domingo, 22 de agosto de 2010

Un coleccionista dona a la Biblioteca Nacional 36 fonógrafos del siglo XIX

Guillermo Elías tiene 40 años y es fabricante de cilindros de cera. Entregará 15 mil discos de pasta hoy a las 19, en la Sala Jorge Luis Borges. "No quiero ser como esos que juntan cosas para que sus hijos las tiren a la basura", explica.
Un coleccionista de fonógrafos y discos de pasta donará hoy su tesoro a la Biblioteca Nacional en el marco de los festejos por su Bicentenario, y el de la Argentina. La institución, fundada por Mariano Moreno el 13 de septiembre de 1810, digitalizará además 26 cilindros con grabaciones que recordarán en la posteridad los festejos por el Bicentenario de la Revolución de Mayo y las colocará en su sitio web.

El almacenamiento de audios vive su propia revolución. Todo joven de 30 años puede declararse testigo presencial de dicho progreso. Los discos de pasta dieron paso al vinilo, que duró décadas, hasta que la irrupción del cassette y los discos compactos nos introdujeron en la era digital. Sin embargo, los primeros métodos de grabación datan de finales del siglo XIX y, como en cientos de inventos, Tomás Alva Edison fue su promotor.
El fonógrafo funciona con un sistema muy simple: una bocina que amplifica el sonido, una membrana que vibra con la voz humana o el instrumento a grabar, y que tiene adosada una aguja que incide con un surco en el cilindro y graba el sonido. Para reproducir el registro, sólo hay que conectar el cono en forma inversa y hacer girar el cilindro. Algunos tubos son de plástico pero logran menor fidelidad que los de cera.
Guillermo Elías es, hasta hoy, el principal coleccionista de fonógrafos en nuestro país. Su colección –que asciende a 36 aparatos y 15 mil discos de pasta– será parte del acervo de la Biblioteca Nacional.

Entre el material donado hay testimonios grabados con esta tecnología de la presidenta Cristina Fernández, el premio Nobel de la Paz, Adolfo Pérez Esquivel, la fundadora de Abuelas de Plaza de Mayo, Estela de Carlotto, el director de la Biblioteca Nacional, Horacio González, los historiadores Norberto Galasso y Osvaldo Bayer, el ex director de la Biblioteca Nacional y director de la escuela de bibliotecarios de la misma institución, José Edmundo Clemente, los músicos y compositores Atilio Stampone, Horacio Ferrer, Juan Carlos Saravia de Los Chalchaleros, el bandoneonista Raúl Garello, Ariel Petrocelli y Gerardo Macchi Falú y Eduardo Falú, los escritores Raúl Aráoz Anzoátegui y José Botelli, los actores Enrique Pinti, China Zorrilla y Oscar Rossi (personificando al ex presidente Juan Domingo Perón), el muralista Rodolfo Campodónico, el presidente de la Academia Porteña del Lunfardo, José Gobello, el fundador del Centro Kolla en Buenos Aires, Lucio Corimayo, y los descendientes de los próceres Diego Saavedra, Luis María Belgrano, Mario Passo y Martín Güemes.

El ideólogo del proyecto denominado Voces del Bicentenario −que se presentará hoy a las 19 horas en la Sala Borges de la Biblioteca Nacional− nació en Salta hace 40 años, es profesor de la Escuela de Bibliotecarios y único fabricante de cilindros de cera en Sudamérica. En diálogo con Tiempo Argentino, sostuvo que el fonógrafo es uno de los primeros inventos que promovió la globalización, y recordó los inicios de su pasatiempo.
"Empecé la colección a los seis años porque en el fondo de casa encontramos con mi hermano una especie de fonógrafo y él le hizo funcionar el motor. Con un cucurucho de papel, según como vimos en el diccionario, lo escuchábamos y como mi madre había desconectado la parte eléctrica para que no me electrocutara, con un dedo hacía girar el disco y con otra mano sujetaba el cucurucho. De una negación siempre surgen las cosas que te van a guiar a lo largo de toda tu vida", expresó.

−¿No te da pena desprenderte de la colección?
−Ahora tengo 40 años y me produce alegría donar esto porque yo no me quiero llevar nada a la tumba. Quiero socializar lo que tengo y no creo en la historia del coleccionista que junta las cosas para que se enmohezcan y después los hijos tiren todo a la basura. Hay que darle una utilidad y en mi caso es compartirla.

−¿Y qué opinas de la grabación digital?
−Se ha logrado tal perfección que escapa lo que normalmente oye el oído humano. Cada vez que grabo con estos aparatos me pongo en la piel de Edison y para mí es un nuevo descubrimiento. No puedo entender cómo con una técnica tan sencilla, el sonido quede estampado en el surco. A mí nunca me entró en la cabeza como funciona.

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