domingo, 8 de mayo de 2016

VARGAS LLOSA reitera un viejo mito conservador…/ Julio Bárbaro

Mario Vargas Llosa y el capitalismo según Mauricio Macri

Hubo un tiempo donde realmente todo estaba politizado. Los peronistas nos enamoramos de Leopoldo Marechal y su "Megafón o la guerra" nos resultaba la consumación de nuestra concepción del mundo y del país. Antes habíamos recorrido "Adán Buenos Aires" y "El banquete" de Severo Arcángelo. Con Borges teníamos conflictos que tardamos en superar. Cuando fui Secretario de Cultura le ofrecí a Don Adolfo Bioy Casares la dirección de la Biblioteca Nacional. Mi generación vivió marcada por los pensadores franceses, Sartre, Malraux y Camus que nos formaron y dividieron, que nos acompañaron años de rebeliones y exilios. Los marxistas recorrían sus propias lecturas, los cristianos descubríamos la modernidad junto a los curas del Tercer Mundo.

Mario Vargas Llosa, de visita en el país por estos días, reitera un viejo mito conservador, ese que dice que pudimos ser grandes pero lo impidió el peronismo. Antiguo cuento que ni siquiera asume los cambios que implicó la inmigración y la permanente inexistencia de una clase dirigente surgida de la oligarquía. ¿Qué había del otro lado del peronismo? Esa pregunta no incluye a los radicales ni a los socialistas, esa pregunta sólo se responde con los golpes de Estado de los poderosos, con esos ministros y militares que derrocaron también a Arturo Frondizi por supuesto izquierdismo y a Arturo Illia al que acusaban de lentitud y terminaron en el genocidio que los convirtió en desaparecidos hasta a ellos mismos.

Sólo se supera lo que se comprende y el peronismo es un dato demasiado fuerte de la realidad para imaginar que alcanza con la simple condena. No fue de izquierda pero fue una pasión de los humildes que no encontró hasta el momento una propuesta que la supere.

Mario Vargas Llosa -un gran escritor con una contracara política, Gabriel García Márzquez, que nunca se distanció de Fidel Castro- se terminó enamorando del ciudadano universal y reprobando todo lo que a él le parecía nacionalismo. Varias veces dijo haber conocido una Buenos Aires maravillosa anterior al peronismo, pero los años de su juventud se corresponden con aquel movimiento que odia -o sea que se refiere con admiración a un mundo que dice cuestionar.

Para él, nuestra frustración, nuestro fracaso, es sólo a causa del peronismo; los diez y ocho años de proscripción no los toma en cuenta, se siente libre de no mencionar la alternativa que según él nos perdimos de elegir. Ahora apoya a Macri -yo también, porque imagino que con Scioli y sus amantes de la lucha de clases estaríamos camino a ser Venezuela. Sin embargo, cuidado, que los ajustes liberales aplicados sólo a los que menos tienen no gozan de buena salud universal.

Y Mauricio Macri tiene de bueno que no se siente enemigo del peronismo, pero tiene de malo que se nota que le faltan datos reales para conocer, entender y en consecuencia poder conducir nuestra realidad. No tenemos problemas del mercado, la concentración de la riqueza nos está dejando a demasiados fuera de ese supuesto lugar central del capitalismo moderno.

Gobernar implica imponerle un límite a los capitales concentrados, esos que el gobierno anterior intentó sustituir con Cristóbal López y Lázaro Báez, verdadera amenaza para lo sociedad. Los economistas imaginan todo a partir del excesivo gasto del Estado y tienen razón, pero si no limitan el mucho más excesivo lucro de los grandes privados solo tienen razón a medias. Y el Estado a veces es el último espacio de salvataje de quienes los negocios privados dejan afuera.

Las grandes empresas se fueron quedando con el comercio y la concentración es fuente de miseria y destrucción de la sociedad. Los supermercados aplastan al productor y esclavizan al consumidor; ganaron fortunas y Macri no impuso su autoridad para impedir que se lancen de entrada a la carrera de aumentos de precios. Y no olvidemos que contra el autoritarismo kirchnerista hubo sindicalistas dignos que lo enfrentaron mientras que el empresariado solo dio un gerente -hoy convertido en ministro- que no asombra por su lucidez.

El capitalismo no es quien piensa y proyecta las sociedades, la sana competencia nos permite crecer, pero la concentración del Estado frente a la concentración de lo privado, esas dos pinzas de la tenaza nos convierten a la gran mayoría en simples esclavos sin identidad.

Si Macri no le pone límites a los grandes grupos económicos va a profundizar la crisis que nos dejó el kirchnerismo y nos pone en el dilema de tener todavía en vigencia semejante degradación de la política. Solo se gobierna desde el centro, ese espacio que el PRO ocupa en lo político pero luego degrada al ubicarse en una excesiva derecha económica.

Vargas Llosa opina que el mal nacional fue el peronismo. Nosotros, los peronistas, pensamos que lo peor que nos pasó es que nuestra poderosa derecha nunca se ocupó de hacer política y ganar elecciones, era tan agropecuaria que no recibió con alegría ni siquiera a la revolución industrial.

Es la primera vez que los ricos ganan una elección. Es una enorme responsabilidad, tienen que demostrar que pueden estar por encima de sus ambiciones individuales, que realmente pueden ser tentados por la voluntad de trascendencia. Y para eso necesitan ser duros con los de su clase, los poderosos y sensibles con el resto, los más débiles. Hasta el momento esas intenciones no están a la vista, esperemos que asomen pronto, lo necesitamos

Fuente: https://www.facebook.com/Julio-Barbaro-464102113650557/?fref=photo

 

Daniel Díaz  /  Bibliotecario Argentino


Libre de virus. www.avast.com