jueves, 21 de abril de 2016

"La Biblioteca debe funcionar como una biblioteca" / Alberto Manguel


En su vuelta al país como funcionario de Cultura, el reconocido ensayista dará hoy el discurso inaugural de la Feria del Libro
Como pasa con quien vive afuera, primero se habla de los amigos. Los cercanos y los que viven en el exterior, con residencias móviles, en un nomadismo más bien civilizado, lejos de toda barbarie. Alberto Manguel volvió al país con varias excusas: la salida, ante todo, de su libro Una historia natural de la curiosidad (Siglo XXI); el discurso inaugural que dará hoy en la apertura de la Feria del Libro, y, desde luego, el cargo de director de la Biblioteca Nacional, que asumirá en julio. Ya busca departamento en Buenos Aires, que para él, como está prefigurado en su novela El regreso, es una ciudad de fantasmas.
La llegada marcará otra peripecia de su errancia. "Mi modelo del mundo es el campo de mi experiencia", escribe en su nuevo libro. ¿Y cómo se vive en una patria imaginaria? "Ah, si lo supiera? Me encontré en distintas situaciones que ahora son mi vida." Lo espera, dice, una nueva batalla: "Hacer que la Biblioteca funcione como una biblioteca".
Manguel, que llega desde Nueva York, no pensó nunca que tendría una vida de extramuros, y si no lo hizo fue porque esa vida de extramuros quedó para él naturalizada ya desde la infancia. "No me propuse viajar tanto, no me propuse vivir en varios lugares, no me propuse aprender varios idiomas. Sucedió. Pero yo considero que la generosidad de este mundo, que nos da tantas cosas al mismo tiempo, es más frecuente de lo que pensamos. Y yo creo que eso justifica una visión universalista de la patria. Ya dijo Borges que tenemos la elección de ser estrechamente nacionalistas o de ser universales. Y que no estamos obligados a mirarnos el ombligo."
-Como argentinos tenemos entonces identidades múltiples.
-Sí, tenemos identidades múltiples, pero curiosamente nos cuesta aceptar esa multiplicidad. Constantemente veo que volvemos a ideas estrechas, casi caricaturescas del argentino, en lugar de decir que podemos ser todos. Creo que la literatura nos ofrece siempre ese ejemplo de multiplicidad y de riqueza.
-Anota en el libro sobre la curiosidad que su biblioteca es como "el caparazón de un crustáceo". Ahora bien, ¿eso que se lleva con uno es material o más bien pertenece a la memoria, como era el caso de Erich Auerbach cuando escribió Mímesis?
-Las dos cosas. Yo diría que mi biblioteca es mi exoesqueleto. Y durante un tiempo, quince años, cuando vivía en Francia, tuve una experiencia extraordinaria, porque podía estar dentro de ese caparazón. Hace poco más de un año dejé Francia, vendí la casa y los libros están en depósito esperando su resurrección. Me di cuenta de que la biblioteca me dio una suerte de biblioteca de la sombra que llevo en la memoria, que no es exactamente la biblioteca que yo tenía armada. Pero tampoco eran los textos de ciertos libros, sino una suerte de collage.
-Hablamos de Borges varias veces, ¿qué implica para usted ocupar el lugar que él ocupó en la Biblioteca Nacional? ¿Qué modelo de Biblioteca tiene en mente?
-Yo escribí mucho sobre lecturas, bibliotecas y libros, y acepté este cargo porque me dije: escribí todas estas cosas, hay que poner manos a la obra y ver si funcionan las cosas que pensé. Modelo de la biblioteca, no. No hay arquetipos de instituciones. No existe el arquetipo de una escuela, un banco, una familia. Hay ideas en torno que se formalizan en la acción. Uno tiene que concebir la institución de una manera elástica, según lo que se necesite. No es lo mismo la biblioteca para niños que se armó en el campo de concentración de Birkenau que la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos. Tienen otros límites y otros requerimientos. De todas maneras, hay una cosa general: una biblioteca tiene que ser un instrumento para sus lectores. No puede ser un monumento que se baste a sí mismo o una institución que adopte matices más atrayentes para ser más popular. Si usted reparte caramelos en un hospital, va a venir más gente con sonrisas, pero ése no es el propósito del hospital. Entonces, pienso que la Biblioteca Nacional tendrá que funcionar como una biblioteca. Tener un catálogo, por ejemplo?
-¿No lo tiene?
-No. Y es obvio que tiene que tenerlo. Que tenga buena parte de su documentación digitalizada, porque somos una Biblioteca Nacional, no una biblioteca porteña. Usted puede ir mañana, pero una persona que está en Misiones tendrá dificultades para acceder al fondo. Esas cosas me parecen esenciales.
-Volviendo a Una historia natural de la curiosidad, Dante parece ser un personaje vivo. Tan vivo es que en un sistema de relevos usted lo elige a Dante para su propio viaje. ¿Dante es su Virgilio?
-Qué impertinencia, dirá usted? Bueno... desde hace casi veinte años leo a Dante todas las mañanas. Lo que me sorprende es que siempre es distinto. Ya lo recorrí una cantidad de veces y sigo encontrando cosas nuevas. Conozco al personaje, sé que esto es una ficción. Y sin embargo creo en ese personaje que me va a contar ese recorrido. Y que lo cuente como si lo estuviese haciendo. Hay una verdad muy profunda en ese personaje.
-Un poco como con el Quijote?
-Sobre eso voy a hablar en la inauguración de la Feria: el Quijote como lector. No es una elección inocente. Sin decirlo explícitamente, creo que me sirve para hacer algunos comentarios sobre la Argentina. Algunos que me escuchen van a entender.
-¿Se refiere al Quijote como lector crédulo?
-Eso es lo que nos dice Cervantes. No hay por qué creerle. Cuando Cervantes empieza a escribir no sabe exactamente qué va a hacer. Al final, cuando Don Quijote se muere, vuelve a la idea de las novelas de caballería. El Quijote es el lector que encuentra una ética particular en los libros que lee y decide a aplicarla en el mundo.
-¿Una razón práctica?
-Sí, pero también una especie de fe poética muy profunda. Nosotros estamos acostumbrados a leer sin darle importancia a lo que leemos, ya sea la Ilíada o las Coplas a la muerte de su padre. Lo leemos: ah, sí, muy bueno. Y después seguimos siendo los mismos infames corruptos de siempre. Alonso Quijano dice: No, yo voy a seguir la ética de caballería y cuando vea algo injusto voy a tratar de remediarlo a pesar de que la consecuencia sea peor de lo que había al principio. Si no, ¿de qué sirve la literatura?