viernes, 10 de septiembre de 2010

Conflictos y armonías de las razas en América / D.F.Sarmiento (1811-1888)



Extracto del libro referenciado, cuyo texto completo se adjunta para acceder al descarnado pensamiento de quien fuera presidente de la república argentina entre 1868 y 1874

"Cuando los virreinatos de España en América se sublevaron contra la corona, los hombres justos y virtuosos y las almas inteligentes de Europa y de Norteamérica abrazaron su causa del mismo modo que la de todos los pueblos que luchan por su libertad, contando desde luego con las más ardientes esperanzas y las más generosas simpatías. Veían a los colonos españoles determinados a rivalizar con los angloamericanos en su osada y afortunada resistencia a la dominación extraña, la cual, aunque severa e injusta muchas veces, era paternal, si se la comparaba a la absolutista y jerárquica cadena de la corona y de la Iglesia española que coartaba la libertad civil y religiosa. El mundo no conocía, sin embargo, la educación política, social y moral del pueblo que habitaba las colonias españolas.

La Europa, y principalmente la Inglaterra, la Francia, la Holanda miraban los progresos de la revolución de la América del Sud, en Méjico y en la América Central, como gloriosos esfuerzos que iban a librarlos de la tiranía de los reyes españoles y de la Iglesia, y que se alzarían naciones rejuvenecidas, fuertes e independientes. Esperaban que una vez libres de la dominación de Fernando VII, sus nuevos gobiernos fuesen reconocidos por la Inglaterra, Francia, Holanda y Estados Unidos. Las repúblicas hispanoamericanas, animadas por los progresos e instruidas por el ejemplo de la gran república anglosajona, habrían avanzado sin tropiezo en la marcha de la civilización, en la libertad política y religiosa, en la útil educación del pueblo, en explotar provechosamente los grandes recursos que sus vastos y fértiles territorios encierran para la agricultura, la minería, la construcción y el comercio.

Pero los habitantes de los países libres no habían estudiado, y en verdad que no habían podido hacerlo, las condiciones físicas y morales de la raza española en las colonias. De aquí nace el desencanto que sobre el progreso de Sudamérica y Méjico ha sobrevenido; y si hubiese vivido, ningún hombre habría sido más terriblemente mortificado, al ver la presente condición y deplorable perspectiva de aquellos Estados, que Jorge Canning, el ministro inglés que fue el primero en anunciar que la Inglaterra había reconocido y añadido más naciones libres e independientes a los Estados constituidos del mundo.

En nuestro examen de los progresos de la revolución en la América española, no hemos descubierto formidables obstáculos opuestos al final triunfo de aquellas sublevaciones contra la corona y dominación de la España. Pero es un hecho extraordinario en la historia de un pueblo en otro tiempo tan formidable, que en el momento presente (1846), en parte alguna del mundo donde se hable la lengua española, haya libertad civil y religiosa, en donde no exista el espíritu de anarquía, y donde haya confianza o seguridad en el Gobierno. ..... Todos los Estados argentinos han permanecido por largo tiempo entregados a la guerra o a la anarquía; los anales de Centroamérica sólo recapitulan guerra y matanzas, y por algunos años un hombre sin educación y de raza indígena llamado Herrera, ha dominado a Guatemala. La condición de Méjico es sin esperanzas, según aparecerá detallado en el cuarto volumen de esta obra. La ignorancia, el fanatismo del sacerdocio, la tenacidad con que la raza que habla el idioma español adhiere a todos los vicios y olvida las virtudes de sus antepasados, el mantenimiento demasiado general en la práctica, de la viciosa legislación comercial y fiscal de la antigua España, la absoluta disminución, en unas partes, o el poco sensible aumento de la población en otras, la falta de espíritu de empresa, la prevalente indolencia, la agricultura rutinera, la falta de hábitos comerciales, son más que suficientes causas para explicar la impotente y nula condición de las repúblicas hispano americanas.

El extraordinario poder, riqueza y prosperidad de los angloamericanos, son debidos a causas enteramente diferentes -a una población que ha crecido en número con una prosperidad sin ejemplo, poseyendo abundante empleo e incansable energía, industria y confianza en sí misma, animada en todo tiempo por un infatigable espíritu comercial y marítimo con extraordinaria inteligencia en todas las materias que tienen relación con los negocios activos del globo, y una indomable perseverancia en busca de aventuras, animadas del espíritu de adquirir; todo esto mantenido por el sentimiento de la independencia de acción que la libertad civil y religiosa inspiran.

Por muchas que sean las imperfecciones de la naturaleza humana y especialmente las de la esclavitud en los Estados del Sud, que no puede aprobarse en los angloamericanos, el destino de sus progresos en el mundo occidental, aunque en lo sucesivo puedan dividirse en gobiernos separados, será fatalmente creciente."



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Domingo Faustino Sarmiento (San Juan, Argentina, 15 de febrero de 1811 – Asunción del Paraguay, Paraguay, 11 de septiembre de 1888) fue un político, pedagogo, escritor, docente, periodista y militar argentino; gobernador de la Provincia de San Juan entre 1862 y 1864, Senador Nacional por su Provincia entre 1874 y 1879 y presidente de la Nación Argentina entre 1868 y 1874.