miércoles, 4 de agosto de 2010

El Facundo de SARMIENTO

Por Juan B. Alberdi
Hacia 1852 se produjo una crucial polémica entre Faustino Sarmiento y Juan Bautista Alberdi en torno al destino de la confederación que los pueblos rioplatenses pretendían erigir bajo el liderazgo del general Justo José de Urquiza.
Arropado de un legalismo autosostenido, Sarmiento confluia sin escalas en el centralismo porteño y le reclamaba al vencedor de Caseros —aludiendo a supuestos errores formales del Acuerdo de San Nicolás— la instauración de un auténtico "imperio de la ley". Para ello, entendía, era imperioso el aniquilamiento de los caudillos, a quienes identificaba con la barbarie rural y la sobrevivencia de la colonia española.
El tucumano Alberdi le salió al cruce. Y en el fragor de la contienda epistolar surgió, reiteradas veces, la evocación del apotegma "civilización o barbarie" estampado —con una literatura digna de mejores objetivos— en las páginas de Facundo.

Así lo atestigua este breve fragmento:

En la República Argentina se ven a un tiempo dos civilizaciones distintas en un mismo suelo —decía el señor Sarmiento—: una naciente que, sin conocimiento de lo que tiene sobre su cabeza, está remedando los esfuerzos ingenuos y populares de la edad media; otra que sin cuidarse de lo que tiene a sus pies, intenta realizar los últimos resultados de la civilización europea: el siglo XIX y el siglo XII viven juntos; el uno dentro de las ciudades, el otro en las campañas.
La idea de dos civilizaciones intempestivas en presencia, tiene mucho de cierto, pero el autor se equivoca en la localización que hace de ellas, fijando una en las ciudades y otra en las campañas.
(...) Ud. se extravía de la verdad histórica al localizar esas ideas, como lo hace.
Ud. pone en los campos la edad media y el antiguo régimen español, y en las ciudades el siglo XIX y el moderno régimen.
La vista nos enseña que no es así. La colonia, es decir, la edad media de la Europa estaba en los campos y estaba en las ciudades, lo mismo que había existido en Europa. La revolución a su vez, es decir, el siglo XIX de la Europa, invadió todo nuestro suelo, abrazó los campos y las ciudades. De ambas partes salieron los ejércitos que conquistaron la independencia. Las ciudades dieron infantes, los campos caballerías.
Los gauchos nunca han sido realistas después de 1810. Los campos fueron siempre el baluarte de nuestra independencia, y el paisano, el gaucho, su primer soldado. Catorce escuadrones de caballería estrecharon y precipitaron a Whitelocke en la derrota. San Martín, Suárez, los Necochea, Lavalle, Lamadrid, Pringles, etc., fueron oficiales de gauchos, porque fueron jefes de caballería, que se componía de campesinos y no de zapateros y sastres.
Las victorias de San Lorenzo, Tucumán, Chacabuco, Río Bamba, Pichincha, Junín e Ituzaingó, son victorias que se deben a nuestros campesinos, pues se obtuvieron principalmente por la caballería, pudiendo muy bien decirse que la España fue echada de estos países a lazo y bola.
De los campos es nacida la existencia nueva de esta América; de ellos salió el poder que echó a la España, refugiada al fin del coloniaje en las ciudades, y de ellos saldrá la autoridad americana, que reemplace la suya, porque ellos son la América del Sud, que se define: —"Un desierto por regla, poblado por excepción".
La política que no sepa apoyarse en nuestros campos para resolver el problema de nuestra organización y progreso, será ciega, porque desconocerá la única palanca que hace mover este mundo despoblado. ¿Dominar el desierto sin el hombre del desierto, es cosa que tenga sentido común? Siempre que veáis en Sud América otra cosa que un mundo despoblado, incurriréis en error.
No achaquéis a los campos la anarquía. Ella ha sido hija de la revolución, que ha dividido campos y ciudades.
La localización de la civilización en las ciudades y la barbarie en las campañas, es un error de historia y de observación, y manantial de anarquía y de antipatías artificiales entre localidades que se necesitan y completan mutuamente. ¿En qué país del mundo no es la campaña más inculta que las ciudades?
El catecismo de esa falsa doctrina es el Facundo.

Fuente: http://contexthistorizar.blogspot.com/