martes, 29 de septiembre de 2009

Estantería abierta

Estantería abierta

Quienes han leído (o en su defecto han visto la película) El nombre de la rosa, recordarán que la biblioteca de la abadía donde ocurre la historia es un laberinto construido según un plano que sólo el bibliotecario en turno conoce. Éste también es el único autorizado para entrar a la biblioteca y moverse por el laberinto de los libros que sólo él sabe donde guardar y cómo encontrar. Los monjes de la abadía tienen que trabajar en el scriptorium donde pueden consultar el catálogo de obras que contiene la biblioteca. Sólo el bibliotecario decide cómo, cuándo, y si conviene, prestárselo al monje que lo solicita, a veces teniendo que consultarlo primero con el abad. Todo ello se justifica porque “no todas las verdades son para todos los oídos, ni todas las mentiras pueden ser reconocidas como tales por cualquier alma piadosa”. Además los monjes de la abadía estaban ahí para realizar un trabajo determinado y no para satisfacer su curiosidad personal.
Uno pensaría que este concepto de biblioteca cerrada y controlada es algo muy medieval. Una biblioteca cerrada se entiende, y hasta tiene lógica, en una época oscurantista en la que la Iglesia decidía sobre la sociedad y la vida de todos. En pleno siglo xxi, las bibliotecas cerradas podrían parecer impensables y, sin embargo, las hay. Desde luego no son como la de la abadía de Eco, ni por su forma laberíntica ni por el dominio absoluto que en ella tiene el bibliotecario, pero sí prevalece en ellas la idea de control. Estoy hablando de las bibliotecas de “estantería cerrada”.Hace unos cuantos años tuve la necesidad de consultar unos libros que sólo se encontraban en la Biblioteca de El Colegio de México. Cuando llegué, lo primero que llamó mi atención fue no encontrar el acervo a la vista del público. Para poder ver cualquier libro había que consultar el catálogo, posteriormente llenar una ficha con los datos del libro deseado y entregarla en un mostrador para que fueran a buscarlo. No recuerdo cuántos libros podía uno solicitar en la ficha, pero obviamente no eran muchos. No sé si todavía tengan el mismo sistema en esa biblioteca, pero sí sé que hay muchas más que así funcionan. Puedo entender que la “estantería cerrada” se use en algunas bibliotecas como las de los congresos, las asambleas legislativas, las cortes y otro tipo de instituciones gubernamentales. Me parece perfectamente entendible que en ese tipo de bibliotecas sea importante tener cierto control. Pero no lo puedo entender en las bibliotecas de las universidades y otro tipo de instituciones académicas donde los jóvenes se están formando.Alguna vez escuché que muchas bibliotecas trabajan con estantería cerrada para evitar el robo y el daño del material bibliográfico. Sin embargo, ésa no me parece una justificación válida, mucho menos en esta época. Hoy en día hasta la biblioteca de la escuela más patito tiene algún sistema de alarma y protección contra robo de libros. Y quizás el daño al material es más difícil de evitar, pero incluso con estantería cerrada uno no lo impide totalmente.Y bien, se estarán preguntando por qué me molesta tanto el sistema de estantería cerrada. El objetivo principal de una biblioteca es el de compartir el conocimiento y la cultura que la humanidad ha acumulado y que las bibliotecas preservan, organizan y difunden. Una biblioteca debe ser un espacio abierto, dinámico y de fácil acceso. ¿De qué sirve tener el mejor acervo del mundo si para consultarlo hay que pasar por todo un trámite burocrático? No creo que los bibliotecarios de hoy en día sean como los del Medioevo. No creo que su misión sea ocultar información a los lectores. Ni siquiera creo que sean tan cultos como para saber qué libros habría que ocultar. Pero por lo mismo, tener que pasar por ellos para poder tener en las manos un libro me parece, si no riesgoso, sí una pérdida de tiempo.No obstante no es la desconfianza que me inspiran los empleados de las bibliotecas mi principal argumento en contra de la estantería cerrada. Ese sistema no me gusta porque es demasiado limitante. Me atrevo incluso a decir que la experiencia de aprendizaje y de investigación no es la misma para quien no tiene acceso al acervo que para quien puede pasearse libremente por los pasillos de una biblioteca. El primero tendrá que limitarse a buscar lo que ya sabe que existe o lo que ha encontrado en el catálogo, pero nunca podrá ir más allá. En cambio, al que tiene acceso al acervo se le abre un mundo de posibilidades: no sólo puede conocer la colección completa al tener contacto directo con ella, sino que además puede descubrir en el camino otros libros que le despierten otras ideas y otros intereses. La estantería abierta ofrece alternativas al material bibliográfico de cajón y promueve la espontaneidad en el estudio. ¿Cuántas veces no me he topado con libros maravillosos o libros que han sido clave para definir un tema de investigación sólo por andar curioseando en el estante? Después de todo, si, como dice Eco, los libros hablan de otros libros, también los libros nos llevan a otros libros.

Fuente:
http://tripodologia-felina.blogspot.com/2008/11/estantera-abierta.html