librería Grande o Mayor”.

En la colección que todavía se conserva hay obras religiosas del propio San Ignacio de Loyola, de Santo Tomás y de San Agustín; aunque también de Aristóteles, Descartes y los cinco tomos de matemática de Wolf, además de la Opúscula patológica de Haller, entre otras obras científicas.

Cuando los jesuitas fueron expulsados de este territorio, en 1767, la colección de más de cinco mil ejemplares, quedó en manos de la Junta de Temporalidades, aunque luego pasó al monasterio de la Orden de Predicadores.
En 1812 la Junta de Mayo ordenó que una parte de la biblioteca se enviara a Buenos Aires para la fundación de la Biblioteca Nacional; y que los restantes volúmenes fueran devueltos a la Universidad Mayor de San Carlos (antiguo nombre de la UNC).

Esos libros de filosofía, teología y derecho se organizaron en el catálogo manuscrito Index librorum bibliotheca Collegi Maximi.
[Fuente: Sandra Martín]
Publicado en http://www.sai.com.ar/bibliotecologia/boletin/v/bie114.htm