domingo, 5 de octubre de 2014

Carta Abierta, fané y descangallada / por Pablo Sirven


En medio de la bruma, el intelectual puede, y debe, ser el faro, cuya luz providencial nos evite chocar contra el primer peñasco. Pero eso, por ahora, no será posible por estas latitudes. "Nos sentimos navegando en una tormenta con dificultades inmensas", acaba de revelarnos la Carta Abierta N° 17 firmada por el grupo de pensadores que revistan en la asociación del mismo nombre. Esperemos que el próximo mensaje no sea como el S.O.S. enviado desde el Titanic cuando un iceberg lo abrió con la facilidad de un abrelatas.
El último documento no difiere del estilo característico de frases largas e ideas cortas utilizado en anteriores piezas, aunque, en este caso, lo único novedoso es lo que más alarma: un persistente pesimismo que campea a lo largo del interminable manifiesto. El conflicto de intereses de tener entre sus miembros a un par de conspicuos funcionarios eleva al paroxismo épico sus alabanzas y minimiza las críticas. Sólo reconocen, pretendiendo cubrirse de ese reclamo, que hay "no pocos aspectos deficientes y reprobables". Pero sigue de largo sin explayarse al respecto.
Ya sería hora de que los miembros de este "colectivo", que transita los últimos tramos de su recorrido por la "década ganada", se preguntaran a conciencia y honestamente cuál ha sido su aporte concreto a la comunidad desde su nacimiento en medio de los fragores del conflicto con el campo, en 2008, con pocas semanas de diferencia del parto de su primo hermano 6,7,8, adonde los miembros de la agrupación suelen concurrir gustosos.
Cuando se revisa en profundidad el historial de Carta Abierta, lo que sobresale, y se comprueba con la simple lectura de todas sus homilías laicas, es un seguidismo pasivo y acrítico del oficialismo nacional. En vez de ser revulsivos y cuestionadores hacia quienes detentan el máximo poder político de la república, prefieren encoger al triste rol de meros propagandistas, cuyas poleas de transmisión, en este caso, para peor, se engranan en un espeso fango semántico.
Se supone que un intelectual debe ser un agnóstico que no cree religiosamente y a rajatabla en nada que no pueda someter a una exhaustiva razonabilidad. Aun así, por su formación intentará igual cuestionar ese orden en busca de per saltum creativos que permitan descubrir instancias superadoras.
"Hoy -opina el "historiador de las ideas" Enzo Traverso, entrevistado por la revista Noticias- es posible ver a intelectuales que toman responsabilidades en los gobiernos y que muchas veces actúan como propagandistas. Utilizan su pluma para legitimar la acción de un gobierno y dejan de tener un papel crítico." Del italiano Traverso, la editorial Siglo XXI acaba de publicar su libro ¿Qué fue de los intelectuales? Allí subraya que "el intelectual cuestiona el poder, objeta el discurso dominante, provoca la discordia". Traverso no critica que Carta Abierta simpatice con Cristina Kirchner, pero aclara que "si el apoyo a una medida se transforma en sumisión del poder y en la adopción de una posición acrítica, eso no es más un intelectual".
Pero el problema más grave de Carta Abierta ya no es sólo que sus integrantes se conformen con ser meros custodios sacerdotales del dogma en el que creen ciegamente, sino que su prédica luce ajada, fané y descangallada, como dice el tango. Parece escrita en la sobremesa de una buena cena en un bodegón entre viejos amigos que se conocen de toda la vida. Llama la atención la falta de foco. Responde a un formato que ha quedado en el tiempo y que ya ni siquiera da respuestas útiles a quienes tanto admiran.
La aparición de los más modernos think tank, centros de estudios y laboratorios de ideas que no se duermen en los laureles de lo aprendido hace décadas en la universidad o en viejas lecturas juveniles, sino que buscan estar al día en el conocimiento técnico y específico de cada tema por abordar, dejan a los documentos de Carta Abierta en un lugar de pieza arqueológica.
La nota de tapa del suplemento Enfoques, que circula con esta edición, y que firma Raquel San Martín, da cuenta precisamente de los distintos circuitos por donde hoy circulan las ideas más innovadoras y se presentan a once "mentes brillantes" del campo internacional. Todos ellos son expertos en disciplinas concretas y rigurosas.
El contraste con los miembros de Carta Abierta también es inmenso: sus miembros más connotados son enciclopedistas decimonónicos, indiscutiblemente cultos, apegados a sus viejas conciencias y prejuicios generacionales, desconfiados de "lo nuevo", atados tal vez por comodidad a describir un mundo que ya no existe.
Juan José Sebreli, un intelectual de verdad, porque siempre fue un disidente de todos los gobiernos, ha dicho que los intelectuales cercanos al Gobierno no entienden nada de economía porque son gente que sólo trabaja con textos y simbologías. "El campo en el que se mueven -completa Sebreli- pertenece a la filosofía de la literatura. Y ahora están haciendo una literatura de la política."
Si de literatura se trata podrían haber hecho una gran novela, como Sarmiento con Facundo. Pero no. Prefirieron conformarse con ser puro cuento.

Fuente: http://www.lanacion.com.ar/1733057-carta-abierta-fane-y-descangallada