sábado, 15 de mayo de 2010

La clase media quiere su 17 de octubre [Sociología Política]



"El trauma peronista reapareció varias veces en la historia y todavía hoy la cultura argentina sigue surcada por las tensiones que él provoca", afirma con ironía el autor. Del 45 a Kirchner, una lectura polémica de la relación entre la clase media y el justicialismo La irrupción del "hecho maldito" del peronis­mo significó un trauma para buena parte de los argentinos, acostumbrados a ima­ginarse parte de una nación blanca, "decente" y europea. Pocos hechos lo grafican mejor que la manifestación del 17 de octubre de 1945, vivida por muchos como una verdadera invasión. Un grupo humano hasta entonces inadvertido plantó su presencia en el corazón de la ciudadela libe­ral. Sus patas refrescándose en la fuente le dieron la desmentida a aquella imagen hegemónica de la nación, que nunca pudo terminar de aceptar que las clases plebeyas pudieran ocupar un lugar central y visible en la alta política. La identidad de clase media nació en esos años: fue el modo en que mucha gente pudo diferenciarse de esos "negros" que ahora se pretendían protagonistas de la historia nacional.

El trauma peronista reapareció varias veces en la historia y todavía hoy la cultura argentina sigue surcada por las tensiones que él provoca.

Resuenan ecos de aquel trauma en el fasti­dio de parte de la opinión pública con el actual gobierno. Sus errores, abusos y malas políticas –que los tiene y muchos– con frecuencia apare­cen interpretados en una clave que remite a un pasado que no se cansa de reaparecer, incluso si el presente tiene poco que ver con los tiempos de Perón, mal que les pese tanto al gobierno como a sus enemigos. Acaso el malhumor de parte de la clase media con Kirchner tenga la misma inten­sidad que las esperanzas que despertó en ella al comienzo de su mandato, cuando prometió dejar atrás el horizonte político del peronismo a fuerza de "transversalidad".

El regreso posterior a las seguridades que ofre­cía el viejo justicialismo sin dudas marcó el inicio de un divorcio que, con todo el rencor de una pro­mesa incumplida, hoy parece irreparable. Ya en las elecciones de 2007 se notó el regreso de una retó­rica que remitía fuertemente a los años 40. Elisa Carrió insistió entonces en presentar un escenario de "civilización" amenazada por la "barbarie" pe­ronista, en el que la "clase media urbana" tenía la misión de "rescatar" a los pobres, según ella inca­paces de actuar con racionalidad ciudadana. Algu­nos partidarios del gobierno se preguntaron en ese momento si volvía a manifestarse un "gorilismo de la clase media".

Poco después, la distancia simbólica entre la "clase media" y la plebe peronista reaparecería de una manera menos paternalista y más agresiva. En las manifestaciones de apoyo a las patronales del campo de marzo de 2008 –como reconocieron incluso los diarios que simpatizaban con ellas – abundaron los insultos racistas contra "los negros" que apoyaban al gobierno. A medida que el conflic­to se fue profundizando, las partes en disputa ape­laron a todo un repertorio de referencias al pasado. Luis D'Elía, retomó los insultos en sentido positivo y se presentó como líder de los "negros" en lucha contra la "oligarquía" y el país "blanco".

El propio gobierno abundó en evocaciones a la Unión Democrática y también comparó el movi­miento opositor con la Revolución Libertadora. Pero el otro bando no se quedó atrás. Como para que quedara claro que sus cortes de ruta no eran iguales a los de los piqueteros, los empresarios rurales eligieron presentarse como "los gringos" (una sutil manera de dejar en claro que no se tra­taba de acciones como las de "los negros"). El pro­pio vicepresidente (hoy presidente) de la Sociedad Rural, Hugo Biolcatti, opinó por radio que el color de piel servía para distinguir la naturaleza opues­ta de ambos tipos de piquetes. El gobierno, por su parte, le advirtió a la clase media que sus "pre­juicios culturales" la estaban conduciendo, otra vez, a apoyar a la "oligarquía" y a olvidar que sus verdaderos intereses están del lado del pueblo. En palabras de Chacho Álvarez, volvieron a insistir con "el librito de Jauretche".

Lo más significativo de todo, sin embargo, fue la aparición de una curiosa imagen. Cuando el dirigente agrario Alfredo De Angeli fue breve­mente arrestado, la prensa opositora comparó su reencuentro con los manifestantes que lo espera­ban con la liberación de Perón en 1945. La imagen de un "17 de octubre de la clase media" fue insis­tentemente utilizada para describir el significado histórico de las grandes manifestaciones que apo­yaron a los empresarios rurales: la aparición de un nuevo sujeto social –una supuesta "clase media rural"– llamado a cambiar el curso de la historia. La alusión al 45 apareció también de un modo inconsciente cuando Mario Llambías, principal líder de las Confederaciones Rurales Argentinas, consideró "un zoológico" a las manifestaciones de apoyo al gobierno, que quedaban así asociadas al "aluvión zoológico" que, según la famosa frase acuñada por un dirigente radical, invadió Plaza de Mayo aquél año.

La curiosa la imagen de un 17 de octubre de la clase media expresa la fantasía de superar el hechizo plebeyo que dio a luz al justicialismo me­diante un acto igual, pero de sentido inverso. En otras palabras, el anhelo de que irrumpa un sector social que refuerce a la clase media, acabando así por fin con la anomalía peronista y restaurando de ese modo la jerarquía social indebidamente alterada en 1945. La reaparición de todos estos fantasmas del pasado sin dudas tiene mucho de farsesco.

Puede que, como pensaba Marx, la repetición de la historia primero como tragedia y luego como farsa sea signo de que una época histórica está que­dando finalmente atrás. Pero no hay dudas de que indica, también, que las oposiciones de clase que en el pasado se expresaron en la dicotomía peronis­mo/antiperonismo siguen insistiendo por debajo de la trama farsesca de la política actual.


Fuente: http://www.revistaenie.clarin.com/notas/2010/05/13/_-02195033.htm