miércoles, 10 de agosto de 2011

El Archivo Secreto del Vaticano, disponible en Internet


El Vaticano inició la digitalización de los más de 80 mil manuscritos y 40 millones de páginas documentales que lo componen. Y que reflejan la vida de la Iglesia y el acontecer del mundo de los últimos 20 siglos. El proceso finalizará en una década. Más información en Valores Religiosos.

Buena parte de los "secretos" del mundo de los últimos 2.000 años contenidos en el fascinante Archivo Secreto del Vaticano se encaminan a estar al alcance de todos. A partir de la decisión de la Santa Sede de facilitar su consulta, el avance tecnológico lo hará posible. Merced a un arduo proceso de digitalización que se puso en marcha en el último año y que finalizará en una década, será posible acceder a través de Internet (www.vatican.va) a los 80 mil manuscritos y 40 millones de páginas documentales que los palacios vaticanos atesoran en 85 kilómetros de anaqueles. En alta definición se podrá disfrutar viendo joyas como el Codex Vaticanus – los pergaminos con la transcripción más antigua de la Biblia completa, que data del siglo IV-; el pedido de los Lores de Inglaterra para que se anule el primer matrimonio de Enrique VIII, cuyo rechazo derivó en el cisma anglicano, y un extracto del célebre proceso a Galileo Galilei. Pero también será una fascinante posibilidad -escudriñando en los documentos sobre el quehacer de la Iglesia y el devenir de los pueblos- de conocer y comprender mejor la historia.

Las voces autorizadas de la Santa Sede aseguran que prácticamente todos los documentos estarán al alcance de las consulta. "En principio, ningún texto está excluido", aclara a Valores Religiosos el cardenal argentino Jorge Mejía, ex director de la Biblioteca y el Archivo Secreto. Precisa que "la única excepción podrían ser los documentos de la Penitenciaría Apostólica, que se ocupa de casos de conciencia, por obvias razones de discreción y respeto de las personas". Pero también existe, como en cualquier archivo, una limitación temporal. O sea, el tiempo que se espera entre los hechos y el acceso a los documentos para que éstos ya sean efectivamente parte de la historia. En el caso del Vaticano, la distancia suele rondar los 75 años. Y la práctica es que se abran por papado. Actualmente, el acceso llega hasta 1939, es decir, hasta el final del pontificado de Pío XI. Con todo, varios documentos del papado de Pío XII ya se conocen a raíz del reclamo de sectores de la comunidad judía que consideran que Eugenio Pacelli asumió un papel débil durante el Holocausto y que vienen mostrando interés en acceder a información de primera mano.

El patrimonio documental de la Iglesia -que comienza en los tiempos de los apóstoles para mantener la memoria y la ligazón con su fundador- tiene una historia llena de sobresaltos, que no pocas veces terminaron en pérdidas irreparables. Por lo pronto, no hay pruebas directas de la existencia de un archivo durante sus primeros tres siglos. Con todo, el estudioso Terzo Natalini dice que la Iglesia de Roma poseía un "archivo-biblioteca", aunque no quedó casi nada de él a raíz de la ofensiva para acabar con la religión cristiana que encaró el emperador Diocleciano, quien en el año 303 ordenó destruir los escritos de la Iglesia. Propiamente, el comienzo de la historia del patrimonio documental de la Santa Sede podría situarse tras la decisión de Constantino (313) de convertir al cristianismo en la religión oficial del imperio. Y con la edificación de la primera basílica y la primera sede del papado en Letrán, en las afueras de Roma, que incluyó un centro administrativo, donde fue tomando cuerpo el "archivo-biblioteca". Con el paso de los siglos, otros sitios también serían utilizados como archivos.

De todas maneras, el grueso del archivo permaneció en Letrán con toda probabilidad hasta el inicio del siglo XIII. Pero en el medio no faltaron saqueos (como el famoso de Roma de 1084), las luchas intestinas y las guerras o su simple deterioro -sobre todo de los papiros- que lo acotaron. El Papa Inocencio III (1198-1216) fue quien lo trasladó al Vaticano -donde levantó varias dependencias- y con quien se iniciaron sus registros. No faltaron traslados parciales del archivo y su mudanza a Aviñón, cuando los pontífices se establecieron allí desde 1309 hasta su vuelta a Roma en 1377. Huelga decir que todo esto también afectó el patrimonio documental. En el siglo siguiente, el Papa Sixto IV (1417-1484) fundó la Biblioteca Vaticana, destinándose una parte al archivo, si bien varios documentos fueron a parar al Castel Sant'Angelo. Otro saqueo de Roma, perpetrado en 1527, también lo afectó mucho. Finalmente, con Paulo V se crearía formalmente el 31 de enero de 1612 el Archivo Secreto, nombre que refiere a su administración por parte de los secretarios del Papa y no -como suele creerse- a un criterio de confidencialidad.

No obstante, una parte del archivo todavía quedaba en Aviñón. Y recién fue traído en 1783. Pero al comenzar el siglo XIX una nueva calamidad se abatiría sobre los documentos: su traslado a París, en 1810, junto con libros y obras de arte de la Santa Sede, por orden de Napoleón, tras invadir los territorios vaticanos. Por fortuna, el exilio duró poco: con la caída del imperio napoleónico, los archivos volvieron entre 1815 y 1817. El siglo XIX cerraría en lo que respecta a los archivos vaticanos con una decisión más que relevante de León XIII -un Papa que hizo mucho para acercar la Iglesia al mundo de la cultura-: abrirlos a la consulta de los investigadores. "Después de su apertura -subraya Terzo Natalini- el Archivo Secreto Vaticano se transformó en uno de los centros más importantes para las investigaciones históricas, dando lugar a centenares de libros y publicaciones". Actualmente, muchos estudiosos lo consultan, sin ser necesario para ello cumplir con requisitos muy exigentes. Pero la tarea es muchas veces farragosa y, por ello mismo, termina siendo en ciertos casos acotada.

Todo ello se simplificará dentro de una década. Y no sólo porque se accederá a través de Internet. Sino porque, según destaca el cardenal Mejía, la búsqueda se agilizará gracias a un moderno criterio de clasificación de los archivos. Por caso, para recorrer el copioso "archivo diplomático" con las cartas a los soberanos y todo tipo de comunicaciones que revelan el quehacer político de siglos. Más puntualmente se podrá acceder al "Dictatus Papae", el documento del siglo XI en el que Gregorio VII establece que "es lícito al Papa deponer a los emperadores". O a más joyas. Por ejemplo, el Vergilius Romanus, el manuscrito ilustrado del siglo V con obras de Virgilio. O a La Historia Secreta de Procopio, que data del siglo VI.

Mejía no descarta, incluso, que durante el minucioso trabajo de digitalización, al menearse la montaña de documentos, puedan surgir algunos "secretos", nuevos datos que aporten luz acerca de episodios de la historia. Una historia que en una década estará a sólo un click.

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