sábado, 18 de agosto de 2012

La presencia femenina en los libros de historia : evolución y renovación historiográfica

¿Tienen acaso las mujeres una historia? En 1995, Guadalupe Gómez-Ferrer, afirmaba en un artículo de la revista Ayer, la cual funciona como portavoz de la Asociación de Historia Contemporánea, la perspectiva segada con la que se habia reconstruído el pasado, así como la parcialidad de los discursos elaborados al respecto. El reflejo del devenir histórico de las mujeres ha aparecido frecuentemente subordinado a un sistema  patriarcal cuyo objetivo ha sido el fortalecimiento del predominio masculino, la división sexual del trabajo y la restricción de las actividades femeninas al ámbito exclusivamente doméstico.
La historia, entendida en un sentido amplio, no ha sido más que el reflejo de las propias estructuras socioculturales de Occidente, lo cual ha evidenciado la ausencia del sujeto femenino en la medida en que se ha encontrado abocado al ámbito de lo privado, y no a la esfera de lo público, campo exclusivo de dominio del varón. La dicotomía entre lo privado/femenino versus masculino/público será una constante a lo largo de la historia. En la construcción del imaginario colectivo de la sociedad española, el esfuerzo dirigido a normalizar y construir la identidad femenina no ha sido escaso; en este sentido se ha realizado a lo largo de la historia un ingente esfuerzo por ejercer un control sobre la conducta de las féminas, bien a través de mecanismos formales – códigos jurídicos-, o bien mediante mecanismos de tipo informal – a través de códigos culturales no explícitos que establecían pautas de comportamiento social. Iconografía Imagendiversa, discurso tradicional, tendrían capacidades relacionadas con la sensibilidad, mientras que los hombres representarían la razón. Pilar Primo de Rivera afirma en su discurso: "Las mujeres nunca descubren nada: les falta desde luego el talento creador, reservado por Dios para inteligencias varoniles; nosotras no podemos hacer nada más que interpretar mejor o peor lo que los hombres han hecho."
El sujeto femenino por tanto, se ha encontrado, hasta tiempos recientes entre los olvidados de la historia. Las mujeres se configuraban pues como personajes ahistóricos, invisibles, y a juzgar por su testimonio, casi se podria decir que no habían sido relevantes ni en los hábitos históricos, ni en la producción científica, literaria, artística, etc.
Sin embargo, la "historia de las mujeres" como una corriente específica, comienza a profesionalizarse tras el final de la Segunda Guerra Mundial. En España nace concretamente a fines de los años sesenta como forma de rescatar a un sujeto social que habia sido eludido por la historiografía tradicional.
El despertar de un incipiente Imagenfeminismo tiene mucho que ver con el impulso de los estudios de género. Si bien, la invisibilidad de la mujer en los estudios de historia habia sido la tónica general, se pretende en estos momentos aplicar la perspectiva de género a éstos como herramienta de reflexión para contribuir a un conocimiento de pasado más exhaustivo y completo.
Con anterioridad a esto, y en ocasiones todavía en la actualidad, el papel reservado tradicionalmente a las mujeres en la narración histórica responde a un marcado estereotipo. Sucede, que la mujer, cuando ha sido incorporada al relato histórico, con frecuencia lo ha sido para recrear personajes "de leyenda". Algunos ejemplos al uso bien pueden ser Juana de Arco, Blanca de Navarra o Agustina de Aragón. Vemos pues como la figura femenina no es valorada más que en la medida en que desempeña una función simbólica: la mujer aparece en el relato para infundirle dimensión heroica. Desde el nivel de plasmación iconográfica, el sujeto femenino ha sido en gran medida asimilada a la mujer soldado miliciana, mujer-alegoría de la Revolución o de la República, etc. Salvo estos personajes de leyenda, el resto de féminas reflejadas en los libros y la literatura se configuran como testigos de escaso valor, alejadas de la escena donde actúan los héroes varones dueños de su destino; sujetos pasivos que aclaman a los vencedores y lamentan su derrota.
Un estudio realizado para el año 2000 en torno a la presencia del sujeto femenino en los libros de historia muestra, como dato destacable, que el 59% de las ilustraciones recogen personajes sólo masculinos, mientras tan solo un 10% representa personajes femeninos. La presencia femenina va, sin embargo, incrementándose en número de ilustraciones conforme vamos acercándonos al siglo XX. Esta presencia femenina se enmarca en dos contextos nuevos: el laboral y el político-sociológico.
Por tanto, la plasmación plástica y/o iconográfica del sujeto femenino no es más que el reflejo de la participación o indivisibilidad de éste en la sociedad. De tal modo, podemos afirmar a modo de valoración final que, si bien las distintas corrientes historiográficas no han recogido en sus temas de investigación a la mujer como objeto de conocimiento, en el marco Imagende la renovacióbn metodológica e historiográfica planteada a partir de fines de los años sesenta, la historia desde la perspectiva de género ha logrado implantarse, dando protagonismo y visibilidad al sujeto femenino y a su aportación a los movimientos sociales, lo que se ha reflejado de igual modo en los libros que abordan esta temática.