martes, 20 de julio de 2010

Las 48 leyes del poder (2009) / Robert Greene ; edición de Joost Elffers

En general, la sensación de no tener poder sobre la gente y los acontecimientos es insoportable para nosotros -cuando nos sentimos impotentes, nos sentimos abatidos-. Nadie quiere menos poder; todo el mundo quiere más. En el mundo de hoy, sin embargo, es peligrosos parecer demasiado ávido de poder, decir abiertamente lo que se va a hacer para obtenerlo. Tenemos que parecer justos y decentes.
Así que necesitamos ser sutiles: agradables, pero astutos; democráticos, pero arteros.


Este juego de duplicidad constante es lo más parecido a la dinámica del poder que existía en el mundo de intrigas de las viejas cortes aristocráticas. A lo largo de la historia, las cortes siempre se han formado en torno a la persona en el poder: el rey, la reina, el emperador, el líder. Los cortesanos que vivían en la corte estaban en una situación especialmente delicada: tenían que servir a sus patrones, pero si daban la impresión de ser unos aduladores, si intentaban ganarse el favor de éstos demasiado abiertamente, los otros cortesanos se daban cuenta y actuaban contra ellos. Tenían que ser sutiles, por lo tanto. Incluso los cortesanos más habilidosos, los más expertos en el arte de la sutileza, tenían que protegerse de sus compañeros, que siempre estaban intrigando para echarles a un lado.





Las 48 leyes del poder (2009), de Robert Greene, edición a cargo de Joost Elffers.



Fuente: http://bibliotecaetsitupm.wordpress.com/