miércoles, 21 de julio de 2010

El raro caso de la mujer tuneada (crónicas argentinas)

Extrañísima y muy fuerte es la irrupción de Ricardo Fort en el universo mediático.
Por todo lo metafórico que tiene y por lo nada metafórico que es.
La última de este personaje, que parece extraído del elenco de los de Batman -y rememora al Tío Pluto, el agrio potentado pariente de Donald- más que inscripto en el paisaje de lo real, es la de haber hecho un casting para conseguir novia.
Muy lejos de toda metáfora, el "juego" se trató de una adquisición lisa y llana . Y entre lo ofertado, Fort eligió a una chica de 20 años y vocación de modelo llamada Erika.
No conforme del todo con la indudable mujer-objeto, Fort decidió "tunearla" . Tunear significa en la jerga automovilística preparar un coche, modificándole la carrocería o/y la mecánica a gusto del usuario. 
Es lo que hizo Fort.
Concretada la operación, la mandó a operarse.
Coincidieron con la chica en que le faltaba algo de busto y, por 5.000 dólares que pagó el millonario, se agregó 410 gramos en los pectorales.
También le financió un cambio en el color del pelo y le agregó extensiones. Y le puso uñas postizas en las manos. Además, de su peculio, le cambió el look con unas cuantas y cuantiosas compras de ropa. La chica declaró, probablemente con razón: "Ricardo es el único hombre que cambió mi vida por completo".
Pero incluso se declara fascinada por la propuesta vital de Fort.
"El concepto de 'vivir a full' -dice Erika- es en todo sentido. El tiempo, la comida, la exposición...". No se entiende demasiado pero ella, al parecer sí, y es lo que cuenta.
Lo que impresiona del fenómeno Fort es su crudeza. Para el personaje -como para los pibes chorros y para muchos poderosos- el poder es dinero y el dinero, poder. Así de literal.No hay mediación, ni simbolización: la plata compra tanto personas como cosas.
Habría que ver si esa relación arcaica y grosera no desnuda, como metáfora, la forma prepotente que hoy asume el poder en nuestra sociedad.
Cuando bajó del monte Sinaí, Moisés vio cómo los judíos adoraban a un becerro de oro.Era el culto desembozado al poder del dinero.
Moisés lo destruyó hasta volverlo polvo y lo reemplazó por una simbolización sublime. Fort, en cambio, a lo cocido prefiere, por mucho, lo crudo. Es oro la totalidad ante la cual se rinde.
 
Fuente: