sábado, 18 de diciembre de 2010

2010, el año de las traducciones

Con la Feria de Frankfurt como motor, este año la literatura argentina fue objeto de una cantidad de traducciones poco habitual –incluso a idiomas insospechados, como el malayo, el danés o el esloveno–, gracias a una irradiación que llegó a 33 países y 28 lenguas. Mientras tanto, en las librerías locales, nuevos títulos y sellos independientes suman propuestas de calidad. A manera de orientación, Ñ propone una selección de los títulos más significativos, con recomendaciones de escritores y críticos.

De noviembre de 2009 al de 2010, el año editorial en la Argentina estuvo marcado por el aluvión de obras, de distintos géneros y formatos, dedicadas al Bicentenario. Desde las más comerciales que aprovechaban la coyuntura para dar a conocer la carta secreta de la última amante del ignoto prócer que tuvo una dudosa participación en los días de mayo hasta los volúmenes cuya preparación demandó años de investigaciones muy serias, durante meses las librerías se vieron saturadas por la temática. En este contexto, la culminación del universo Bicentenario estuvo dada por la participación de la Argentina como invitada especial a la Feria de Francfort, que tuvo sus luces y sus sombras, pero que en términos generales arrojó un saldo positivo para la venta de derechos y traducciones de autores nacionales.
En ese sentido, no fue menor la convocatoria generada por el Programa Sur, subsidio a la traducción otorgado por el Gobierno nacional, que estimuló la publicación de casi 300 títulos de autores argentinos en 28 idiomas y 33 países. Esto hizo posible ciertas versiones inesperadas, como la de El Aleph de Borges al malayo, Rayuela de Cortázar al georgiano y al danés, Acerca de Roderer de Guillermo Martínez al macedonio, Un chino en bicicleta de Ariel Magnus, al rumano y al hebreo, entre muchas otras al alemán, inglés, francés, portugués e italiano. Como aclaró la Cancillería, aunque se tradujeron muchos clásicos del siglo XIX y del XX, 170 traducciones correspondieron a obras de autores vivos.
La aparición de textos argentinos en diferentes antologías publicadas en el exterior también fue un acontecimiento estimulado por la presencia del país en la feria de Frankfurt. Entre ellas podemos citar La víspera de todo esplendor (Am Vorabend aller Pracht), dedicada a la literatura argentina desde Echeverría –publicación de la revista Die Horen– y Barcos de fuego (Schiffe aus Feuer), publicada por Fischer Verlag, con cuentos de escritores nacidos entre 1960 y 1970 de toda America Latina, entre ellos, siete argentinos. Ambas fueron editadas por Michi Strausfeld, para quien las compilaciones tuvieron la finalidad de "presentar la narrativa actual, algo que hace falta en Alemania, donde todavía se sigue hablando de realismo mágico". Los más jóvenes, como Lucía Puenzo, Pedro Mairal, Juan Diego Incardona, Félix Bruzzone y Romina Paula fueron publicados por Wagenbach, en una antología bautizada como Asado verbal, con selección de Timo Berger. El propio ministerio de Relaciones Exteriores editó la antología Poesía argentina del siglo XX, que encomendó al poeta Daniel Samoilovich y que fue traducida al inglés, para su distribución en Frankfurt, por Andrew Graham-Yooll.
Ahora se trata de esperar las repercusiones, como opinó el agente literario Guillermo Schavelzon, ya que recién "en tres años se podrá hacer un balance y ver quiénes tuvieron lectores y quiénes no".
La impresión de algunos escritores que viajaron permitió confirmar –como si hiciera falta–, la condición periférica de nuestro país y sus letras, que no están, precisamente, en la agenda europea. También algunos, como Federico Jeanmaire, deslizaron ciertos reparos con respecto a la posibilidad de que "se esté armando una suerte de nuevo imaginario en el que los europeos sólo tengan lugar para novelas sobre la dictadura", ante el énfasis en el tema por parte de la presentación oficial.
Una de las noticias más espectaculares de Frankfurt fue la inesperada compra, por algo más de dos millones de euros, de los derechos de los 54 libros de Borges. Emecé, la editorial que tradicionalmente publicó la obra del escritor, se vio económicamente superada por la oferta que Random House Mondadori le ofreció a su viuda. Con la salida de los primeros volúmenes se podrá evaluar hasta qué punto el nuevo sello enriquecerá –si eso es posible– las ediciones de nuestro escritor más célebre.
Como en años anteriores, en 2010, las librerías volvieron a mostrar una cantidad de títulos imposible de recordar incluso para los lectores más entrenados. A la par de los grandes grupos que siguen inundando de novedades las librerías según una lógica difícil de entender, siempre es reconfortante descubrir la calidad y el buen criterio de las editoriales pequeñas e independientes, que siguen surgiendo a partir de la crisis de 2001, de manera auspiciosa. A las ya consolidadas Eterna Cadencia, La Bestia Equilátera, Entropía, Mansalva, Winograd, Caja Negra o La Compañía, para mencionar apenas algunas y sólo en el ámbito de Buenos Aires, hay que sumar los esfuerzos de Tamarisco, Blatt & Ríos, Club Burton, Aquilina, El 8vo. Loco, Gog y Magog, Bajo la Luna, En Danza, Del dock, la reciente Muerde Muertos, la recuperada Interzona y de una enorme cantidad de sellos aquí y en otras regiones del país menos visibles desde el foco incandescente y enceguecedor de Buenos Aires.
Muchas de ellas han sumado, además, colecciones infantiles, algo novedoso, ya que en general desde la perspectiva más sofisticada de las editoriales independientes se prestaba poca atención a este segmento. Señal, seguramente, de la importancia creciente, no sólo en la Argentina sino en el mundo, de los niños como lectores, o al menos como destinatarios de una parte importante del gasto en libros de los mayores. Felizmente, esto redunda en propuestas de calidad como la colección Pípala de Adriana Hidalgo o La Pequeña Bestia, de La Bestia Equilátera, que se agregan a proyectos muy sólidos que ya tienen años, como el de Pequeño Editor, en el que las ilustraciones, el arte gráfico y la escritura comparten protagonismo.
En un mundo ideal, quizás, las colecciones de calidad para niños podrían llegar a reemplazar las ediciones trash (o el best-séller en su peor versión) como forma de sustento económico de una editorial.
Para este número especial, la redacción de Ñ seleccionó los títulos más significativos de entre la multitud que fueron recibidos hasta noviembre de este año –incluyendo los que salieron sobre el final de 2009 y que no contaron en su tiempo con la atención que merecían– en el terreno de la narrativa argentina y extranjera, la poesía, el teatro, la literatura infantil y juvenil, el ensayo nacional y de otras latitudes, la no ficción y el periodismo, los clásicos y las reediciones esperadas. En cada una de las secciones, se destaca una obra cuyos merecimientos se detallan en la reseña que la acompaña.
Ñ ha apostado, en algunos casos, por aquellas voces nuevas que han tenido menos visibilidad y son dignas de consideración.
Un grupo de escritores consagrados –poetas, narradores, ensayistas– fue consultado para recomendar autores emergentes que vale la pena conocer y difundir. Y la redacción también sugiere, por su parte, algunos escritores jóvenes que están suscitando interés y expectativas crecientes.
Una fotogalería responde al propósito de mostrar una mínima parte de los bellos libros de fotografía y arte que se publicaron este año. Y también aquellos que por su extrañeza, originalidad y calidad sobresalieron con luz propia en las mesas de las librerías.
Por último, quisimos hacernos eco de un anhelo universal de los lectores: hablar de aquellos libros que nos prometemos leer en vacaciones, que es lo mismo que decir, cuando tengamos tiempo. Así recogimos los testimonios de personajes de la cultura y el espectáculo que cuentan sus lecturas pendientes y deseadas.
En su ensayo Los demasiados libros, siempre oportuno, Gabriel Zaid se preguntaba: "¿Qué demonios importa si uno es culto, está al día o ha leído todos los libros? Lo que importa es cómo se anda, cómo se ve, cómo se actúa, después de leer. Si la calle y las nubes y la existencia de los otros tienen algo que decirnos. Si leer nos hace, físicamente, más reales." Quizás por eso y casi lo contrario –porque nos alivia la realidad cuando ésta se vuelve agobiante– siempre añoramos el momento feliz de la lectura. Que así sea.

Por JORGELINA NUÑEZ Y ALEJANDRA R. BALLESTER
Fuente: http://www.revistaenie.clarin.com/literatura/