jueves, 6 de diciembre de 2012

La crisis Española y el futuro del Libro: ¿una nueva conquista de América?


Luego de décadas signadas por la indiferencia y el desdén, todas las miradas de la industria del libro española vuelven a recalar sobre América Latina. Desde el 2008 y hasta este año, la crisis económica produjo en aquel país una baja en la venta de libros de un 18 por ciento, según las estadísticas de la Federación de Gremios de Editores de España. La facturación descendió un 11,2 por ciento , y el volumen de ejemplares vendidos un 20,3. La salud del mercado del libro (también amenazada por las nuevas tecnologías y los cambios de hábitos de la sociedad), dicen los españoles, está en las exportaciones. Y los números parecen avalar esa idea: México, Argentina, Chile, Colombia, Brasil y Estados Unidos captaron el 73,11 por ciento de las exportaciones de libros de España. "América se convierte en una tabla de salvación", se sinceró un editor vasco: "Todos estamos mirando hacia allá para ver si, colocando más libros en el mercado americano, podemos aminorar un poco los problemas que tenemos".
Esta noticia probablemente sea una de las emergencias de un contexto político, económico y social más profundo y complejo, que tiene que ver con el crecimiento de la población hispanoparlante en el mundo. Según datos de Wikipedia , el español es, en la actualidad, la segunda lengua más hablada del mundo por el número de personas que la tienen como lengua materna (tras el chino mandarín), con 420 millones de hablantes nativos. Y superan los 500 millones de personas si se cuentan los que lo han aprendido como lengua extranjera. De todos ellos, 117 corresponden a México, hoy convertido en el decimoprimer país más poblado del mundo. Y otros 50 millones de hispanoparlantes viven en los Estados Unidos, donde el voto latino definió las elecciones presidenciales en favor de Barack Obama.
¿Resistirán los sellos pequeños y medianos de los países emergentes esta potencial invasión de libros españoles?
Con estos números en mente, no es extraño que en España vean al territorio americano como el mercado a conquistar una vez más. Ayudan las economías locales, que resisten medianamente bien los efectos de la crisis europea, e influye también la densidad de la población infantil y juvenil de América Latina, más permeable a fenómenos editoriales de masas como Harry Potter o Las Crónicas de Narnia, que funcionan como combustible de la industria del libro. El enviado especial de la BBC a Guadalajara lo puso de esta manera: "Los promotores de la Feria y los editores coinciden en que la región puede aprovechar la crisis mundial para potenciar su mercado interno, favorecido por el buen rumbo de algunas economías locales, y vender sus autores a países del exterior que también están esquivando la crisis". Y en el Instituto Cervantes de Nueva York, el escritor peruano Santiago Roncagliolo habló sobre el tema : "Latinoamérica tiene una economía que está llevando bastante bien la crisis. Cada vez se compran más libros, se consume más cultura y, además, no hace falta traducir por lo que tenemos un espacio en común. Si algo bueno ocurre es que va a haber una relación más fluida entre las dos familias del océano". "La lengua española", escribe Damián Tabarovsky en un artículo todavía inédito, "se ha convertido en uno de los recursos económicos clave como el petróleo, la agroindustria y la industria armamentística. El idioma, considerado antaño como una riqueza intangible, se ha vuelto un valor cotizable en el mercado. El castellano va camino a convertirse en uno de los commodities del capitalismo global, como ya lo es el inglés".
¿Podrán las industrias del libro latinoamericanas imponer condiciones frente a este avance? ¿Cómo influirá en el proceso, por ejemplo, las ventas de editoriales argentinas a conglomerados transnacionales que se sucedieron durante las últimas décadas?¿Resistirán los sellos pequeños y medianos de los países emergentes esta potencial invasión de libros españoles? ¿Se impondrá un castellano neutro de exportación que pretenda homologar la lengua en todos los territorios hispanohablantes?¿O será el momento, finalmente, de que se desarrolle una nueva política de traducciones que borre del mapa las horrorosas versiones que suelen llegar de España, y se impulsen otras más ajustadas a las necesidades, los modos y los gustos locales
Por Maximiliano Tomas | Para LA NACION
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