En 2015, 3.500 millones de personas -la mitad de la humanidad- tendrán acceso a Internet. Nunca hubo una revolución tan grande en la libertad de comunicación y la libertad de expresión. Pero la tecnología moderna lleva a lo mejor y a lo peor. Sitios Web y blogs extremistas, racistas y difamatorios diseminan opiniones brutales en tiempo real. Han hecho de Internet un arma de guerra y odio. Yo no adhiero a la creencia ingenua de que cualquier tecnología nueva, por eficiente y potente que sea, está destinada por naturaleza a promover la libertad en todos los frentes. No obstante, las distorsiones son más la excepción que la regla. Internet es, por sobre todas las cosas, el medio más fantástico para derribar los muros y las fronteras que nos apartan. Para los pueblos oprimidos que han sido despojados de su derecho a expresarse y del derecho a elegir su futuro, Internet representa un poder más allá de sus esperanzas más disparatadas. En minutos, noticias e imágenes grabadas en un teléfono pueden difundirse a todo el mundo en el ciberespacio. Cada vez es más difícil ocultar una manifestación pública, un acto de represión o violación de los derechos humanos. De todos modos, la tentación de reprimir la libre expresión siempre está presente. El número de países que censuran a Internet, que controlan a los usuarios de la Web y los castigan por sus opiniones crece a un ritmo alarmante. Es posible usar Internet contra los ciudadanos. Puede ser una formidable herramienta para reunir inteligencia con el fin de detectar potenciales disidentes. Algunos regímenes ya están adquiriendo tecnología de vigilancia cada vez más sofisticada. Si todos aquellos que sienten apego por los derechos humanos y la democracia se negaran a comprometer sus principios y utilizaran Internet para defender la libertad de expresión, este tipo de represión sería mucho más difícil. No me refiero a la libertad absoluta que abre la puerta a abusos de todo tipo, sino a la libertad real, que se funda en el respeto de la dignidad y los derechos humanos. Por: Bernard Kouchner - Ministro de RR.EE. de FRANCIA Daniel Diaz Bibliotecario Argentino |
El alma de las bibliotecas y Centros de documentación es el bibliotecario/a. El ha sido y es, el nexo entre el saber aquilatado, conservado y organizado en las nobles arquitecturas y la comunidad. Tiene responsabilidades, objetivos y obligaciones…pero esa alma corpórea es merecedora de los derechos que como Trabajador de la Información le corresponden; Este es nuestro desafió profesional: Construír a partir de nuestra propia identidad una organización genuina para los Bibliotecarios
miércoles, 26 de mayo de 2010
Internet y Libertad de expresión
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