domingo, 27 de junio de 2010

Gazeta de la Biblioteca Nacional [Argentina]

 
Hacia el Bicentenario de la Biblioteca Nacional
Por Horacio González, Director de la Institución
 
 
Mariano Moreno  
En la Buenos Aires de 1810 había movimiento de libros, bibliotecas obispales y privadas, préstamos organizados entre particulares, interés por la lectura. Era año de ebullición social, de formación de ejércitos y sutiles proclamas para presentar un movimiento que era independentista pero tropezaba con el complejo cuadro de la política internacional. Eso lo obligaba a hablar con cuidado y a transitar por no pocas ambigüedades.
Quizás por eso la función de la escritura adquiere una dimensión más dramática. Se lo nota en los nuevos documentos que surgen y publica el diario oficial en el transcurso de ese año 10. Una nueva escritura está en el aire. Mejor que nadie, es Moreno el que la representa. Escritura recubierta de excesos y a la vez sostenida en modalidades argumentativas propias de academias, concilios y bufetes palaciegos. Es prosa cerrada que proviene de un mundo detenido, que de repente recibe una ráfaga que la pone a disposición de una historia mayor.
Con estos manierismos se escribe el texto de fundación de la Biblioteca Pública, luego Biblioteca Nacional. Es el artículo morenista titulado Educación, publicado en la Gazeta de Buenos Ayres el 13 de septiembre de 1810. Los énfasis soberbios de este escrito, que posee una poética exacerbada, arrebatos mitológicos y disposiciones de urgencia, puede compararse con el posterior Decreto de supresión de honores. También en este poderoso escrito se percibe la superposición de una filosofía ilustrada con un articulado y disposiciones que surgen de una gran precipitación. Por un lado, se había juzgado que el presidente de la Junta tenía que gozar de honores para que no se lo viera disminuido respecto a las potestades del Virrey saliente. Por otro lado, Moreno juzga que existía la madurez suficiente como para señalar que esos honores debían suprimirse para que emerja el poder republicano sin aderezos teatrales.
  Gazeta de Buenos Aires
Se planteaba así un problema de gran calibre político respecto a las "percepciones del vulgo", que podía guiarse por las apariencias que estaban a la vista en cuanto a los símbolos de poder emanados de la carroza y los oropeles del Virrey. De tal manera que al principio se haría aconsejable mantener esas formas superficiales. Pero luego había que descartarlas rápidamente para que los nuevos funcionarios no aparecieran con condecoraciones, escoltas y simulacros que confundieran al pueblo sobre la naturaleza democrática de su poder. Estos extraordinarios párrafos, si se quiere tienen la misma estructura que el escrito de fundación de la Biblioteca. En éste, se presenta la tarea de la ilustración popular en tiempos de guerra como una acción tan ineludible que si la Biblioteca no la cumpliese, merecería castigos prodigiosos. Del mismo modo, hay homéricas penalidades contra el ebrio capitán Duarte, que por su famoso brindis hubiera merecido la pena de muerte pero en vista "de su estado de embriaguez se le perdona la vida pero se lo destierra perpetuamente de esta ciudad".
La historia de los escritos fundadores de la nación tiene la misma marca de vértigo y desmesura de los primeros documentos que rigen la vida de la Biblioteca. Se percibe en los que han llegado hasta nosotros, el contrapunto entre la acción bibliotecaria específica y el sentido turbado de los tiempos. Es decir, entre la ciencia como profesión y la política como vocación. Como parte del andamiaje del Estado, la Biblioteca está en incesante proceso de acabado. Pero éste nunca se consuma. Vicente Quesada, hacia finales del siglo XIX creyó que con sus informes precisos se llegaba al fin de una tarea bibliotecológica moderna. Pero años después, su sucesor Groussac –en la formidable historia de la Biblioteca que escribe en 1893–, lo tiene como un afanoso bibliotecario sin la capacidad de entender el lugar de una Biblioteca en los debates culturales del momento. ¿Cómo será juzgado el propio Groussac luego de su extenso período de más de cuatro décadas? Su sucesor Carlos Melo lo tendrá como un descuidado director que había fundado en la Biblioteca un panteón ilustrado cuyas alturas no lo dejaban descender a las necesidades del mero lector. No es justa esta apreciación, pues Groussac hizo de la Biblioteca un ámbito de definiciones sobre la política de la investigación histórica y el perfil del futuro lector. Todo lo contrario a las opiniones que lo criticaban, basadas apenas en estadísticas de consulta. El profundo movimiento interno de la biblioteca en tiempos de Groussac, entre la construcción metódica de catálogos y una vida cultural que ponía en carne viva la historia nacional, no se recrearía luego de la misma manera. Toda la discusión posterior de la Biblioteca giraría alrededor de la tensión irresuelta entre bibliotecología e historia pública, entre catalogación y movimiento social.
Jorge Luis Borges  
Seguía vigente la dificultad del legado morenista. La Biblioteca debía cumplir bajo presión de la historia un mandato de ilustración popular, pero eso entrañaba discusiones políticas en torno a la interpretación del acto de lectura y una hipótesis de modernización que nunca parecía alcanzar para poner al establecimiento a la altura de las exigencias más novedosas. Borges, en sus casi dos décadas de permanencia en la Biblioteca, dejó abierto el tema. Pero agregó algo que solo él podía hacer. La fusión entre su literatura y su presencia física en la Biblioteca, como el encuentro entre el espíritu y su materia.
En La Biblioteca de Babel, Borges escribe una Teoría de la Biblioteca, asombrosa y arbitraria. El mundo humano podría desaparecer, y la ya inútil biblioteca sería una sustitución de la vida desaparecida, a la que habría que interrogar sin esperanza. La búsqueda del orden –del catálogo general–, sería siempre interrumpida por el acto de negación del catálogo. Todo podría clasificarse pero nada tendría capacidad para convertirse en un elemento homogéneo con otro, nada estaría en condiciones de formar parte de categorías generales. Los hechos no se agrupan, no sólo porque cada uno es intransferible sino porque siempre alguno escapa. Se presenta la irreductible necesidad de reconocer lo individual como inclasificable, o cada clasificación depende de otra superior a ella que clasifica a los clasificadores. Todo el mundo se halla en afirmación inútil de sus elementos en fuga. 
La Teoría de la Biblioteca de Borges puede transitar por estas observaciones: "que todos los libros, por diversos que sean, constan de elementos iguales: el espacio, el punto, la coma, las veintidós letras del alfabeto (…) No hay en la vasta Biblioteca, dos libros idénticos. (…) La Biblioteca es total y sus anaqueles registran todas las posibles combinaciones de los veintitantos símbolos ortográficos (número, aunque vastísimo, no infinito) o sea todo lo que es dable expresar: en todos los idiomas. Todo: la historia minuciosa del porvenir, las autobiografías de los arcángeles, el catálogo fiel de la Biblioteca, miles y miles de catálogos falsos, la demostración de la falacia de esos catálogos, la demostración de la falacia del catálogo verdadero, el evangelio gnóstico de Basilides, el comentario de ese evangelio, el comentario del comentario de ese evangelio, la relación verídica de tu muerte, la versión de cada libro a todas las lenguas, las interpolaciones de cada libro en todos los libros, el tratado que Beda pudo escribir (y no escribió) sobre la mitología de los sajones, los libros perdidos de Tácito".
Puede verse aquí una apología del pensamiento clasificador y, al mismo tiempo la crónica de su imposibilidad. En la historia de la Biblioteca Nacional, este catálogo estructuralista fallido de Borges, hace las veces de un manifiesto en la misma escala del texto fundador de Moreno. Si en éste se constataba que una Biblioteca que no cumpliese su fin debería desaparecer en forma sacrificial, en el borgismo de un siglo y medio después, la Biblioteca cumple todos sus fines al punto de significar la desaparición del género humano. Estas desmesuras hacen de las bibliotecas entidades vivas, que dependen de actos constantemente plebiscitarios, fundaciones diarias. Existen sobre un hilo tan delgado que siempre puede quebrarse. Existen porque les es muy fácil desaparecer. Es cierto que descansan en su interior legados mudos que están a la esperan del tiempo de su lectura o redescubrimiento. Pero lo que Moreno y Borges querían decir es que una Biblioteca tiene una doble manifestación de presencia: en la historia colectiva y pública, donde hay lectores reales que reclaman un buen servicio; y en la historia del mito de las civilizaciones, donde cada hecho, por mínimo que fuera, reclama su propia ley de existencia entre el recuerdo y el olvido, entre la vida y la desaparición de la vida. En el primer caso, las bibliotecas son catalogables, modernizables, informatizables. Son y deben serlo. En el segundo caso, las bibliotecas son dramatizables, politizables, mitologizables.
Basta tener sumarios conocimientos sobre las grandes bibliotecas mundiales, desde la de Alejandría hasta la Library of Congress, para ver que son individuos histórico-culturales al par que metodológico-sociales. Muchas discusiones parten de la contraposición entre ambas esferas y a veces se organizan partidismos alrededor de uno u otro énfasis. Pero sin pretender mágicos equilibrios o  benévolos programas de arbitraje entre ambos, es necesario crear incesantes puntos de intersección e interpolación que son mutables según las épocas y las situaciones.
Para ejemplificar los "dos corazones" de las grandes Bibliotecas, el corazón de la teoría bibliotecaria ligada a las utopías del saber, y el núcleo de la administración catalogada de los conocimientos y consultas, veamos un sugestivo escrito firmado por Jorge Luis Borges el 10 de marzo de 1973. En este escrito, Borges refuta a un lector que protesta por el hecho de que los empleados de la Biblioteca se retiran antes del horario de finalización de atención al público. En nota a la sección Cartas de Lectores de Clarín, con firma de Borges, se lee que ésa es una apreciación injusta. "Demasiado grosera es esta gratuita imputación a un personal que no ahorra fatigas poniendo el hombro más allá de sus normales obligaciones". El texto está repleto de giros administrativos y lugares comunes, aunque defiende una causa justa. Lo cierto es que es improbable que lo haya escrito Borges, que en su juventud, para escribir la propaganda de un yogurt empleó modismos de ruptura con los clishés propagandísticos.
Esta carta publicada en Clarín un día antes del triunfo electoral del peronismo cerrando el largo ciclo histórico de su proscripción, es muy curiosa no sólo por el ambiente histórico en que es publicada. Llama la atención también que es la firma de Borges en un texto que no pertenece a la inflexión borgeana. ¿Lo escribió el subdirector, algún empleado o agente de prensa de la biblioteca, como suele suceder en estos casos? Sin embargo allí está la firma de Borges en un escrito acuñado en las fórmulas de la dicción administrativa, estatal. O él lo escribió en un raro ejercicio de desdoblamiento conceptual, o lo escribió otro por él que resignadamente lo ha firmado. De la manera que sea, agrega extrañeza al mundo borgeano con la demostración de que ni aún el máximo escritor contemporáneo de la lengua castellana evita desprendimientos fantasmales que asocian su nombre a prosas del tráfico oficinesco.
  Clarín: marzo-1973
El autor de La Biblioteca de Babel no desdeñaba sumergirse en los escritos de la rutina administrativa con su propio nombre, dándole firma a escritos que contradicen totalmente su vocación esencial, la de cuestionar en el acto mismo de la escritura cualquier atisbo de trivialidad en la expresión. Cuando son mencionadas, es para señalar no sin ternura y resignación irónica, los modos usuales de las lenguas populares.
En este contraste borgeano entre su teoría de la biblioteca y su condición momentánea de administrador de biblioteca, vemos la señal profunda de las instituciones bibliotecarias, que Borges asumió como destino literario pero también como la obligación del expediente, el despacho diario y la voz anodina del funcionario. No parecía haber ironía en este último caso. 
Tenemos aquí una magnífica demostración de lo que hasta ahora, a punto de cumplir doscientos años, es el encargo y la confidencia de la Biblioteca Nacional, tan diferente a la de Moreno y en cierto sentido tan igual en sus dilemas entre la historia y la lectura cotidiana que ofrecen sus libros, documentos y tesoros. En estos momentos, la Sala del Tesoro Paul Groussac, la Fototeca Benito Pannunzi, la Audioteca Cuchi Leguizamón; la sala de Publicaciones Periódicas Antiguas Roberto Arlt; el Archivo Institucional Gaspar García Viñas, la Hemeroteca Ezequiel Martínez Estrada, viven momentos de gran actividad. La Hemeroteca recientemente ha cambiado de nombre, en un gesto que no era fácil, que no se hizo con descuido y que tampoco implicó negar la historia efectivamente ocurrida bajo sus nombres pesarosos. Intentando una pedagogía restitutiva de valores profundos, en la medida en que relanzaba una interpretación intensa de la historia de la Biblioteca, se limitó el nombre de Gustavo Martínez Zuviría a la sala de retratos de ex-directores, retirándolo de los ámbitos públicos conmemorativos por razones que en su momento se dieron a conocer sine ira et studio. El historiador Omar Acha envía una noticia respecto a que en los años 50 la Hemeroteca se llamaba Saturnino Segurola. El fraile de la vacuna, gran coleccionador y archivista, director de la Biblioteca en 1821, merecía el homenaje. El de Zuviría ha sido bautismo que sólo pudo ocurrir, pues, durante el período de Vicente Sierra o de los gobiernos militares. Los nombres son formas de la historia.
Prosiguiendo con nuestra reseña, próximamente será inaugurado el Archivo Audiovisual Hugo del Carril, que por medio de convenios con autoridades nacionales de servicios audiovisuales, contendrá tramos relevantes del patrimonio grabado de radios y televisión argentinas.
Esta Casa siempre abre sus puertas para recoger las bibliotecas particulares que quedan sin su estímulo vital, siendo "biblioteca de bibliotecas" para recibir en donación o por compra los esfuerzos que realizaron en vida notables escritores para forjar su mundo habitado por obras y escritos. Así hemos recibido parte de la biblioteca o de los archivos de Alejandra Pizarnik, de Fermín Chávez, de Darío Alessandro (padre), de Aníbal Ford, de Dardo Cúneo, de Floreal Ferrara, y probablemente en el futuro próximo, de Bernardo Verbitzky y de Oscar Varsavsky.  Por otra parte, se halla en conversaciones el traspaso a la Biblioteca de la formidable hemeroteca particular de Rogelio García Lupo. El Archivo de Manuscritos Gregorio Selser se halla activo para recibir manuscritos y favorecer la actividad de investigadores con su nutrido patrimonio de documentos en constante crecimiento.
En esta Biblioteca de tantos pasadizos y formas vitales, y en la cercanía de su bicentenario, es necesario decir cuáles son los puntos de inflexión entre lo actuado y los tramos de futuro inmediato que atravesaremos. En las próximas semanas comenzará la tarea de instalación del nuevo software surgido del proceso de licitación internacional; se ha concluido con la tarea de dotar a la Biblioteca con un nuevo sistema de climatización, al que resta darle sus últimos ajustes. La inversión fue superior a los 6 millones de pesos, a cargo de la Secretaría de Obras Públicas; con el auxilio de esa misma Secretaría, está en marcha el recambio en el parque de ascensores, con un presupuesto de más de 5 millones de pesos, que culminaría a comienzos del año próximo, incluyendo la restauración de montalibros y un nuevo ascensor hidráulico exterior. También para los inicios del 2011 se espera la finalización de la construcción del Museo del Libro y de la Lengua, un proyecto confiado a los arquitectos Testa y Bullrich.
No es poco lo que se ha hecho ni tampoco lo que resta. Prevemos la aceleración de las tareas de digitalización, para las que aún faltan equipamientos adecuados; el desarrollo de gestiones para que la Biblioteca cuente con una nueva estructura operativa, ya que hasta el momento sólo ha sido aprobada la línea superior; el sostenimiento cabal de la política de publicaciones con el impulso que en los últimos tiempos le diera una singular presencia cultural y social a la Biblioteca –la reedición de El Payador de Lugones es apenas un ejemplo del modo en que señala los elementos más potentes de la bibliografía nacional–; el estímulo a la capacitación del personal, reflejado de diversas y explícitas maneras; el reinicio de la catalogación, que proyecte al inventario realizado en años pasados hacia una mayor disponibilidad de información bibliográfica, acorde con una Biblioteca Nacional; los concursos del Bicentenario, realizados en común con el Archivo General de la Nación. Estos proyectos se sostienen sobre la expectativa de que las incesantes gestiones ante las autoridades económicas del país asistan a la Biblioteca del necesario presupuesto para encarar todas sus tareas.
Algunas de estas iniciativas partieron de la Subdirección, otras de la Dirección Técnica o de la Dirección de Cultura, en evidencias de trabajo común que deberá profundizarse en el futuro. La nutrida concurrencia diaria de lectores e investigadores, las visitas guiadas a escuelas, las becas a investigadores surgidas por concurso para relevar y trabajar el reservorio documental de la Biblioteca, las reuniones de catalogadores, archivistas, preservadores, tanto de la Casa como de otras bibliotecas argentinas y del exterior; las numerosas exposiciones realizadas, la política de acceso democrático a las salas de actos, las redes culturales creadas y los numerosos talleres literarios, poéticos, teatrales y musicales, hablan de una institución compleja que exige rearticulaciones constantes y fuerte comprensión de sus múltiples planos de acción.
Lo anterior es una enumeración incompleta, hechos catalogables en los diversos niveles en que se desarrolla la vida de una Biblioteca Nacional. Ningún nivel es innecesario y de faltar alguno se degradaría su competencia cultural, su alcance social y su vida interna. Llamamos a lectores, investigadores y amigos a que junto al personal de la Casa, protagonicemos un Bicentenario de aprendizaje social, reconocimiento cultural, compromiso laboral e imaginación crítica.

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11 DE JUNIO DE 1967
Para B. K.

[Esta página de Diego Tatián recuerda a Bernardo Ezequiel Koremblit, recientemente fallecido, notable ensayista y periodista, vinculado también a la historia de la Biblioteca Nacional.]
Bernardo Koremblit  
Subió las escaleras de la casa de edificios en la calle Corrientes y golpeó la puerta con el número indicado. ¡Viva la patria!, le dijo entusiasmado al hombre que le había abierto. Después de abrazarlo le dio una hoja de papel donde un poema escrito a mano, con pulso curvo y vacilante, llevaba por título la palabra "Israel".
Cuarenta años más tarde, anciano y lúcido, entre paredes atiborradas de libros, Bernardo Koremblit le contaba a un desconocido que nunca olvidaría el momento en el que exultante, "por esa misma puerta que usted ve ahí", entraba Borges con "Israel" en la mano; acababa de escribirlo, le dijo, y quería regalárselo.
Aunque alguien encuentre alguna vez el poema en una página perdida entre las páginas de la olvidada revista Davar; aunque exista aún la puerta que cierra un departamento ahora vacío; aunque ciertas noches, me dicen, Buenos Aires queda a merced de sus antiguos habitantes convertidos en espectros que relatan historias mínimas para que no se pierdan, ninguna memoria guarda ya ese preciso instante emocionado por la poesía y por la guerra.
La fría tarde porteña de ese abrazo y la mañana de su rememoración, sepultadas por el tiempo, no habrán sucedido nunca.
Diego Tatián 2- 2 -2010

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LABURANTE DE LA CULTURA

Anibal Ford  
"Laburantes de la cultura" así llamó  Aníbal Ford a ciertos innovadores del mundo del libro y  esa aguda  clasificación le cabe a él mismo.

El 13 de mayo se firmó en el Auditorio "Jorge Luis Borges" el acta de acuerdo por la cual la familia de Anibal Ford donó a la Biblioteca Nacional tres mil libros además de publicaciones periódicas y cantidad de papeles y objetos personales que pertenecieron al escritor, periodista, docente, editor y militante Anibal Ford, fallecido en noviembre pasado. Participaron del acto Beatriz Sarlo, Jorge Lafforgue, Eduardo Blaustein y Julieta Cassini.

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CONCURSOS Y CONVOCATORIAS

Concurso de Fotografía  
Concurso de fotografía
La Biblioteca Nacional convoca al Concurso de Fotografía Argentina del Bicentenario con el fin de alentar reflexión y producción de imágenes, priorizando aquellas referidas a la temática relativa al Bicentenario.
El jurado está conformado por: Gabriel Díaz, Eduardo Grossman, Oscar Pintor, Raúl Stolkiner (RES) y Cristina Fraire.
Concursos de becas "Domingo F. Sarmiento "
La Biblioteca Nacional otorgará becas de investigación referidas a las distintas colecciones que componen su patrimonio, correspondientes a Hemeroteca, Libros, Tesoro, Archivo de Manuscritos y otras colecciones. Con ello, pretende incentivar nuevos trabajos sobre el material existente que expandan el saber sobre el mismo y su difusión.
Cuestiones nacionales a la luz del Bicentenario
La Biblioteca Nacional y el Archivo General de la Nación convocan al Concurso de Ensayos de Investigación Histórica sobre cuestiones nacionales a la luz del Bicentenario. 
El jurado del concurso estará integrado por Fernando Devoto, Omar Acha, Waldo Ansaldi, Lila Caimari y Fabio Wasserman.

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NUEVAS PUBLICACIONES DE LA BIBLIOTECA NACIONAL

El payador
El payador, de Leopoldo Lugones  
Un libro que se despliega en los intersticios de distintas escrituras, en el vaivén entre la palabra oral, el borrador con sus tachaduras y enmiendas, y la edición que el autor quiso definitiva: eso es El payador de Leopoldo Lugones. Y ese vaivén es el que procura recuperar esta edición que hace la Biblioteca Nacional. Por ello se incluyen las crónicas periodísticas que el diario La Nación publicó sobre cada una de las conferencias que el poeta dio en 1913 y que constituyen la piedra de toque para este libro fundamental.
También se publica, en forma facsimilar, el manuscrito del capítulo III, que está atesorado por la Biblioteca. Son los pasos previos a un libro que intenta pensar los hilos constitutivos de una cultura nacional. Es punto de llegada y, a la vez, núcleo de intersecciones y revisiones. En esta edición se publican distintas lecturas, interpretaciones e imaginaciones incitadas por la lectura del libro de 1916. Se trata de estudios críticos de Oscar Terán, Noé Jitrik, Javier Trímboli, María Pia López y Horacio González y una serie de ilustraciones extraordinarias realizadas por Carlos Nine. Reeditar esta extraña obra de Lugones, hecha de tesis conflictivas sobre la Argentina, de arrojadas interpretaciones, de luminosos descubrimientos y no exenta de matices reaccionarios, supone la invocación a volver a considerar su condición polémica y su valeroso talento.
Lulú
Edición facsimilar de LULÚ. Revista de teorías y técnicas musicales
Cuatro números de una improbable revista dedicada a la música contemporánea transformaron el pensamiento sobre música en la Argentina de comienzos de los años 90. Alrededor de la palabra de los más influyentes compositores argentinos aparecieron  traducciones de textos de Pierre Boulez, Morton Feldman o Karlheinz Stockhausen. Cada número, además, contenía un dossier; verdaderos hallazgos en la intención de dialogar alrededor de un grupo de temas siempre vigentes, como el de la identidad cultural o la noción de progreso histórico. Prologan esta edición Beatriz Sarlo, Horacio González, Esteban Buch, Pablo Gianera, Diego Fischerman, Pablo Fessel y Juan Pablo Simoniello.
Un enigma literario: El Quijote de Avellaneda, de Paul Groussac
Colección Los Raros
Basado en la discusión sobre el enigma de la autoría del Quijote de Avellaneda, Paul Groussac se detiene también  en este texto en la polémica sobre el status de las lenguas, la literatura y las ciencias europeas.
Temas existenciales, de Homero Guglielmini
Colección Los Raros

En esta rara pieza del archivo bibliográfico del existencialismo argentino, la relación con la filosofía alemana puede ser previsible objeto de reparos filológico-conceptuales y aún ideológicos, pero no podrá ser acusada de haber evadido un diálogo con el pensar europeo que haga pie en las propias tradiciones culturales, ni de privarse de autonomía reflexiva a la hora de dar cuenta de nuestro mundo concreto y situado.
Historia de la Biblioteca Nacional. Estado de una polémica, de Horacio González
La Historia de la Biblioteca Nacional, se enmarca en una tradición iniciada por Paul Groussac, quien ejerciendo la dirección de esta casa por algo más de 40 años, escribió su primera historia. Poco más de un siglo después, Horacio González realiza un recorrido por los doscientos años de la Biblioteca reviviendo las diversas polémicas que la conmovieron desde su fundación. La publicación contiene un apartado fotográfico que acompaña esta narración, partiendo de las actas firmadas por Mariano Moreno y Cornelio Saavedra que ordenaron la confiscación de la biblioteca del Obispo Orellana, en agosto de 1810.

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ADQUISICIONES EXTRAORDINARIAS DE ARCHIVOS Y BIBLIOTECAS PARTICULARES

Además de la incorporación cotidiana de materiales bibliográficos en concepto de depósito legal, donación y canje que realiza la BN, en los últimos meses se han adquirido varias colecciones y archivos de relevancia, que se detallan a continuación:
  • Documentos originales y biblioteca perteneciente al legado de Darío Alessandro. Es una importante colección de documentos vinculados con F. O. R. J. A. y Arturo Jauretche, incluyendo manuscritos, libros anotados y dedicados, folletos, documentos únicos como la ficha de afiliación de Macedonio Fernández o la libreta telefónica de la organización. Parte de esta documentación ingresará en el área de Archivos y el resto se constituirá como una colección manteniendo su integridad.
  • Biblioteca de Aníbal Ford. La BN recibió en carácter de donación una parte significativa de la biblioteca particular del escritor, periodista y teórico de la comunicación Aníbal Ford, legada por su viuda.
  • Hemeroteca particular de Rogelio García Lupo. Se está finalizando la compra de una de las hemerotecas particulares más importantes de la Argentina, la del historiador y periodista Rogelio García Lupo, conformada por numerosas colecciones de publicaciones seriadas raras y, en algunos casos, únicas. Esta colección hemerográfica estaba a punto de ser vendida al exterior, pero a través de la BN se ha logrado conservarla en el país.
  • Archivo de investigación de David Viñas. La BN compró los archivos de David Viñas en su investigación inédita sobre Lucio V. Mansilla, incluyendo el manuscrito inconcluso, inédito y anotado, de la misma. Esta voluminosa documentación de varios miles de fojas se podrá consultar en el área de Archivo.
  • Archivo de Leopoldo Lugones. La BN compró un archivo que complementa aquel que fuera adquirido durante 2008, incluyendo numerosos manuscritos, algunos inéditos y otros poco conocidos. Este material se encuentra en el área de Preservación, para ser acondicionado para una óptima conservación.
  • Donación de Asociación Protectores de la Biblioteca Nacional. La Asociación, celebrando sus veinte años de existencia, donó a la BN seis manuscritos de Almafuerte y todos los fascículos publicados de Lenguaje del Río de la Plata, obra inconclusa del siglo XIX.

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EFEMÉRIDES

7 de junio
Día del periodista

11 de junio de 2005
Cinco años de la muerte del Juan José Saer

13 de junio
Día del escritor

20 de junio
Día de la bandera

24 de junio de 1935
Setenta y cinco años de la muerte de Carlos Gardel

26 de junio de 1970
Cuarenta años de la muerte de Leopoldo Marechal