lunes, 4 de junio de 2012

Cartonera, red

Hace tiempo que le hablo de Cartonera a la Bibliotecaria, un proyecto editorial extendido en Hispanoamérica, que surge como alternativa al control de los mercados literarios por fuertes grupos neoliberales. Me gusta leer sus publicaciones y disfrutar de sus encuadernaciones, realizadas con materiales de deshecho, principalmente cartones. Pero, cuando tenemos la intención de ponernos manos a la obra, siempre surge algún tema o cuestión que desvía nuestra atención en otras direcciones. Así que hoy señalaremos aquí algunas notas esenciales de este singular movimiento.

Mucha gente, a la hora de querer publicar, se encuentra con una realidad: la producción, distribución y venta de mercancías culturales está sometida a la lógica neoliberal y no es fácil introducirse en ella (con cierta satisfacción). Por ello, principalmente en poesía, unos colectivos (denominados cartoneras) realizan libros artesanalmente, confeccionados a bajo coste, con cartones, hilos, grapas, pintura… tomados, por lo general, de la calle, haciendo después fotocopias. Su origen se sitúa en el final del siglo veinte, cuando Argentina queda sumida en la deflación y sus gentes tienen que subsistir de la solidaridad y la imaginación. Allí, en Buenos Aires, en 2003, Eloísa Cartonera inicia esta forma de producción, extendida después a México, Perú, Chile, Paraguay, Bolivia, Brasil, Ecuador, Colombia, Puerto Rico…

Estos libros, además de internet (en donde ya podemos ver archivos digitales como el de Atarraya), pueden hallarse en ciertas librerías y bibliotecas, pero lo interesante del asunto es que ha construido un movimiento, una red participativa de la que surgen muchas iniciativas creadoras, insertas en la cotidianidad de los lugares en donde viven quienes escriben.