domingo, 29 de septiembre de 2013

La reina de corazones: Un libro que resume las estampas políticas contemporáneas


El libro con las columnas de Viau, imprescindible para entender esta época

En ”La reina de corazones” se reúne el trabajo lúcido y de certeros análisis que la periodista publicó en sus últimos tres años de vida.
Es un fresco, renacentista si se quiere, pintado con colores luminosos y detalles enriquecedores que retrata con fidelísima ferocidad una época y una cultura también feroces del poder político en la Argentina, Ahora, ¡qué pincel!, ¡qué artista!, ¡qué trazos! Sudamericana acaba de publicar “Susana Viau–La Reina de corazones”, un volumen pequeño y abarcable, como los grandes amores, que reúne medio centenar de las columnas que la periodista Susana Viau escribió en este diario a lo largo de los últimos tres años de su vida. Susana murió de cáncer el pasado 24 de marzo, a los 68 años.
El libro contiene en la tapa una llamada muy simpática: “Las columnas de la periodista que le arruinó los domingos a CFK”. Ha de ser cierto. Pero en realidad, que el trabajo de un periodista le amargue el desayuno al dueño del poder, en cualquier parte del mundo, no es más que el resultado de su trabajo bien hecho. El periodismo molesta, revela, inquieta. Si no lo hace, es propaganda, como ya han celebrado otros colegas. El gran mérito de las columnas de Viau no es haber arruinado algunos domingos al poder, sino es haber iluminado el pensamiento de sus lectores, aún de quienes podían no coincidir con sus certeros y agudos análisis.
O con sus premoniciones. Allí está, escrita para la historia, su advertencia sobre la salud de Néstor Kirchner, el intrépido “estoy perfecto” que soltó a la salida de la operación por una obstrucción coronaria y la desconfianza de Viau hacia la “historia oficial” que el Gobierno dio sobre la enfermedad del entonces ex presidente. La columna “El matrimonio presidencial sobreactúa la salud de Néstor”, fue publicada el 19 de septiembre de 2010, un mes y ocho días antes de la súbita muerte del ex presidente.
Pero lo de Viau no eran las premoniciones, ni las admoniciones.
Con el vigor de un escultor, talló cada domingo el perfil del kirchnerismo, de sus funcionarios, de sus alcahuetes, de sus perdularios, de sus ambigüedades, de sus manotazos y de sus giros imprevistos, de sus laberintos y de sus negocios turbios. “La elección de Bergoglio, una afrenta a Cristina”, la última columna de Susana  antes de su muerte, es un ejemplo de cómo el kirchnerismo pasó de juzgar al Papa Francisco como un demonio, a desplegar sus artes de seducción, si es que las tiene, para usarlo como objeto de propaganda electoral. La columna “Hebe abandona en el camino a viejos amigos”, retrata un costado de los negocios espurios del Gobierno. La columna “Superficialidad kirchnerista en la ESMA”, refleja la banalidad con la que el kirchnerismo tomó en los últimos tiempos los derechos humanos, que fue en su momento una de sus torres más altas.
“Las grietas en el modelo cristinista”, de febrero de 2012, adelantó lo que nadie quiso ver. Y todo lo hizo Viau con una técnica impecable y clara, porque además hizo escuela: frases largas para describir, frases cortas para definir, adjetivos magros pero contundentes, claridad en las ideas, concisión en el lenguaje, humor, ironía. Un arte.
La Reina de Corazones”, habla sin palabras de su autora, que fue una mujer de una ética a prueba de balas, que debió esquivar dicho sea de paso, y a prueba de años. Así lo certifican en el libro sus amigos entrañables: Miguel Bonasso, Jorge Lanata y Oscar Muiño, autor de un prólogo de adulta ternura, que no puede ocultar la tristeza y desazón enormes que provocó la muerte de “La Viau”.
El libro, imprescindible cuando se intente comprender estos años, deja también una enseñanza.
El periodismo, esta profesión maravillosa, no es ni será lo que los poderes creen que es, o quieren hacer creer que es. El periodismo son las páginas que dejan escritas, como testimonio involuntario de una época, periodistas lúcidos y valientes como Susana Viau.

POR ALBERTO AMATO