domingo, 10 de julio de 2011

El bibliotecario de la ley


Armando Agustín Gómez hizo la educación de los primeros grados en el Hogar Escuela "Juan Domingo Perón", medio pupilo porque su madre tenía que trabajar como enfermera en el sanatorio Del Litoral y no había quien controle su conducta y su tiempo libre.


La decisión resultó acertada porque hoy, a los 57 años, atribuye su base formativa a las maestras que tuvo en dicho colegio, las señoras de Godoy y Albornoz de Palomenque, que acompañaron sus ganas de superarse y lo incentivaron de tal forma, que cuando debió rendir el examen de ingreso a la Escuela Nacional de Educación Técnica (más conocida como "la Enet"), entró en octavo lugar y su compañero de banco y de estudios, obtuvo el primer puesto.


Agustín cuenta estas anécdotas y mira hacia las paredes de la habitación donde la charla se desarrolla. Esas paredes están cubiertas por libros de distintos formatos, algunos con lomos muy añejos. "El libro más antiguo está escrito en latín y data del año 1680", dice sin disimular su orgullo, bien entendido, porque hace 36 años se desempeña como bibliotecario de la Legislatura de la Provincia de Corrientes y desde el 2001, como director a cargo, cuando por decreto ley se modificaron las estructuras originales y se separó a la biblioteca del área de Información Parlamentaria y del Archivo.


"No tenía por costumbre leer de manera continua, pero siempre con responsabilidad daba un vistazo a los títulos que iban entrando. Hice un curso de 9 meses dictado por la UNESCO, fui bibliotecario de curso y luego vinieron los de carrera, aunque hasta entonces no había nada de eso.



"La bibliotecología es una ciencia que requiere de gran práctica, pero al momento de clasificar o catalogar los libros, la experiencia ayuda a definir con precisión. En este momento contamos con 11.900 volúmenes, la mayoría son específicos en Ciencias Sociales y más en la rama del Derecho. Si se dispone de varios ejemplares, se prestan a domicilio, contra entrega de la libreta universitaria. Actualmente y por disposición del vicegobernador Braillard Poccard, se incorporan libros de las carreras técnicas".


Antes, en la amplia sala ubicada sobre el ala izquierda del edificio de la Legislatura, por calle Salta, vecino de la Casa de Gobierno y unidos ambos por un laberinto de pasillos, había una mesa de grandes dimensiones. Ahora, el espacio se redujo y la tecnología suplantó las máquinas de escribir de los escritorios contiguos y brillan las pantallas de dos computadoras.
Una parte de la biblioteca está ocupada por la Hemeroteca que ordena Gladys Espósito. Se coleccionan diarios de Corrientes (todos) y nacionales (tres, La Nación, Clarín y Ámbito Financiero). Cada cuatro años el archivo se va depurando, aunque se conservan los del año '99 por el gran movimiento social que significó para la época.
La biblioteca atiende de 7 a 13 y de 15 a 21, y la cantidad de lectores disminuyó por el traslado de la Facultad de Abogacía al predio del Campus Universitario. Aún así, son 350 las personas que por mes se acercan a informarse. De los políticos, pocos franquean la puerta, pero sus asesores son asiduos consultores.


"Trabajé en Información Parlamentaria y fueron años de desvelo pero de gran satisfacción interior. Amo este lugar, no seré un ratón de biblioteca pero me considero un funcionario probo. No escribí un libro, pero puedo asegurar que llevo años cuidando lo que otros escribieron", agrega.


"Siempre imaginé que el Paraíso sería algún tipo de biblioteca", opinó Jorge Luis Borges. Y Steinbeck decidió: "Por el grosor del polvo en los libros de una biblioteca pública, puede medirse la cultura de un pueblo".






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Daniel Díaz /Bibliotecario Argentino 
            
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