jueves, 30 de mayo de 2013

¿Cuáles son los diez escritores imprescindibles de la literatura argentina? / Por Maximiliano Tomas

Todo empezó como empiezan estas cosas: un poco en broma, otro poco
como un desafío, que se va haciendo serio aunque finalmente no lo sea.
El martes a la noche, en el marco de un taller literario, un grupo de
nueve personas hablaba sobre literatura argentina. Más precisamente de
la obra, envolvente y pregnante, de Juan José Saer. La pregunta era
por dónde, por qué libro empezar a leerlo. Alguien propuso Nadie,
nada, nunca, otro dijo La ocasión y un tercero Cicatrices. En un
momento, otra persona preguntó, tal vez con ánimo de polemizar: ¿es
Saer uno de los escritores fundamentales de la literatura argentina?
La respuesta fue contundente: nadie que vaya a tomarse en serio la
lectura o la escritura de ficción en nuestro país debería desconocer
la obra de Saer. Y un poco en broma, otro poco como un desafío, surgió
entonces la idea de componer, rápidamente, de memoria, una lista con
los diez escritores imprescindibles de la literatura argentina.

¿Cuáles eran los requisitos, más allá del gusto personal, que debían
guiar la búsqueda? Algo que parece sencillo pero, por supuesto, no lo
es: mencionar autores de ficción cuyos textos, por alguna razón,
hubieran dejado una marca indeleble en la corta historia literaria
argentina. Obras singulares o influyentes, visiones del mundo
personales, estilos inimitables o inasimilables, novelas y cuentos que
hayan proyectado una larga sombra o puedan haber dejado una marca
profunda en la tradición literaria, esos libros con los que se pierde
toda inocencia como lector o como narrador. Textos corrosivos o
indelebles, después de los cuales el pasto nunca vuelve a crecer
igual. Ya estaba el primer nombre: Juan José Saer. Faltaban nueve.

Y un poco en broma, otro poco como un desafío, surgió entonces la idea
de componer, rápidamente, de memoria, una lista con los diez
escritores imprescindibles de la literatura argentina

El segundo paso fue rápido, casi un trámite, el ABC de la literatura
local: Arlt (las novelas y las obras de teatro), Borges (todos sus
cuentos y los ensayos), Cortázar (unos mencionaron Libro de Manuel o
62. Modelo para armar; otros libros de cuentos como Bestiario y Las
armas secretas. Nadie quiso volver a leer Rayuela) Ya había cuatro.
¿Hay manera de dejar afuera de la lista a Sarmiento y su Facundo? No,
no la había. Cinco. ¿Horacio Quiroga es argentino o uruguayo? Se votó
por la apropiación de Quiroga, por su anexión como autor rioplatense,
y la lista ya tenía seis nombres. Con Manuel Puig hubo acuerdo unánime
e inmediato: después de él la representación de la oralidad, los
diálogos, el lenguaje literario pegó un salto cualitativo, se
transformó incorporando una dinámica propia, en fin, nunca volvió a
ser el mismo. Siete, entonces. Con Fogwill tampoco hubo demasiada
discusión: pocos autores contemporáneos tan influyentes y con novelas
tan indispensables como Los Pichiciegos, En otro orden de cosas o
Vivir afuera (y con una obra breve prolífica, variada, cautivante y
poderosa). Quedaban apenas dos lugares. Y con solo tres o cuatro
textos, el noveno nombre elegido fue el de Osvaldo Lamborghini: hay un
antes y un después de El Fiord, y también, aunque en menor medida, de
relatos como El pibe Barulo, El niño proletario o La causa justa.
¿Cómo pretender horadar la lengua, hacerle trampas, exasperarla o
quebrarla sin leer antes al hermano menor de los Lamborghini?

En ese momento se llegó a una encrucijada incómoda y molesta. Para
empezar, era una lista eminentemente narrativa, y como si fuera poco,
hasta misógina: ¿qué pasaba con las mujeres? ¿Y con los poetas? Si se
tardó unos quince minutos en proponer nueve nombres, la siguiente
media hora se discutió quién podía ser el décimo de esta lista
arbitraria, pero al mismo tiempo justificada y defendida con el peso
de las propias lecturas. ¿José Hernández podía quedar afuera? ¿Y
Esteban Echeverría? ¿Leopoldo Lugones o Macedonio Fernández? ¿Ernesto
Sabato (descartado) o Manuel Mujica Láinez (también)? ¿Y Bioy Casares?
¿David Viñas, Abelardo Castillo, Carlos Correas o Leónidas
Lamborghini? ¿Es Witold Gombrowicz un escritor argentino? ¿Y qué pasa
con Copi, o con Héctor Libertella, o con Néstor Perlongher? ¿Y con
Rodolfo Walsh (o incluso, alguien propuso, con Roberto Fontanarrosa)?
¿Alejandra Pizarnik o Silvina Ocampo? ¿Y qué hacer con Ricardo Piglia
y con César Aira (hasta ahí llegamos en la línea de tiempo)? ¿Cuántos
de estos nombres seguirán siendo válidos de acá a una década,
cincuenta años, un siglo?

De más está decir que el listado quedó incompleto: apenas se pudo
llegar a un acuerdo sobre nueve autores
De más está decir que el listado quedó incompleto: apenas se pudo
llegar a un acuerdo sobre nueve autores. No fue posible quitar uno
solo de los nombres elegidos para ser reemplazado (tal vez Quiroga
fuera el que peor se defendiera) por cualquiera de los que figuraban
en la larga enumeración de excluidos. Más allá de acuerdos o
desacuerdos (habrá muchos a los que esta lista les resulte sospechosa
o extravagante: ¡claro, es apenas una lista!), puede ser interesante
pensar qué dice de la manera en que un grupo de lectores y escritores
valoran la literatura argentina actual. Qué dicen las presencias y las
ausencias. Por ejemplo: ¿alguien advirtió que se estaba construyendo
un listado únicamente compuesto por autores muertos? ¿Qué viene a
traer la muerte y la clausura definitiva de una obra a la figura de un
autor? Que cada quien haga su lista, y se enfrente a sus propios
prejuicios..

Fuente: http://www.lanacion.com.ar/1586663-cuales-son-los-diez-escritores-imprescindibles-de-la-literatura-argentina