domingo, 16 de abril de 2017

Toda tu vida creíste que eras GORILA, hasta que un día llegó el KIRCHNERISMO / Rodrigo Figueroa Reyes

Estamos asistiendo al último intento desesperado antes de octubre de un grupo de fanáticos que ve cómo se les escapa de las manos el país que creyeron propio

"La caída del tirano Perón en Argentina es la mejor reparación al orgullo del Imperio y tiene para mí tanta importancia como la victoria de la Segunda Guerra Mundial, y las fuerzas del Imperio inglés no le darán tregua, cuartel, ni descanso en vida, ni tampoco después de muerto" dijo Winston Churchill en la Cámara de los Comunes del Reino Unido en 1955, en lo que tal vez sea uno de los discursos más antiperonistas que se hayan conocido al día de hoy. Bueno, en realidad Jorge Luis Borges también se despachaba con frases amigables hacia los seguidores de Juan Domingo, como aquella cuando en una oportunidad estaba debatiendo con un joven escritor y éste le dijo: "En política no vamos a estar de acuerdo maestro, porque yo soy peronista", a lo que él le contestó: "¿Cómo que no? Yo también soy ciego". Churchill y Borges fueron dos gorilas con todas las letras. Un término que surge en 1955 en un programa de radio llamado La Revista Dislocada, para referirse a todo aquel que fuera golpista, de derecha o estuviera en contra de cualquier idea populista. O sea, en contra de Perón.

"Gorila" es una de las palabras con más peso simbólico de la historia política argentina. Polariza, ciega a los que están de un lado o del otro, genera debates inconclusos, divide familias, amigos de toda la vida. Aunque lo interesante del asunto es que en su origen tuvo mucho menos que ver con las ideas económicas o sociales de Perón, sobre todo cargó contra su autoritarismo y la obsecuencia de quienes lo adoraron cual enviado del Señor. Separemos a los adoradores. Una cosa fueron aquellos millones de personas que se vieron beneficiadas por leyes sociales que cambiaron sus vidas, como el caso de acceder a una jubilación digna, vacaciones pagas, aguinaldo, atención médica o el derecho a huelga. Eso en realidad se agradece ya que benefició a todos por igual, incluso a los gorilas. El problema empezó luego, como sucede con los que se suben a su propio ego y se tiran de palomita. Ahi entraron a repartir bicicletas, pan dulces, el librito "La razón de mi vida", que se entregaba en las escuelas públicas para que las nuevas generaciones valoraran lo que era vivir homologado como una planilla de Excel. Junto a la lógica aparición en escena de actores, actrices, cantantes y demás representantes de la cultura que declamaron su adoración financiada en formato de películas, radionovelas, obras de teatro y programas de televisión.

Cualquier parecido con el movimiento Nacional y Popular que gobernó durante 12 años y medio no es mera casualidad, sino parte de un relato construido sobre los mismos cimientos. Centro Cultural Kirchner. Mausoleo Néstor Kirchner. Torneo Néstor, copa Kirchner. Autopista, ruta, calle, peatonal y cortada Néstor Kirchner. En sintonía con la época, evitaron el librito y apostaron a las cadenas nacionales eternas con el objetivo de adoctrinar a las masas y de paso enderezar a un jubilado amarrete de Mar del Plata que quiso comprarle 10 dolares a cada uno de sus nietos.

El enamoramiento de su propia voz tuvo sus consecuencias, ya que para financiar la refundación del país hubo que vaciar el Banco Central, comprar una imprenta de billetes, olvidarse de la inflación, repartir planes sociales como caramelos Sugus y asignaciones universales que incentivaron el amor no por el trabajo, obsequiar tarifas de servicios a precio de amigo y demás medidas irresponsables que actuaron como anestesia general, mientras un ejército de artistas (que palabra tan ampulosa) aplaudían en primera fila. Con una pequeña, sutil diferencia: los encargados de convencerte en otra época iban desde Hugo del Carril, quien inmortalizó la marcha que no canta Cristina, a Leonardo Favio, considerado por muchos como el mejor director de cine que dio el país. Ahora quedaron Pablo Echarri y Nancy Dupláa, lo que dificulta la amplificación del relato porque todo queda en casa. La de ellos.

 

El triunfo de Cambiemos es una bisagra en la psiquis de este colectivo, que no puede entender cómo pudo haber sucedido semejante locura en un país que tenían controlado. Para ellos Macri no es gorila, es King Kong. Macri es el hambre. El dictador que vino a imponer orden, a perseguirlos ideológicamente en los tribunales, a liberar el dolar para los que viajan a Miami, a subir las tarifas del gas y la luz porque disfruta viendo sufrir a la gente, el que llegó para privatizar la educación pública, el que reprime a los manifestantes encapuchados que prohiben circular a la gente que quiere ir a trabajar, el que envía a las fuerzas del orden para que no dejen instalar una escuela itinerante en la plaza frente al Congreso un domingo en el prime time de la televisión y las redes sociales, liderada por docentes que en sus ratos libres encabezan listas del FPV. Macri es todo eso, incluso el causante de que se desate una inminente guerra civil (?).

Sí, señores, estamos asistiendo al último intento desesperado antes de octubre de un grupo de fanáticos que ve cómo se les escapa el país que diseñaron para gobernar durante el tiempo que fuera necesario, aunque dentro de ese plan llegáramos a tener libretas de racionamiento en nombre de una revolución digna de una patria grande. Con otra pequeña, sutil diferencia: Cuba los tuvo a Silvio Rodriguez y a Pablo Milanes, nosotros a Ignacio Copani. Lo que confirma que siempre se puede caer más bajo.

En su afán por reescribir la historia, por refundar lo establecido, el kirchnerismo se quiso llevar puesto al poder legislativo, al judicial, a los partidos tradicionales, al propio peronismo y, desde el 11 de diciembre de 2015, intenta desestabilizar por todos los medios a un gobierno elegido democráticamente por millones de argentinos en la búsqueda de un cambio. Un cambio que poco tiene que ver con un partido político, sino con la posibilidad de vivir en paz y tranquilidad.

En su obsesión por resignificar todo, el kirchnerismo inventó la grieta y dejó de un lado a todos los golpistas. Lo paradójico es que los gorilas ahora son ellos.