domingo, 18 de diciembre de 2011

Bibliotecas municipales en Montevideo-R.O.Uruguay




Hay 19 bibliotecas municipales en Montevideo que reciben a unos 25 lectores por día. Faltan funcionarios y se reciben más donaciones que lo que se compra, pero planean dejar atrás esa postergación.

Una vez, hace unos 30 años, la "Joaquín de Salterain" fue la principal biblioteca pública de Montevideo y estaba en el atrio municipal.

Hoy está en el interior del Cabildo de Montevideo con menos libros, menos personal y menos visitas. Llegó ahí luego de varias mudanzas y puede que tenga que mudarse nuevamente. Para redondear un cuadro de situación poco luminoso, hace algo más de un año le amputaron la sala de lectura de la que disponía para dársela a la Asociación de Artesanos, cuando fue desalojada del Molino de Pérez. Desde entonces, se entra a la otrora principal biblioteca de la ciudad como "por la cocina", al decir de un funcionario del Cabildo que pasa bastante rato en la biblioteca y conoce historias y anécdotas.

A la "Joaquín de Salterain" van unas 25 personas por día, un promedio de visitas que se repite en casi todas las bibliotecas departamentales de Montevideo. La directora del Servicio de Bibliotecas de la IMM , Isabel Fantoni, describió los perfiles de los usuarios: cuanto menos clase media haya en el barrio, más niños acudirán a la biblioteca pública; y cuanto más clase media, más adultos mayores. La biblioteca es, también, un lugar para "depositar" a los niños.

Esa es una de las razones por las que es un servicio más requerido en los barrios humildes que en los pudientes, de acuerdo a la licenciada Fantoni. En total, la IMM destinó este año seis millones de pesos a la red de bibliotecas. De esos recursos, cerca de la mitad se destinan a que los locales estén limpios y algo más de un millón para sueldos de becarios.

Los libros vienen de las compras que hace la Intendencia de Montevideo y de donaciones de particulares. En algunos casos, las donaciones son tan importantes como lo que se compra de manera centralizada, o incluso más. De acuerdo a la información brindada por la división de Promoción Cultural, las donaciones casi duplican a las compras: el año pasado se adquirieron 595 títulos y se donaron 1.400. Aunque una funcionaria explicó que no siempre las donaciones son útiles. "Son muy pocos los que donan una colección de Marcha, por poner un ejemplo de una colección valiosa", dijo esta fuente.

En cuanto a los títulos que se piden, los más solicitados corresponden a las categorías "ficción latinoamericana" e "historia nacional reciente". "Un libro que sale mucho actualmente es Tiempos de dictadura, de Virginia Martínez", dice Sara Lorenzo en la Biblioteca Carlos Reyles, a un par de cuadras de la Gruta de Lourdes. "Los libros de Historia tienen muchas salidas", asegura. "Y más los de historia reciente. Este es un momento muy particular porque se encontraron los restos de Julio Castro. Eso hace que la gente quiera leer sobre todo lo que ocurrió durante la dictadura".

El paulatino descenso de la emblemática "Joaquín de Salterain" -en la que ahora trabaja una única persona que tiene que atender al público y cumplir con las tareas administrativas- ilustra la escasa atención que desde hace décadas las jerarquías municipales le han prestado a un servicio que ofrece varios beneficios.

Más allá del contacto directo con la palabra escrita, la biblioteca es un espacio de socialización para adultos pero más a menudo para niños, que acuden en busca de libros, juegos, actividades y de otros niños.

Además, puede ofrecerle a un liceal de bajos recursos la posibilidad de acceder a materiales de estudio sin costo, por ejemplo. Cuando Qué Pasa visitó la "Carlos Reyles" una estudiante de 18 años encontraba la Divina Comedia y La Ilíada para el examen de Literatura, además de preguntar por un libro de teoría económica para otra asignatura.

La "Carlos Reyles" es atendida por Lorenzo y una funcionaria administrativa. La escasa cantidad de empleados es algo que se repite en la red de bibliotecas departamentales, como se llaman desde que Montevideo está dividido en ocho municipios. En general no hay más de tres funcionarios a cargo de las bibliotecas.

En total hay 68 municipales destinados al servicio, de los 14 tienen el título de bibliotecólogos. Pero también están los que, como en el caso de René Lemoine en la "Felisberto Hernández" del complejo Euskal Erría, se han construido una trayectoria laboral combinando docencia y pasión por la lectura y la literatura.

En esa biblioteca se confirma el diagnóstico de "cuánto menos clase media, más niños". Unos 500 niños forman parte del registro de la biblioteca, una cifra excepcional para la red.

Lemoine tiene buena parte de la responsabilidad de ese indicador. Formada en el extranjero en la asignatura Narración, le enseña a los niños que acuden a la "Felisberto Hernández" cómo leer los cuentos en voz alta, cómo moverse y qué gestualidad usar para contarlos, por ejemplo. Algo así como una combinación entre teatro y literatura. Luego, lleva a esos niños para que lean y cuenten en escuelas y cotolengos. Hace casi 25 años que trabaja en la "Felisberto Hernández", y está próxima a jubilarse. Cuando se vaya es poco probable que alguien la pueda reemplazar y desde la dirección de Cultura de la IMM se reconoce que su jubilación será "una pérdida".

La directora de la división Promoción Cultural, Clara Netto, es consciente que 68 funcionarios para un acervo de unos 160.000 libros repartidos en 17 locales (de las 19 bibliotecas, dos están cerradas por reparaciones), es insuficiente. Por eso, agrega, ya se hizo un llamado a concurso para 19 nuevos cargos de bibliotecólogos, con un límite de edad de 45 años: el promedio de edad actual supera los 50 y muchos ya andan, como Lemoine, en trámites de jubilación. Los nuevos empezarán ganando unos 20.000 pesos más beneficios sociales.

Todas las bibliotecas departamentales se manejan con lapicera o papel. Se compraron computadoras para los locales, pero por ahora están desconectadas. "Hay un tema de compatibilidades", explica Netto. " La IMM se maneja con Linux, y la base de datos tiene otro sistema de software".

La jerarca asumió el 8 de julio. Cuando habló con la intendente Ana Olivera se acordó que la primera medida sería aumentar el presupuesto destinado al conjunto de bibliotecas. Y comprar más libros. De los 595 del año pasado se subió a 650 este año, muchos de ellos vinculados al Bicentenario, con lo cual se refuerza el perfil histórico del acervo de libros de la intendencia, lo que responde a una demanda constatada.

Otro punto acordado fue que se intentaría volver a la Bibliored -una biblioteca ambulante que llevaba libros de barrio en barrio- y revivir una base de datos que se construyó y mantuvo desde 1999 hasta 2004 y que luego fue abandonada.

Las idas y venidas en torno a proyectos que fueron ideados, abandonados y, como ahora, que se pretende reflotar, es otra muestra de lo bajo que están las bibliotecas en la lista de prioridades de las jerarquías de la intendencia. "Estaban postergadas sí. La división que dirijo tiene que contemplar otras unidades y servicios, como el Teatro Solís, la EMAD y la Filarmónica , por ejemplo. Además, ¡recién llegué!", dice Netto.

Para el director de la Escuela Universitaria de Bibliotecología, Mario Barité, las mudanzas, los proyectos que nacen y mueren, o el hecho de que haya locales a los que se llega solo preguntando son síntomas del subdesarrollo conceptual. Para él, eso va más allá de quien esté a cargo durante tal o cual administración. "Hace ya 30 años que la ciudad perdió su principal biblioteca - la Joaquín de Salterain- y seguimos sin entender el potencial que tienen las bibliotecas, uno que va mucho más allá de la lectura", dice Barité

¿El último orejón del tarro?

Un lugar común de la administración pública es que hay tres destinos para funcionarios problemáticos, díscolos o a los que se quiere aislar: archivos, museos y bibliotecas. Algunas de las fuentes consultadas para esta nota coinciden con esa visión. "Es como un castigo que te manden a una biblioteca, eso ocurre a menudo en el interior", dice Mario Barité, de la Escuela Universitaria de Bibliotecología.


Fuente: http://www.elpais.com.uy/suplemento/quepasa/lecturas-publicas/quepasa_612846_111217.html