martes, 29 de septiembre de 2009

Una genealogía de la función-autor

Una genealogía de la función-autor
Roger Chartier

EN SU CONFERENCIA famosa "¿Qué es un autor?" pronunciada frente a la Société Francaise de Philosophie en 1969, Foucault distinguía dos problemas, a menudo confundidos por los historiadores: por un lado, el análisis socio histórico del autor como individuo social y los diversos interrogantes que se vinculan a esta perspectiva (por ejemplo la condición económica de los escritores, sus orígenes sociales, sus posiciones en el mundo social o en el campo literario, etc.), y, por otro, la construcción misma de lo que llama la "función-autor" , es decir "la manera en la que un texto designa explícitamente esta figura (la del autor) que se sitúa fuera de él y que lo antecede". (...)
El texto de Borges, "Borges y yo", publicado en El Hacedor en 1960, manifiesta con una particular agudeza, la distancia que separa al autor como identidad construida del individuo como sujeto concreto, describiendo la captura, la absorción o la vampirización del ego subjetivo por el nombre de autor: "Al otro, a Borges, es a quien le ocurren cosas".
A la experiencia íntima del yo, se opone la construcción del autor por parte de las instituciones: "Yo camino por Buenos Aires y me demoro, acaso ya mecánicamente, para mirar el arco de un zaguán y la puerta cancel; de Borges tengo noticias por el correo y veo su nombre en una terna de profesores o en un diccionario biográfico". A los gustos secretos que definen al individuo en su irreductible singularidad, se opone la exageración teatral de las preferencias exhibidas por el autor, figura pública y ostentosa: "Me gustan los relojes de arena, los mapas, la tipografía del siglo XVIII, el sabor del café y la prosa de Stevenson; el otro comparte esas preferencias, pero de un modo vanidoso que las convierte en atributos de un actor". El "autor" como "actor": la comparación remite a la vez a la antigua etimología latina, que deriva las dos palabras -actor y autor- del verbo agere, "hacer", y a la plasmación, empezada en el siglo XVIII, del escritor como personaje público. (...)

Como lo sugiere otro texto de esta "silva de varia lección" que es El Hacedor "Everything and Nothing", el yo del creador es quizás nadie, o nada. Empieza así esta pieza dedicada a Shakespeare: "Nadie hubo en él; detrás de su rostro (que aun a través de las malas pinturas de la época no se parece a ningún otro) y de sus palabras, que eran copiosas, fantásticas y agitadas, no había más que un poco de frío, un sueño no soñado por alguien". La ausencia del yo -ser nadie- se vuelve la razón misma, llanamente metafísica, de la condición de actor-autor: "A los veintitantos años fue a Londres. Instintivamente, ya se había adiestrado en el hábito de simular que era alguien, para que no se descubriera su condición de nadie; en Londres encontró la profesión a la que estaba predestinado, la del actor, que en un escenario, juega a ser otro, ante un concurso de personas que juegan a tomarlo por aquel otro". Es en este esfuerzo desesperado y fracasado para conquistar una identidad singular y estable que reside la grandeza casi divina del autor: "La historia agrega que, antes o después de morir, se supo frente a Dios y le dijo: Yo, que tantos hombres he sido en vano, quiero ser uno y yo. La voz de Dios le contestó desde un torbellino: Yo tampoco soy; yo soñé el mundo como tú soñaste tu obra, mi Shakespeare, y entre las formas de mi sueño estás tú, que como yo eres muchos y nadie". (...)

· Texto leído en la Cátedra Extraordinaria Michel Foucault, 23 de noviembre de 1998, UAM-Iztapalapa

Fuente: http://www.elpais.com.uy/Suple/Cultural/09/09/25/cultural_443362.asp