miércoles, 8 de diciembre de 2010

El castillo / Franz Kafka

El castillo, de Kafka, la angustia del hombre contemporáneo.Una excepcional muestra de literatura existencial /Por Luis Martínez González

Dentro de las tendencias existenciales que se producen en la literatura a principios del siglo XX –agudizadas tras la barbarie de la Primera  Guerra Mundial-, cada escritor posee su propio punto de vista y su opinión acerca de la vida.

Así, algunos buscan salida en la fe religiosa –es el caso de G. K. Chesterton o Giovanni Papini-, otros se muestran escépticos –Aldous Huxley o Thomas Mann- y un tercer grupo muestra al hombre como un ser deseoso de felicidad pero irremediablemente frustrado. Este es el caso de Luigi Pirandello.

Pero, dentro de éstos últimos, quién brinda una muestra más inquietante del sufrimiento del hombre contemporáneo es sin duda el checo Franz Kafka (Praga, 1883-1924). Sus obras presentan un mundo inhumano, dirigido por oscuras fuerzas que nos son desconocidas y que reduce a las personas a la mera condición de número, de un títere al que aquéllas mueven y manejan a su antojo.

Así se aprecia en todas sus obras –que Kafka nunca quiso ver publicadas- pero de modo muy especial en sus tres novelas más importantes: La metamorfosis presenta a su protagonista, Gregor Samsa convertido en un insecto repulsivo, condición que deberá aceptar con resignación; El proceso, a Joseph K. sometido a un juicio sin saber ni siquiera de qué se le acusa ni poder defenderse frente a una burocracia absurda y El castillo, como veremos, sigue una línea similar.

Escrita en 1922 e inacabada, lo cual contribuye –al no dar una salida a la peripecia que vive el protagonista- a la sensación de absurdo claustrofóbico de la situación, El castillo presenta al agrimensor K., que arriba a una aldea dependiente del castillo del conde Westwest para tomar posesión de un empleo. Problemas durante el viaje lo han retrasado y, cuando llega, la decisión de contratar a alguien para ese trabajo ha sido revocada.

A partir de este momento, el protagonista se verá abocado a una situación absurda. La aldea se halla regida por un poder que la subyuga pero que ni siquiera sus habitantes aciertan a explicar. K. trata de hacer comprender su situación a quiénes le habían contratado pero su única vía de comunicación con el interior del castillo será Barnabás, un simple mensajero que tan pronto ayuda como entorpece sus intenciones.

Todo en esta obra resulta claustrofóbico. Incluso su redacción, con una gramática difícil, contribuye a ello. Y la peripecia de K. queda como una de las mejores muestras simbólicas del desarraigo vital del hombre moderno, perdido en un mundo que no acierta a comprender. http://goo.gl/voIxK

Fuente: 7mares -- grupo-az@googlegroups.com