domingo, 23 de mayo de 2010

Argentinos: así somos, así nos vemos

Ni buenos ni malos, así somos. Radiografía de los Argentinos.

 

Chantas y trabajadores, democráticos pero transgresores de la ley, Maradona y Favaloro... La característica compartida hoy por la mayoría de los argentinos es la contradicción. Un reflejo de nosotros mismos, con sus más y con sus menos.

 

Hay algo que está claro: doscientos años de historia no nos han alcanzado hasta hoy para definirnos. Salvo que elijamos como definición la que dice que somos esencialmente contradictorios, nos sentimos de todas las maneras posibles. Somos honestos y deshonestos, alegres y tristes, solidarios y egoístas, trabajadores y chantas. En definitiva, argentinos hasta la médula.

Así, al menos, lo refleja la encuesta realizada para Clarín por el estudio Graciela Römer y Asociados, que indagó por el país entre argentinos de 18 a 70 años buscando respuestas a una pregunta tan básica como saber quiénes somos, y cómo somos, los argentinos que hoy estamos celebrando los doscientos años de una historia común, tan contradictoria como nosotros mismos, tan rica como nosotros mismos, tan apasionante como nuestra gente.

Este trabajo, pensado como una gran radiografía para ayudarnos a entender más esta historia de ser argentinos, termina por reflejar que en nuestra personalidad hay muchos más rasgos positivos que negativos. Y no se trata de ver el vaso medio lleno, sino que en cuestiones claves (política, democracia, familia y vida cotidiana, por ejemplo) hemos avanzado mucho en estos años como sociedad constituida.

En algunos puntos, como se verá en los gráficos de las páginas siguientes, habrá sorpresas. Y algunos estarán más de acuerdo con unos resultados que con otros. Y otros se preguntarán quiénes pueden haber elegido una opción determinada. Pero todos, de una manera u otra, y siempre bajo aquel gran paraguas de la contradicción permanente, conforman, conformamos, esta entelequia llamada "argentinos".

Para esto, basta un ejemplo al pasar. A la hora de preguntarle a los encuestados por la personalidad pública que más nos representa, los dos más votados fueron Diego Armando Maradona y René Favaloro. ¿Acaso puede haber algo más contradictorio que estas dos personalidades, tanto en lo que hicieron como en lo que representaron? Sin embargo, los dos juntos sí conforman eso que sin lograr definir se ha dado en denominar la argentinidad. Jorge Luis Borges, Lionel Messi, Marcelo Tinelli, la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, Perón y Gardel siguen, en orden decreciente, en la lista, en un ranking que, de nuevo, nos vuelve a poner frente al espejo de qué y quiénes somos.

Buceo por la psiquis

Pero si elegir la personalidad más representativa resulta en un ejercicio digno de bucear en nuestra psiquis más profunda, definir el cómo somos es una tarea aún más ardua. Porque, según nosotros mismos, somos, y en este orden, chantas, solidarios, agresivos, trabajadores, haraganes, mentirosos, patriotas, honestos, afectivos, agrandados, tradicionalistas, egoístas, inteligentes, obstinados, alegres y maleducados. Y cuando tenemos que elegir entre dos opciones, decimos que somos más transgresores que respetuosos, más improvisados que previsores, más generosos que egoístas, más intolerantes que tolerantes, más alegres que tristes, más emotivos que racionales.
Por supuesto, como en todo sondeo, uno puede coincidir o no con la opinión de la mayoría pero, si de aplicar los resultados de la encuesta se trata, nadie debería hacerse muchos problemas porque, a la hora de definir la sociedad argentina, decimos que somos más democráticos que autoritarios, por ejemplo.

De hecho, en los últimos 15 años la democracia, como luego analiza Graciela Römer, se ha afianzado como el modelo preferido de gobierno: pasó de un 77% de apoyo en 1995 a 90% en 2010. Un dato no menor que refleja, al menos, la confianza en un sistema de gobierno que ni las crisis coyunturales, las cotidianas o las profundas como la de 2001, lograron restarle apoyo popular.

Dos datos políticos más para saber cómo somos y cómo pensamos: somos más estatistas que en los 90, pero menos que hace 10 años. En 1991, el 35% de los consultados creía que había que tener una mayor intervención del Estado, cifra que subió al 62% en 2000 para caer este año al 56%. Y, a la vez, casi el 60% cree que el país debe honrar sus compromisos y pagar la deuda externa.
Pero, además de tratar de saber cómo somos los argentinos, el trabajo también buscó bucear, para tener una radiografía completa, en qué pensamos sobre el futuro del país. Y otra vez hay señales para el optimismo: casi el 60% cree que en 10 años seremos un país en crecimiento e integrado al mundo, mientras que en 2000 apenas el 33% lo creía. Claro que, como parte de esa contradicción permanente a la que hacíamos referencia al comienzo, cuando las opiniones se bajan de las ideas al campo concreto la cuestión cambia, y mucho. Sólo un ejemplo: cuando se preguntó a los consultados sobre si se irían del país, el 70% dijo que se quedaría. Pero cuando se les amplió la pregunta a qué sería mejor para sus hijos, el 60% dijo que para ellos sería mejor quedarse. En limpio: una amplia mayoría cree que el futuro de la Argentina será muy bueno, pero a la hora de pensar en el futuro de sus hijos esa postura, aunque sea más alta que en otros tiempos, ya no parece tan sólida.

Futuro cierto

Pero para que ese futuro no sea tan claro, no todo tiene que ver con el porvenir económico ni con la solidez del país. De hecho, la inseguridad se plantea como el principal problema a resolver: casi 7 de cada 10 argentinos señala a la inseguridad como el principal problema del país, lo que se condice con que 4 de cada 10 dice haber sufrido un hecho de delincuencia en los últimos seis meses. Lejos de ser una "sensación", la inseguridad aparece así como un tema central para los argentinos del Bicentenario. En segundo lugar de los principales problemas del país vuelve a aparecer el desempleo, mencionado por el 46 por ciento de los encuestados.

Sin embargo, más allá de los temores, hay algo que sí nos define a los argentinos: el amor por la familia. ¿Qué es lo más importante de la vida? Tener a la familia cerca. ¿Qué lo apasiona más en la vida? Estar con la familia. Sin diferencias de estratos sociales o grupos etarios, la familia se confirma así como una institución, formal o informal, que sigue siendo el centro afectivo para los argentinos.

La encuesta deja mucha más tela para cortar. Sólo algunos enunciados: somos más machistas que nunca, Boca no es la mitad más uno pero sí la mayoría, el inicio sexual está entre los 16 y los 19 años, los hombres son mucho más infieles que las mujeres, el aborto debería ser permitido en ciertos casos, somos creyentes pero no tanto como para ir a oficios religiosos, estamos satisfechos con nuestra vida afectiva, endiosamos al lavarropas por encima de cualquier electrodoméstico, preferimos la casa al auto si nos ganamos la lotería, no nos importa la marca a la hora de comprar ropa y no somos muy adictos a la lectura (el 80% leyó menos de dos libros en un año).

Datos más, datos menos, así somos. Ni buenos ni malos, ni santos ni demonios. Esto somos, así nos sentimos, así nos vemos, duros con nosotros, autocríticos al extremo pero a la vez esperanzados en un futuro más benigno, en un país más estable, en una familia que nos rodee, en un país mejor. Esto somos, ésta es nuestra radiografía, nuestro hoy. Esto somos, ni más ni menos, los argentinos del Bicentenario.

 

Fuente:

http://www.clarin.com/diario/2010/05/23/sociedad/s-02198805.htm