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El alma de las bibliotecas y Centros de documentación es el bibliotecario/a. El ha sido y es, el nexo entre el saber aquilatado, conservado y organizado en las nobles arquitecturas y la comunidad. Tiene responsabilidades, objetivos y obligaciones…pero esa alma corpórea es merecedora de los derechos que como Trabajador de la Información le corresponden; Este es nuestro desafió profesional: Construír a partir de nuestra propia identidad una organización genuina para los Bibliotecarios
martes, 5 de marzo de 2019
La canasta básica subió un 4,66% en febrero y ya acumula un 7,57 en 2019
La canasta básica subió un 4,66% en febrero y ya acumula un 7,57 en 2019
Lo indica un relevamiento realizado por Consumidores Libres de Héctor Polino. Qué alimentos aumentaron más y cuáles menos.
La canasta básica de alimentos registró un aumento del 4,66% durante el mes de febrero, según lo indica un relevamiento llevado a cabo por la entidad Consumidores Libres, de Héctor Polino. Según ese informe, desde el 1º de enero la suba acumulada en lo que va de año alcanzó el 7.57%.
En el mes de febrero del año pasado, el aumento de esta canasta básica de alimentos fue del 2.05 % y el acumulado de los dos primeros meses de 2018 fue del 3.34 %. "Es decir, que en el de febrero 2019 hubo un aumento del 2.61 % en relación al mismo período del año anterior. Y el acumulado del año 2019 registra un aumento del 4.23 % en relación al mismo período del año 2018", consignó el informe.
El relevamiento se realizó sobre 38 productos en supermercados y centros de abastecimientos de los barrios de La Boca, Caballito, Liniers y Pompeya en la ciudad de Buenos Aires. Dentro del listado de alimentos figuran cinco (en color amarillo) que integran los 566 artículos de "precios cuidados"
lunes, 4 de marzo de 2019
Los Migrantes Sudamericanos ya representan 1 de cada 13 trabajadores en la Argentina
Un equipo de la Dirección General
de Estudios Macroeconómicos y Estadísticas de la ahora Secretaría de Empleo,
dio cuenta de que una
proporción importante de los migrantes sudamericanos se encuentra dentro de la
edad potencialmente activa para el mercado laboral (15 a 64 años) y presentan
tasas de actividad y de empleo más altas que la de los nacionales (65,9% frente
a 58,1%, respectivamente).
A nivel de
distribución espacial, se observa que en 7 aglomerados se concentra el 87% de
los migrantes sudamericanos que residen en el país (Partidos del Conurbano,
Ciudad de Buenos Aires, Gran La
Plata , Neuquén, Comodoro Rivadavia, Río Gallegos y Ushuaia-Río
Grande). En los dos primeros aglomerados residen la mayoría de los inmigrantes
sudamericanos.
La distribución de los
trabajadores inmigrantes por rama de actividad es variable, según el perfil
productivo y laboral de cada aglomerado. Aunque en todas aparecen como
relevantes las vinculadas con la cobertura de puestos de baja calificación en
la construcción, comercio, la industria textil y del calzado, y el servicio
doméstico, pese a que en muchos casos están capacitados para posiciones de
mayor jerarquía
Pese a la enorme
brecha en las tasas de participación en el mercado de trabajo del conjunto de
residentes y de los migrantes sudamericanos, se observa paridad en la tasa de
desempleo, la cual refleja que los
extranjeros de la región logran una mayor receptividad relativa para ocuparse,
aunque lo hacen concentrados en tareas de baja calificación.
Uno de cada 3 migrante trabaja en relación de dependencia, con un
leve predominio de los puestos informales por sobre los asalariados registrados; y 1 de cada 23 lo
hace en condición de patrón o empleador, equivalente a 1 emprendedor por cada
17 que opta por la relación de dependencia.
La alta motivación por encontrar una ocupación que le es esquiva
en sus países de origen se ve claramente correspondida en su elección por la Argentina , habida cuenta
de que no sólo la tasa de participación y de empleabilidad es muy superior a la
del conjunto de los residentes nativos y estables, sino que además los escasos
datos disponibles demuestran que su dinámica ha resultado notablemente mayor.
Entre 2016 y 2017 la
encuesta permanente de hogares del Indec midió que la oferta laboral migrante
sudamericana se elevó en 2,1 puntos porcentuales, del 63,8% a 65,9% del total de los ingresados de la región,
mientras que la del conjunto de los residentes lo hizo en apenas 0,3 puntos
porcentuales, de 59% a 59,3% del total de habitantes de 15 a 64 años; y la tasa de
empleabilidad se elevó en 1,3 puntos porcentuales, de 59,8% a 61,1%, en el
primer caso; y 0,5 puntos porcentuales en el segundo, de 53,9 a 54,4 por ciento.
Una de las
conclusiones a las que arribó el equipo de la Dirección General
de Estudios macroeconómicos y Estadísticas Laborales de la ahora Secretaría de
Empleo es que los migrantes
sudamericanos tienen la desventaja frente a los nativos en que la inserción
laboral está fuertemente asociada a la informalidad y la precariedad del puesto, y también a muy
pocas actividades, en general de baja calificación y pobre productividad media
por ocupado.
Otra característica de
los movimientos recientes de las corrientes migratorias, en algunos casos
relevantes motivados por
la gratuidad de los sistemas educativos, hasta el nivel universitario, como el
de salud, es la alta proporción de estudiantes: 14,4% de los ingresados que no
participan del mercado de trabajo, equivalente a 1 de cada 20 extranjeros de
ese origen. Ese fenómeno explica la alta concentración en dos regiones
específicas, por un lado, la
Patagónica , y por otra la Metropolitana de
Buenos Aires que en conjunto captan el 87% de los migrantes sudamericanos.
sábado, 2 de marzo de 2019
Inscripción y Bono inscripción 2019 51° Reunión Nacional de Bibliotecarios [ La única Asamblea anual en el mundo donde los Asociados Bibliotecarios deben pagar si pretenden participar]
Estimados Colegas enviamos los enlaces a la web de la 51° Reunión Nacional de Bibliotecarios" donde encontraran el formulario de inscripción, los costos individuales e institucionales y los medios de pago para el Bono inscripción 2019.
Formulario de inscripción 51° Reunión Nacional de Bibliotecarios:
Bono inscripción 2019:
Asociación Bibliotecarios de Córdoba (A.B.C.)
Nuestro sitio web: http://abibcor.org/wp/
Página de Facebook: https://www.facebook.com/asociacionbibliotecariosdecordoba/
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miércoles, 27 de febrero de 2019
Durante 2018 cayó 1,5% el empleo y se perdieron 191.300 puestos de trabajo registrados
Las mayores bajas interanuales se dieron en Catamarca 7,9% y Tierra del Fuego 6,6%. Comienzo de año con nueva baja de la ocupación en los aglomerados urbanos
Durante el año pasado el empleo tuvo una caída del 1,5% y se perdieron unos 191.300 puestos de trabajo, según los datos de la Secretaría de Empleo que fueron difundidos este miércoles. El porcentaje de caída fue más alto entre los asalariados del sector privado, con un 2,1%, y los trabajadores de casas particulares, con un baja de 4,4%, que representa unas 20.500 personas.
En los aglomerados urbanos del país, las principales caídas por rama de actividad fueron para construcción con 6,4% menos; comercio; restaurantes y hoteles 3,5% y transporte; almacenaje y comunicaciones 2,5% en la comparación anual entre enero de 2018 y enero de 2019. Si se contrasta la variación mensual entre diciembre de 2018 y enero de 2019, hubo un crecimiento de 2,2% para la construcción y de o,5% para transporte.
En 2018, el salario promedio se incrementó 34% frente a diciembre de 2017 con un total de $51.657, incluido el complemento del medio aguinaldo. La variación acumulada de los últimos 12 meses fue de 27,5%. Mientras que la remuneración mediana, creció 32,8%, hasta $41.204, con medio aguinaldo agregado.
Durante 2018 cayó 1,5% el empleo y se perdieron 191.300 puestos de trabajo registrados
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La esclavitud sexual en EEUU sucede en multitud de establecimientos, algunos con una opulenta clientela
El tráfico humano y la esclavitud sexual en Estados Unidos tienen tentáculos largos y someten con su crueldad criminal a miles y miles de víctimas, tanto estadounidenses como extranjeras. Pero pese a la gravedad de esos delitos, que son en gran medida perpetrados por redes criminales organizadas y extensas, es relativamente poco lo que se conoce y, al parecer, mucho lo que se esconde y tolera al respecto en el país.
Por ejemplo, la revelación de que Robert Kraft, dueño de los Patriotas de Nueva Inglaterra, estelar equipo de la NFL, fue acusado de solicitar servicios de prostitución en un local de masajes en Florida pone luz a una realidad sórdida y ominosa: el tráfico humano y la trata sexual no es solo un asunto del bajo mundo o de oscuros tugurios sino que se da a una extensa escala tanto por la proliferación de lugares donde se practica y la prominencia de parte de parte de su clientela como porque muchas de las personas sumidas en ello se encuentran, literalmente, en una condición de esclavitud y desesperanza estremecedora.
Las redes de tráfico humano se extienden desde muchos países hasta EEUU, donde las víctimas son con frecuencia sometidas a explotación laboral y sexual. (AFP)
Kraft ha negado las acusaciones en su contra pero su caso y sus impactos mediáticos han sido notorios. Más de un centenar de otras personas también han sido acusadas.
En Estados Unidos es delito ejercer la prostitución, pero también organizar o pagar esos servicios. Y ello se agrava cuando ello se da con personas que son retenidas y forzadas a prestar servicios sexuales en condiciones de explotación y opresión. Los casos de esas víctimas no son, por añadidura, anécdotas o hechos aislados sino historias frecuentes y dolorosas. Y el hecho de que muchas de ellas sean menores de edad enturbia el de por sí estremecedor panorama de ese tráfico humano.
Como se comenta en USA Today tan solo en 2017 se reportaron 8,500 casos de tráfico humano en el país, 6,081 de ellos vinculados a trata sexual. Y esos números serían solo la punta del iceberg: expertos calculan que podrían sumar cientos de miles las personas, incluidas menores, que son sometidas a tráfico y explotación de diversa índole, incluida la sexual.
Y es en centros de masaje ilegales o negocios similares donde se realiza una parte sustantiva de esa extensa actividad criminal: de acuerdo a la organización Polaris, en Estados Unidos habría más de 9,000 de esos establecimientos que son la fachada de operaciones de trata humana y explotación laboral y sexual que generaría ganancias de 2,500 millones de dólares al año.
Y muchos de esos centros de masaje ilícitos no son establecimientos aislados operados u operados meramente por criminales locales. En realidad, como se ha señalado en el contexto de investigaciones al respecto, muchos de esos sitios son parte de redes muy extendidas de tráfico y explotación operadas por grupos de crimen organizado.
Las condiciones en las que se mantenía a las personas sujetas a trata en los spa y centros de masaje recientemente desmantelados en Florida, uno de ellos donde Kraft habría pagado por sexo, eran perturbadoras. En ese sitio, por ejemplo, las mujeres que allí laboraban, varias de ellas originarias de China, no podían dejar el establecimiento y vivían en condiciones de servidumbre sexual. Muchas de las personas en esa condición reciben pagos ínfimos o nulos y, en contrapartida, ofrecen servicios sexuales a clientes de manera continua y son impulsadas a hacerlo por amenazas, deudas u otras formas de coerción.
Como esos locales, redes de negocios que son tapadera de actividades de tráfico humano y trata sexual existen a todo lo ancho de Estados Unidos, muchos con conexiones entre sí y, de acuerdo al USA Today, con organizaciones criminales en países desde donde se trae a sus víctimas, con frecuencia con engaños o falsas ofertas de empleo.
En el caso del Orchids of Asia Day Spa, el sitio ilegal de masajes desmantelado en Florida y en donde, se acusa, Kraft habría pagado por servicios sociales en dos ocasiones, las autoridades comenzaron a sospechar de lo que allí sucedía cuando detectaron que su clientela era mayoritariamente masculina y que ingresaba y salía en intervalos muy rápidos, a veces con duración de escasos 30 minutos, de acuerdo a CNN.
Eso motivó una investigación que halló habitaciones usadas para servicios sexuales y, en un basurero, información de pagos de clientes, recibos de tarjetas de crédito de sus operaciones de pago e incluso servilletas con semen aún fresco.
Las autoridades en muchos estados realizan investigaciones y ya han desmantelado un número importante de establecimientos y redes de trata humana, pero el alcance de ese delito es amplio y punzante. Según la Línea Nacional sobre Tráfico Humano, organización dedicada a recibir denuncias ciudadanas sobre presuntas actividades de tráfico humano, de 2007 a mediados de 2018 ha recibido 170,430 llamadas telefónicas y 24,785 comunicaciones por vía digital sobre posibles casos de tráfico de personas, con un estimado de entre 45,000 y 62,000 víctimas.
Tan solo en la primera mitad de 2018 se recibieron 14,117 llamadas, se reportaron 5,147 casos y con entre 7,000 y 11 víctimas. Unas 2,600 de esas llamadas fueron realizadas directamente por personas sometidas a tráfico humano.
Ciertamente, la actividad de las autoridades ha desmantelado gran cantidad de sitios donde se practica la explotación y la trata sexual y sometido a proceso a centenares de personas implicadas. Pero la lacra de esa práctica es extensa y con aristas filosamente encarnadas en la sociedad. Es por ello que junto a la acción policial y judicial es también necesaria una labor intensa de concientización ciudadana para abatir la práctica y los ingresos de esos establecimientos y salvar a sus víctimas presentes y futuras.
martes, 26 de febrero de 2019
Un amor surgido entre las páginas de los libros / Por Karla Marie-Rose Derus*
Durante seis años de soltería a mis veintitantos, me convertí en alguien que no conocía. Antes, siempre había sido una lectora. De niña caminaba a la biblioteca varias veces a la semana y de noche me quedaba despierta leyendo bajo las sábanas con una linterna. Sacaba tantos libros y los regresaba tan pronto que en una ocasión la bibliotecaria explotó: "No te lleves tantos libros a casa, si no vas a leerlos todos".
"Pero sí los leí todos", le respondí, dejándole la carga en los brazos.
Fui estudiante de Letras Inglesas en la universidad, y después obtuve la maestría en Literatura, pero poco después de que la tesis engargolada ocupara su lugar en la repisa junto a mi título, dejé de leer. Sucedió gradualmente, como cuando sanas o mueres.
Cuando creé mi perfil en OkCupid (usuario: missbibliophile52598), llené la sección de "Libros favoritos", y dejé que mi gusto literario hablara por mí: Cien años de soledad, París era una fiesta, Colmillo blanco, El buen nombre, El mundo conocido, El dios de las pequeñas cosas, El lugar del aire. No obstante, sentí un pánico repentino cuando me di cuenta de que habían pasado más de dos años desde que leí la mayoría de estos títulos y, en algunos casos, más de cinco años.
A pesar de mis antecedentes, traté de mantener mi personaje de ratón de biblioteca. Me uní a clubes de lectura en Meetup.com a los que nunca asistí. Saqué de la biblioteca un ejemplar de Nunca me abandones, de Kazuo Ishiguro, porque todos lo estaban leyendo, solo para entregarlo con retraso de una semana, sin leer y con multas por pagar.
Seguía amando la idea de leer. Atesoraba los libros y las librerías. Siempre que encontraba una, me quedaba durante horas entre los estantes, como si estuviera poniéndome al tanto con viejos amigos, elegía ejemplares que ya había leído y compraba libros nuevos que no había leído.
Cuando la novia de mi padre me regaló un libro de Joel Osteen en Navidad, lo devolví para intercambiarlo por Una bendición de Toni Morrison. También compré la colección de cuentos de Dostoievski, pero no leí ninguno.
David fue mi primera cita en OkCupid —mi primera cita online en la vida—. Era alto y agradable, aunque tímido. Le hice una pregunta tras otra para mantenerlo a gusto y hacer que fluyera la conversación, pero también para desviar su atención (un truco clásico de los introvertidos).
En su perfil decía que le gustaba leer, así que le pregunté por el libro más reciente que había leído. Su rostro se iluminó y sus dedos comenzaron a bailar. Las primeras semanas me di cuenta de que David leía mucho más que yo, uno o dos libros a la semana, aproximadamente. Parecíamos una pareja improbable: yo soy una mujer negra de 1,61 metros, de madre caribeña; él es un hombre blanco que mide 1,90 metros y es originario de Ohio. No obstante, a medida que nos conocíamos, nuestra fe compartida y amor por los libros zanjaba las brechas.
La primera vez que David fue a mi casa, comparamos nuestras bibliotecas. Solo teníamos cuatro libros en común; dos de ellos eran colecciones de C. S. Lewis. David prefería la historia y la no ficción, mientras que a mí me atraían los escritores negros de ficción y las historias de inmigrantes.
Meses más tarde, cuando comenzamos a hablar de la posibilidad de casarnos algún día, no mencioné el tema de fusionar nuestras bibliotecas, no porque temiera tener que separarlas algún día, sino porque me gustaba tener mis propias historias para compartir.
En nuestra séptima cita, David y yo visitamos la biblioteca central.
"Te propongo un juego", dijo, mientras sacaba dos lapiceras y pequeñas hojas autoadhesivas de su bolsa. "Busquemos libros que hayamos leído y dejemos reseñas para el siguiente lector".
Vagamos entre los pasillos durante más de una hora. Al final, nos sentamos en el piso, en la sección de poesía, y le leí un verso de Linda Pastan. Él escuchó, con la cabeza inclinada hacia abajo, el mentón contra el pecho, y luego preguntó: "¿Qué es lo que te gusta de ese verso?".
Aquella primavera, mientras hacíamos un pícnic al aire libre, le pregunté: "Si te digo algo, ¿prometes no juzgarme?".
David dejó de escribir la lista de los libros que planeaba leer durante el verano y levantó las cejas.
"Este año, solo he leído un libro", confesé. "Empecé otros tres, pero no los he terminado".
"Pero estamos en junio", respondió.
"Lo sé".
"¿Un libro?".
"Lo sé".
"Pero te gustan los libros", dijo. "Te gustan las librerías. Te gustan las bibliotecas".
"¿Acaso este asunto termina con la relación?".
"No, pero, aun así. ¡Ponte a leer!".
Estaba dolorosamente consciente de la flagrante hipocresía de mi vida. Defendía las virtudes de las librerías en la era de las ventas online y compraba libros siempre que tenía oportunidad, pero a duras penas los leía. Se quedaban por todos lados, hasta que mi casa parecía vestir libros tal como uno viste ropa. Se acumularon en las sillas y rodearon los brazos del sofá.
En japonés hay una palabra para esto: tsundoku, el acto de comprar libros que nunca lees.
Los estantes de mi biblioteca se pandean en el centro, y no solo porque están hechos de madera barata, sino porque tienen dos hileras de libros, la del frente y la de atrás.
Si quiero encontrar un libro de mi época universitaria, o de antes de esta, sé que debo buscar en la fila de atrás. Si estoy buscando una adquisición reciente, reviso la del frente. Alrededor del librero hay pilas con diferentes categorías de libros. Entre ellas: libros que he leído; libros que quiero leer; libros que empecé, pero no terminé porque no me gustaron; libros que comencé y me gustaron, pero cuya lectura no podía justificar debido a su contenido sexual gráfico o violento. En esa categoría hay dos libros de Philip Roth.
La última vez que visité una librería de todo por un dólar, compré cinco títulos para mí y dos para David. Su orden de "ponte a leer" resonaba en mi cabeza. Una tarde, tomé uno de los libros de tapa dura que había comprado en esa librería solo porque el título me pareció poético.
Me costó mucho trabajo engancharme con el libro. Se suponía que el narrador era un hombre de edad avanzada, pero me pareció que sonaba más a cómo se imagina una mujer joven que se escucha un hombre viejo. Cada vez que me sentía tentada a abandonarlo, pensaba en David. Él acababa de empezar La broma infinita.
Me obligué a leer los dos primeros capítulos y cuando llegué al tercero descubrí un narrador nuevo. Me encantó la alternancia de voces. Me llevé el libro al trabajo y lo leí en el almuerzo. Lo leí de vuelta a casa, levantando de vez en cuando la mirada mientras caminaba para asegurarme de evitar a los extraños y el concreto disparejo.
Me vanaglorié de que, mientras mis pares millenials también caminaban con la cabeza gacha, y los ojos mirando apenas por encima de las palmas de las manos, yo no estaba solo recorriendo las publicaciones de Instagram. Estaba leyendo. Leyendo un libro.
"¿Qué tal tu día?", preguntó en un mensaje de texto.
"Bien, estoy un poco cansada", respondí. "Me quedé despierta hasta tarde y terminé mi libro". Yo había tratado de sacar el tema de forma casual, pero estaba orgullosa de mí misma. La última vez que me quedé despierta toda la noche leyendo fue cuando tenía 12 años y el libro era Mujercitas.
No era una competencia, pero había cierta presión. Sentí que David me impulsaba a ser de nuevo la persona que solía ser y la que quería ser. Siempre que comenzaba a hablar del libro de no ficción que estaba leyendo acerca del surgimiento de Silicon Valley o de filósofos del medioambiente, yo le hablaba de ficción, de hombres que abandonaron su país escondiéndose en cajas solo para salir trepando y convertirse en pájaros. Le recordaba que en ocasiones la única manera de explicar el mundo en que vivimos es inventándolo.
Una vez le pregunté a David qué le gustaba de mí.
Hizo una pausa y dijo: "Haces que sea menos cínico. Contigo veo el mundo como un lugar lleno de maravillas".
Al cabo de poco más de un año de nuestra cita en la biblioteca, David sugirió que la visitáramos de nuevo. Mientras caminábamos entre los estantes, me preguntó si recordaba el juego de nuestra primera visita, cuando pusimos reseñas escritas en hojas autoadhesivas sobre nuestros libros favoritos.
"Sí lo recuerdo".
Sacó un libro del estante, se hincó en una rodilla y lo abrió. Dentro, su nota decía: "Karla, siempre has sido tú. ¿Te quieres casar conmigo?".
Su propuesta había permanecido entre las páginas de The Rebel Princess durante más de un año.
"Sí", respondí. "Me quiero casar contigo".
Nos abrazamos en medio del pasillo de ficción, rodeados de las historias de otras personas y a punto de iniciar la nuestra.
* Karla Marie-Rose Derus es una escritora que vive en Los Ángeles
© 2019 The New York Times
lunes, 25 de febrero de 2019
51RNB: convocatoria a presentación de ponencias
domingo, 24 de febrero de 2019
El sueldo medio de un bibliotecario en España es de 20.000 euros anuales
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