jueves, 5 de noviembre de 2015

La librería tiene que ser un servicio… / Alberto Casares

"El libro es un objeto noble y no es obligación leerlo"

Un café con: Alberto Casares, titular de la Asociación de Libreros Anticuarios.

Dice que el libro siempre fue un factor de ascenso social. Y defiende su rol: "Compramos pensando en el cliente", explica.

Todo empezó en la biblioteca de su tío abuelo Tomás Casares, entonces ministro de la Corte de Justicia de la Nación. "No entraba nadie salvo el Doctor Casares y algunas personas que invitaba para conversar, pero a mí me dejaba. Tenía las paredes del piso al techo llenas de libros y una balaustrada, subías la escalerita y podías recorrer toda la biblioteca por arriba. No tocaba los libros ni iba a leerlos, era estar ahí", cuenta Alberto Casares.

¿Qué te gustaba de todo eso?

La forma, lo que son los libros físicamente, lo que transmiten aún cerrados. Se critica a los que compran libros para decoración: yo los defiendo. Es un objeto noble y no es obligación leerlos. No hay que ser tan elitista. Prefiero que usen libros para decoración y no otros objetos de mal gusto.

Estudió agronomía, pero el interés por los libros lo llevaba todas las noches a la avenida Corrientes. Su padre era amigo de Carlos Lohle, un editor holandés con quien tenían largas conversaciones. Fue Carlos quien le dio a entender que lo suyo eran los libros, y le ofreció trabajo en la editorial. "En poco tiempo me puse al frente de la producción, lo que me permitió conocer la fabricación de los libros en un momento industrial distinto al actual. La linotipia, cómo se armaba el libro en línea de plomo, la plana. Era una felicidad", describe.

¿Qué pasa en Buenos Aires con los libros?

Es la Ciudad del mundo con más librerías por habitante. Es un dato importante. No menor, como dicen ahora.

¿Por qué?

Hay muchos factores. Uno es histórico: los que hicieron Argentina, aparte de militares eran doctores, escritores, traductores, gente culta, que hablaba idiomas y sabía escribir. Había una clase media y alta con inquietud cultural. Las famosas familias argentinas del siglo de oro que iban a Europa en barco y traían los muebles para el ajuar también traían libros. Tengo documentos antiguos de pedidos a Europa, una lista del siglo XVIII con instrucciones a un librero de España con todos los detalles, y hace hincapié en que los manden empastados porque allá lo hacen muy bien y más económico que acá. Y el argentino, por lo menos el porteño, es curioso. Quiere estar al día, saber qué se está leyendo, compra libros.

¿Nos gusta la biblioteca grande en casa?

Durante la segunda mitad del siglo XX era común la figura del vendedor ambulante que iba por las oficinas con su valijita. Siempre estuvo la aspiración de tener libros como objetos de cultura, por más modesto que fueras. Era un factor para el ascenso social.

En 1975 abrió su primera librería en un local de la galería Bond Street. "Que no era ni alternativa ni tenía tattoos ni nada, era lo más barato de Buenos Aires y bien céntrica. En esa época todavía no tenía idea de lo que era el libro viejo. Es más, le tenía cierta aversión. Los descubrí porque siempre pensé que la librería tiene que ser un servicio y no sirve responder que el libro está agotado, entonces lo buscaba. Y mis clientes me fueron llevando a unos libros magníficos que ni sabía que se podían comprar y vender y poner en valor nuevamente. Empecé a ir cada vez más atrás y se me abrió un mundo que no tiene límite. Todos los días es una sorpresa", cuenta.

Alberto preside la Asociación de Libreros Anticuarios, que está llevando a cabo la 9° edición de la Feria del Libro Antiguo en La Abadía (Gorostiaga 1908, se puede visitar hasta el domingo). "La mayor parte nos llega a través de personas que están deshaciendo las bibliotecas familiares. Técnicamente, el libro antiguo es lo impreso desde Gutenberg hasta los primeros años del siglo XIX, cuando cambiaron las técnicas de impresión. Incunables son los de los primeros 50 años de la imprenta. Desde entonces se han impreso millones de libros, de los que solo perdura un porcentaje pequeño. De eso se ocupa el librero anticuario", explica.

Algunos se quejan de que en las librerías modernas hay vendedores y no libreros...

Las grandes cadenas cambiaron las costumbres de compra-venta en todo el mundo. Se llenan de libros prestados, se vende lo que se vende y el resto se devuelve, o sea que no se juegan en el stock, venden lo que les traen. El librero elige pensando en su clientela. Siempre digo que hay cuatro condiciones indispensables para ser librero anticuario: ser bibliófilo, tener algo de bibliotecario, algo de investigador y, por último, ser comerciante porque si no te fundís al año.

Fuente: http://www.clarin.com/ciudades/Un_cafe_con-Alberto_Casares-libros-antiguos_0_1462053801.html